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miércoles, 19 de junio de 2013

No me preguntes por qué lo hago porque no tengo respuesta. O quizá no quiera responderte.

Ella me lo dijo: siempre hay opción.

Quizás le contaba que había pasado tal o cual historia y yo había reaccionado haciendo esto o aquello porque no tenía otra opción.
Entonces me lo dijo y eso fue algo que nunca olvidé: siempre hay opción. Incluso cuando creas que no la hay, te equivocas. La opción puede ser mejor o peor, pero estar, está.

Y eso me sirvió de mucho después. Cuando ocurría algo sobre lo que sentía que no tenía control ninguno recordaba sus palabras e intentaba buscar esa alternativa. Al final, siempre acabé encontrando alternativas.
No siempre fueron buenas, ojo. Pero el hecho de saber que existían me hacía respirar. He de reconocer que no siempre estuve muy acertada escogiendo mi opción pero con el tiempo mejoré -temporalmente- la técnica de elección de opciones.

Verás, te explico algo que seguramente no entiendas o no consigas extrapolar pero tampoco puedo hacer todo el trabajo yo.
Hace muchísimos años, en el colegio (bueno, lo que vosotros llamaríais instituto) me tocó leer un libro de un señor Italiano que por tener ascendencia Judía acabó en un campo de concentración. El señor no era creyente pero mira, eso resultó ser lo de menos.
El caso es que en este libro, Se questo è un uomo, (si esto es un hombre), este caballero que no es otro que Primo Levi, cuenta su experiencia en el campo de concentración.
Contaba que la higiene diaria era fundamental pues hasta los animales se lavan. Que sólo los muertos dejaban de lavarse. También que tenían que comer pues no podían dejarse morir, esto era supervivencia simple y llana. Dejarse morir en un campo de concentración no es tarea fácil, tienes a tíos con metralletas obligándote a vivir para que saques adelante el campo.
En aquél momento a Primo Levi le parecía no tener opciones: estaba prisionero y si no cumplía con las órdenes que le daban, terminaría muerto. Pero acabó por comprender que, en aquellas circunstancias, lo más probable que era que muriese de cualquier modo.
Y cuando asumió que la muerte era una constante en su vida (qué irónico) se dio cuenta de que sí tenía opciones. Comer o no. Lavarse o no. Hablar o no. Incluso tirarse contra el cableado eléctrico y que lo friesen a balazos o se electrocutase. O quizás las dos cosas.
Lo que te quiero decir es que, aún en la peor de las situaciones, puedes elegir.

Y te diré más. Te concedo el beneficio de la duda: supongamos que, en efecto, no tienes opciones. Que esto es lo que sucede y esto es lo que hay: se te cae el techo de la habitación encima mientras duermes.
Bien, con eso y con todo no has podido decidir si querías que te cayese el techo encima o no. Pero puedes elegir la actitud con la que afrontas las heridas y la hospitalización.
Y te concedo más aún, que es lo que me concedo a mí misma cuando algo me sale mal: una semana para lamentarme. Me doy una semana para estar lánguida, para darle vueltas al asunto, para revolcarme un poco por el fango. Pero al cabo del séptimo día, me pongo en pie.

Uno no puede dejarse llevar por las cosas que le ocurren, máxime cuando no tiene control sobre ellas.
Y no: levantarse, ir a trabajar, volver, tomar algo con los amigos, dormir y volver a empezar al día siguiente no me vale. Hablamos de superar las cosas, de afrontar la situación. De pararse a analizar lo ocurrido y tomar medidas. Que todo sufrimiento sirva siempre de algo.

Nadie te obliga a nada en la vida.
Si no quieres vivir, puedes matarte.
Si no quieres comer, puedes no hacerlo.
Si no quieres trabajar, puedes quedarte en casa.
Si no quieres pagar una hipoteca puedes vivir en la montaña, en la naturaleza.
Y así suma y sigue.
La rutina en la que uno se encierra es aquella que ha elegido él mismo: estudios, pareja, amigos. Nadie nos obliga a mantenernos en esa rutina, podemos romper con ella cuando queramos. Y créeme, tú aún estás a tiempo. Cuando uno tiene cincuenta años, hijos, hipoteca y facturas es más difícil. Pero aún así te garantizo que se puede.

