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lunes, 14 de enero de 2013

Be quiet.

Siempre eres capaz de hablarme de los demás. Sabes exactamente lo que los demás opinan, lo que los demás quieren, cómo son los demás. Pero cuando te pregunto por ti misma, te quedas callada. ¿Sabes algo de ti? Creo que te perdiste entre las capas. En un momento dado para protegerte, para no sufrir más, te fuiste poniendo capas y capas encima. La capa de la indiferencia, <<no me importa nada>>, la capa de la autosuficiencia, <<no necesito a nadie>>, la capa de la soledad, <<no quiero a nadie cerca, no quiero que nadie me conozca de verdad>>, y así una tras otra. Y al final ya no sabes dónde, entre todas esas capas, estás tú. No sabes nada de ti misma.

No, no sé nada de mí misma, ella tenía razón. No sé lo que soy, no sé lo que quiero, no sé qué clase de persona soy. No conozco nada de mí, ni una mínima parte de lo que soy.
Pero sí lo que no soy.
No soy fuerte.
No soy alegre.
No soy simple.
No soy fácil.
No soy vital.

Del resto, sé muy poco.
Algunos dirían que soy pesimista, que no es otra cosa que un optimista realista.
Soy fácil de asustar.
Fácil de cansar.
Fácil de alejar.
He perdido la fe en la raza humana.
Me cuesta un mundo confiar en alguien.
Soy introvertida.
No me gusta mostrar mis emociones ni mis sentimientos. No me gusta que nadie pueda leer en mí.
No espero nada, ni de la vida ni de nadie.
Soy reflexiva.
Impulsiva a veces.
Siempre tengo algo en la mente, nunca, nunca, nunca puedo dejarla en blanco. Nunca puedo dejar de pensar.
Soy agotadora, sobre todo para mí misma y quienes por fuerza tienen que sufrirme día a día.
No estoy hecha de colores, soy una escala de grises.
Soy un tornado a ratos, un fantasmas los más de ellos.
Soy mi peor enemiga pero completamente inofensiva para los demás.

Sea lo que sea lo que soy, no me parezco en nada al tipo de persona que alguien querría tener en su vida.
Aléjate de mí. Sé que al final tú tampoco podrás domarme. Sé que al final tú también me harás daño.