Contacto

Ponte en contacto conmigo: diariodeundramaanunciado@gmail.com

Sigue el blog por mail ¡y no te pierdas ni un sólo post!

jueves, 17 de abril de 2014

Ni soy uno de los hermanos Cohen ni Santa Teresa. ¿Recuerdas cuál es mi nombre?

Acabo de tener una iluminación fantástica.

Estoy en un proceso lento pero seguro que me llevará meses pero que estoy determinada a seguir y a seguir bien, que es lo importante, porque en el pasado lo he hecho muy mal.

La cosa es que cuando algo atenúa la felicidad pero el dolor es igual de intenso, no funciona. Si algo me anestesia, que me anestesie por completo, lo malo también. Pero si lo malo duele, entonces lo dejo porque esto no es lo que necesito y me niego a pasar a algo más hardcore. Yo me entiendo.

El caso es que hoy estaba bien, alegre. Sin razón aparente. Simplemente bien. Es decir, voy por el camino correcto. Si puedo sentir cosas buenas, es que empiezo a despertarme.

Y es en este despertar cuando me doy cuenta de que llevo como dos años viviendo como una buena samaritana porque no quiero vivir con rencor, hay que perdonar, hay que dejar el pasado atrás, hay que ser comprensivo y ponerse en el lugar de los demás, <<hay que, hay que>>.
Un carajo. No soy Santa Teresa, no tengo que nada. Lo que hago lo hago porque quiero y darle a cada persona el lugar que se merece y que se ha ganado en mi vida no es ser mala persona, es ser coherente.
Por eso quería iniciar este proceso, por la persona que era antes de que todo esto comenzase: alguien justo y coherente. No una santa.
Porque ¿quién me perdona a mí cuando he hecho algo mal o no lo he hecho? ¿Quién se pone en mi lugar? ¿Quién intenta comprenderme? Cinco personas contadas, de verdad, no es un número al azar, son cinco personas con nombre y apellido concreto, dos de las cuales leen este blog, ellas sabrán reconocerse si leen esta entrada.
Nadie más. Nadie busca justificaciones por mí, nadie me perdona ni un suspiro, nadie hace nada por mí ni reconoce lo que yo hago.
Y yo me acabo de dar cuenta de que llevo dos años buscando excusas para todo. Para todos. Menos para mí misma. La culpa siempre ha sido invariablemente mía. La culpa es mía por pensar, la culpa es mía por creer, la culpa es mía por confiar, la culpa es mía por el calentamiento global, yo maté a Kennedy, yo tengo la culpa de todo.
Pues no. Yo asumo las consecuencias de lo que digo o doy a entender y de mis actos. De lo que los demás dicen o hacen creer, que se responsabilicen ellos, si se han equivocado que pidan perdón como he hecho yo y si me han hecho daño que asuman su responsabilidad, ¿por qué va a ser todo culpa mía? ¿Es que le pongo una pistola en la sien a alguien para que diga o haga ciertas cosas?
No, cada uno hace y dice, juega, manipula y se comporta como quiere y ha de ser responsable de ello, si tú te estrellas con el coche la culpa no puede ser mía si no iba a volante ni tan siquiera iba contigo en el coche. Tú sabrás qué hiciste para estamparte y yo no tengo por qué justificarte, no soy tu abogado.

Estoy cansada de intentar entender y conciliar a todo el mundo, de darle mil oportunidades a todo el mundo... menos de intentar entenderme y conciliarme, de darme mil oportunidades a mí misma.

¿En qué clase de mundo he estado viviendo todo este tiempo? ¿Cómo es que he sido tan tonta y tan injusta conmigo misma?
Por eso quería La Pastilla Verde, para darme cuenta de estas cosas. Para dejar de ser la imbécil de solemnidad que he sido y volver a ser la persona fuerte, inteligente y coherente que era.
No quiero morir santa, quiero morir feliz.

Por supuesto esto no quita que si me piden perdón no perdone. SI ME PIDEN PERDÓN.
Si se corrigen comportamientos. Si se cambian las cosas y se empiezan a hacer bien.
No significa que vaya a convertirme en un monstruo de hierro inflexible y rencoroso, intransigente e inabordable. Significa simplemente que voy a dejar de perdonar al minuto siguiente de que me hayan hecho daño y me voy a echar todas las culpas a mí misma como si el comportamiento de segundos y terceros fuese cosa mía, algo con lo que yo opero. Yo me manejo con mi comportamiento, con el de nadie más, no tengo por qué asumir la responsabilidad de actos de otros que se afanan en hacerme daño una y mil veces. Mi única responsabilidad es dar una oportunidad más, todo el resto corre de cuenta de quien se aprovecha suciamente de ella. Punto.
Yo no tengo la culpa de que la gente no cambie.
No tengo la culpa de que la gente sea una decepción continua.
No tengo la culpa de lo que los demás hagan.
Sólo tengo la culpa de tener más paciencia de la que alguien se pueda merecer. Nada más. De ahí en adelante la pelota queda en el tejado de los demás.

Ese va a ser el reto y en eso he de centrarme: en asumir unicamente las consecuencias de mis actos, nunca las consecuencias ni la responsabilidad de los actos de los demás.

Me perdonaré y justificaré a mí misma antes de perdonar y justificar a otros.

Y me tomaré el tiempo que considere necesario para perdonar, aunque sean más de cinco minutos.

Pondré a cada persona en el lugar que se merezca y sacaré de mi vida sin remordimientos a quien piense que no se merece o no me compensa tener en ella sin sentirme mal por ello y sin buscar pretextos baratos para no ser drástica.

Primero iré yo y luego irán los demás. E irán en un orden muy concreto. No pondré a personas que no lo merezcan por delante de otras que se lo merecen todo.

Esta es mi vida.
Este es mi blog.
Aquí mando yo.
Tú puedes formar parte de mi vida.
Puedes comentar en mi blog.
Pero no es culpa mía que no te sepas comportar y te eche de mi vida.
No es culpa mía que no te sepas comportar y no te publique un comentario o te bloquee.
Yo no incito a nadie a portarse mal conmigo.
No provoco a nadie para que deje comentarios ofensivos.
Seguro que si te hablo del blog lo entiendes pero extrapolarlo a mi vida te cuesta más. Pues es lo mismo.
Quien quiera leer mi blog y comentar es bienvenido, la puerta de mi vida está siempre abierta. Pero tú y sólo tú eres responsable del contenido que escribes en los comentarios, tú y sólo tú eres responsable de lo que le aportas a mi vida, sea bueno o malo, proviene de ti, no me lo hago yo sola.

Así que no me siento mal por ser justa conmigo misma, no me siento mal por decir que estoy decepcionada o enfadada o asqueada, no me siento mal por quejarme por esto o por lo otro porque no lo he provocado yo y no tengo por tanto que achacarme la culpa de ello.

Yo soy responsable de mi vida y de mis actos, no de los tuyos.
Yo he de respetarme ante todo a mí misma, tú has de ganarte mi respeto.

Mi vida, mis normas .

Yo, Pastilla Verde.
Tú, fuera del sistema.

No hay comentarios:

Publicar un comentario