De ahora en adelante de lo que se trata es de no mantenernos en rutinas que no nos llenan. A ver si me explico, tal y como están las cosas uno puede tener que conformarse con un trabajo que no le llene pero no con una pareja, unos amigos, una personalidad que no le llenan.

Hablando de lo cual, no me digas que uno es como es y no puede cambiar porque eso tampoco es cierto.
La forma de ser es un conjunto de ideas y convicciones (entre otras cosas, pero yo lo enfoco desde un punto de vista neurológico, no sociológico).
Las ideas (y por ende las convicciones) son conexiones neuronales. Y se pueden cambiar. Es posible desconectar un USB del puerto de un pc y conectarlo a otro. Y pc y USB siguen funcionando. Lo mismo pasa con las neuronas.
Cuanto más mayores nos hacemos, más difícil es cambiar, pues las dendritas (el aluminio que entra dentro de un puerto USB) se solidifican como si dejases un USB en un ordenador durante años expuestos ambos al sol, a la humedad, a que líquidos le cayesen encima etc: se oxidaría el aluminio y sería difícil sacar el USB del ordenador. Pero no imposible. Es más: sería más fácil cambiar una conexión neuronal que sacar un USB oxidado de un pc.
Así que sí, es posible cambiar de forma de ser pero para ello HAY QUE QUERER y hay que tener una fuerza de voluntad de hierro y no tirar la toalla a la primera de cambio (que nos conocemos).

A ver si puedo resumirte un poco toda esta parrafada:

1. Siempre existen opciones, sólo hay que DETENERSE un momento a ANALIZAR la situación y BUSCAR alternativas.
Cuando uno va a 300km/h por una carretera, dificilmente puede ver las indicaciones del camino. Para eso hay que RALENTIZAR un poco la marcha y MIRAR. Nunca las indicaciones saltaron de los paneles de las carreteras y se metieron directamente en la sesera del conductor: hay que estar atento y mirarlas.
Las soluciones no van a ir a buscarte a casa.

2. TÚ y nadie más que TÚ eliges la actitud con la que afrontas éxitos y fracasos. Y es normal que te afecten por un tiempo -limitado- pero en lugar de lamentarte lo que tienes que hacer es ASUMIR TU RESPONSABILIDAD y ELEGIR CON QUÉ ACTITUD Y QUÉ MEDIDAS VAS A ENFOCAR LO QUE TE HA OCURRIDO.
Suele ser de gente inteligente no hacer pagar a justos por pecadores y también no cometer dos (o doscientas) veces los mismos errores.

3. Si no te gusta tu forma de ser, CÁMBIALA.
Nadie nace de una manera y muere (de vejez) exactamente igual si no quiere. Yo misma he cambiado muchas cosas de mi forma de ser que no me gustaban y no fue tan difícil como parecía en un principio.
Sólo hay que saber que nos proponemos cambiar POR NUESTRO BIEN Y EL DE AQUELLOS QUE NOS RODEAN Y NOS QUIEREN y mantenernos firmes en nuestro propósito.

4. Y no lo había mencionado antes pero aquí va: no eres un ser excepcional. Me refiero a que no vienes de Júpiter, eres un ser humano más, con problemas de ser humano normal y corriente. De modo que escudarte en si estuvieras en mi lugar no es admisible. Ya he estado en tu lugar mil veces antes que tú. No creas que lo que te pasa es algo de otro mundo y si todos pudiéramos conseguir entenderte entonces quizás... No, de verdad, las cosas no son así. Todos hemos pasado por lo mismo que tú y, créeme, por cosas mucho peores.
Así que deja de pensar que nadie te comprende porque te comprendemos todos perfectamente.

5. Otra cosa que no había comentado antes: BUSCA AYUDA o al menos CONSEJO.
Y no vayas a buscarlo en gente de tu edad, te lo digo por experiencia. Y a ser posible, tampoco en tus padres.
Intenta comentar tus problemas o inquietudes con amigos, compañeros, etc., MAYORES que tú, pues han pasado chorrocientas veces por lo mismo que tú pero ANTES que tú, de modo que tienen una perspectiva distinta, más amplia, menos restrictiva y más simple que la tuya. Sabe más el Diablo por viejo que por Diablo.
Si eres residente de Neurología desde hace poco, lo sabio es que vayas a buscar a un neurólogo que lleve quinientos años ejerciendo porque habrá visto casos como el que te traen de cabeza mil millones de veces y podrá darte un porrón de consejos. Si vas a buscar opiniones de tu compañero de carrera... su experiencia y por tanto sus aportaciones serán muuucho más limitadas. Cuando no erróneas.

Y con esto y un bizcocho, a ver si se filtra también este post igual que se han filtrado otros.
Y lo que es más importante... a ver si entiendes algo de lo que te he intentado explicar... Y TE LO APLICAS. Que ya va siendo hora de dejar el pasado atrás... y de madurar.
Has de hacerlo POR TI, ni a mí, ni a tu familia, ni a tus amigos les va nada en ello. Es algo que sólo te concierne A TI. Es por TU bien, no por el de nadie más.

Cuando alguien te reprocha tu forma de ser y de proceder y te aconseja, no lo hace por tocarte las narices o en su propio beneficio (al menos no en mi caso, yo no soy nada tuyo, ni gano ni pierdo nada contigo, quizá tu familia o tu pareja o tus amigos sí lo hagan egoístamente pero, en serio, yo ¿por qué? ¿Qué más me da a mí cómo seas o dejes de ser tú? Piénsalo. Si me tomo el tiempo de decirte las cosas a la cara no es para enojarte ni hacerte sentir mal sino para que reflexiones un poco. Todos necesitamos, como dice Angelia Jolie en Inocencia Interrumpida, que nos aprieten las tuercas de vez en cuando para tomar conciencia de lo que no estamos haciendo bien y rectificar.
Y si te doy algún consejo, desde luego no es porque vaya a cambiar mi vida drasticamente, sino por tu bien.
Ya te lo he dicho: yo no gano ni pierdo nada contigo. Simplemente he estado donde tú estás ahora mucho antes y muchas más veces que tú y si en algo puedo ayudarte, lo haré.

Tú decides si TÚ quieres hacerlo POR TI.

viernes, 14 de junio de 2013

Why do all good things come to an end? Flames to dust.

Asco.
Decepción.

Eso es todo cuanto siento.
Si en algún momento llegué a quererte, nada queda de ese sentimiento.

No sería capaz de mirarte a la cara ahora mismo. Me daría asco.
Me daría asco que me rozaras, me daría asco tenerte delante, me daría asco tener que escucharte.
Me produces una repulsa como hacía tiempo que no sentía.

Asco.
Decepción.
Rabia.
Otra vez el devastador sentimiento de que he perdido precioso y valioso tiempo de mi vida en una mentira, en un gran engaño, una pantomima ridícula. Una cruel obra de teatro de la que nunca fui protagonista, sólo un títere más, movido por tus macabros hilos.

Cuántos recuerdos se han reducido a apestosas cenizas.
Cuántas creencias infundadas se han reducido a escombros.
Qué triste es haber perdido por completo la fe en ti.
En ocasiones conocemos a gente que hubiera sido mejor no dejar jamás entrar en nuestra vida.

Y lo más triste de todo es que sé que no aprenderás nada de todo esto, que la generosidad que te sigo mostrando se vuelve en mi contra con cada palabra que sale de algún pozo de lodo que me esfuerzo por convertir en agua clara.
Que algún día, quizás en el preciso instante en que lo hago, cada acto y cada palabra te hacen rechazarme más y más, tenerme más inquina y más rencor.

No tienes solución. Y yo... tampoco.