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viernes, 22 de noviembre de 2013

STOCKHOLM SYNDROME: And this is the last time I'll forget you.

Detesto profundamente a la gente a quién le gusta discutir durante horas.
Y a la gente desagradecida. Al tipo de gente que jamás recuerda nada bueno que hayas hecho por ellos, así les hayas bajado la misma luna, pero que no olvidan un agravio mientras vivan.

Lo genial llega cuando estos dos tipos de personas se encarnan en una sola. Oh Señor, para mí es lo peor que pueda existir, me recuerda a alguien que conocí años ha y de quién no quiero volver a saber nada en lo que me resta de vida así sean cien lustros.

Este tipo de gente no suele tener argumento alguno. Tú haces -o no haces- algo en un momento determinado y empieza una batería de reproches y de removida del pasado que no conoce fin.
Cancela todos los planes que tengas para ese día porque no vas a estar operativo, vas a emplear lo que te queda de día en discutir sobre lo presente y lo pasado, lo divino y lo humano.

A mí esto me marcó y pensé que siempre sería así en las relaciones humanas, hasta que conocí a mi posterior pareja.
La primera vez que nos separamos, al llegar él a casa de sus padres, me contó que había ocurrido algo que me hizo tanta gracia como un pellizco picante de los que dejan moretón. Tranquilamente le dije que ya podía ir cortando esa situación pero él se puso nervioso y me levantó la voz.
Yo le había explicado, el mismo día que empezamos a salir, que había ciertas cosas que no soportaba, entre ellas que me levanten la voz porque era algo que en su día me daba hasta miedo.
De modo que sin mediar palabra colgué el teléfono y lo apagué.
A las doce horas sonó el timbre y era mi pareja de nuevo en la ciudad para disculparse. Tienes razón, me dijiste que el tono de voz elevado es algo que no soportas y que te evoca miedo, no debí de alzar la voz.
Me sorprendió que se disculpase ya para empezar. No era algo a lo que yo estuviese acostumbrada. Pasado el asombro nos sentamos y pensé aquí vamos, preparada para diez horas de discusión sobre por qué levantó la voz, que tenía razón, que fue culpa mía, etc. 
Cuál no sería mi sorpresa cuando  simplemente nos sentamos y el chico se siguió disculpando, me abrazó y se deshizo en promesas de no volver a repetirlo. Y cambiamos de tema.
Me quedé alucinada, no intentó ni justificarse, ni echarme la culpa, ni estar horas dándole vueltas al tema. Sencillamente vino, se disculpó, prometió no volver a hacerlo y me abrazó toda la tarde.
Pero esto no se queda aquí. Yo también soy humana, meto la pata como la que más. Cuando lo hago me disculpo e intento explicar el por qué de mi reacción. Ya está, no importa, déjalo, fueron siempre sus palabras. Cuando le pregunté por qué se comportaba así su explicación me enamoró: puedo entender qué es lo que te lleva a comportarte de un modo u otro, no soy estúpido, me pongo tu lugar y te comprendo, ya está. Pasar horas dándole vueltas no es sano, simplemente yo intento ponerme en tu lugar, te comprendo, acepto tus disculpas porque tú sabes que has errado y ya está. El resto es machaqueo insano y yo te quiero y no quiero machacarte. Te comprendo, acepto tus disculpas y confío en que la próxima vez no te enfades, simplemente.
Pero ¿se puede ser más sano, más equilibrado y más inteligente? ¡Qué maravilla! No cupe en mí de gozo.

Porque veréis, os cuento.
Existe un tipo de persona que olvida con gran facilidad lo bueno que has hecho por ella, los detalles que has tenido, las veces que, con el alma en los pies, te has sorbido los mocos y has cogido el teléfono para preocuparte por ellos aunque tuvieses que tapar el auricular a ratos para que no te oyesen llorar. Pero ellos lo estaban pasando mal y tú los querías y no querías que sufrieran así que dejabas tu propio dolor de lado y estabas a su vera.
Tú has pasado por todo, te lo has echado todo a la espalda, si has tenido que llorar noches enteras lo has hecho sola, si te ha comido la pena, si has tenido el corazón en mil pedazos, eso sólo lo sabe tu almohada. Al día siguiente te has puesto en pie, has ensayado una sonrisa fingida frente al espejo y al ver a esa persona, se la has ofrecido con cuanta franqueza has podido meter en ella en lugar de tristeza. Porque en realidad tu corazón estaba en pedazos en tu interior. Pero querías ser fuerte y luchar, no querías darte por vencida.
Eso esta gente no lo tiene en cuenta.
Y puedo pasar por eso, ¿eh?, no importa,  me pongo el chubasquero y dejo que todo resbale: la decepción, la ingratitud, las lágrimas... ya me cansaré, pienso mientras me abrocho el chubasquero.
Pero por lo que no paso es por las discusiones de horas en las que, inevitablemente, llega un punto en el que te dicen algo que te hace hervir la sangre.
Y yo tengo problemas con ese momento. Siento que me sube una furia incontrolable por las tripas hacia arriba y que me arde la cabeza. Y me debato entre ir a casa de esa persona a darle una patada en las gónadas o tomarme un Valium con un Whisky doble y no acometer ningún asesinato.
No obstante, aunque obviamente la segunda opción parezca la más razonable, existe un problema. Este tipo de gente conflictiva no toma un silencio como un mira, te has pasado de la raya, me voy por no matarte, no. Se lo toman como un claro, como tengo razón, no sabe qué contestar,  he ganado, qué grande soy.
Pero mientras tanto ya te han soltado la mentira lapidaria y tú ya estás que te llevan los demonios, porque otra cosa que no soporto es la mentira. Tú y yo sabemos que mientes, ¿a qué juegas? ¿A quién quieres engañar a estas alturas de la película? Anda, calla, que tienes mucho por lo que callar.

A mí mi ex personaje solía decirme estás perdonada incluso antes de hacer el agravio porque te quiero y te lo perdonaría todo.
Suena idílico, ¿verdad? Espérate que ahora llega lo bueno: pero tus disculpas no me sirven de nada porque no te arrepientes de lo que has hecho, sólo quieres zanjar el tema.
O sea: ráscame la espalda, que no me pica.
Vamos a ver si nos aclaramos: ¿cómo no voy a lamentar haber molestado a alguien a quien amo y cómo no voy a querer hacer las paces de una vez? ¿Pensamos con la cabeza en lugar de con el pie, por favor?

Ejemplo práctico de proyección y estupidez en su máxima potencia:

- Te has acostado con Fulano, ¿cómo se te ocurre hacerme eso?

- Pero ¿¿¿qué dices??? ¿Para que voy yo a acostarme con Fulano ni Mengano si estoy enamorada hasta las cejas de ti?

- Porque me odias, para hacerme daño.

¿Con qué cara te quedas? Tú lo haces TODO, lo das TODO, te echas todo lo malo a la espalda para poder seguir adelante... y resulta que has mentido y has engañado por odio. Muy coherente todo. Precisamente porque te odio estoy aquí aguantando tu sarta de mentiras y regañinas, no es por amor, qué va, es porque te odio tanto que me divierte que me eches basura encima, es muy sano para mi mente, mi alma, mi espíritu, mi aura y mi todo. Esto los médicos te recomiendan hacerlo de tres a cuatro veces por semana, como el deporte, de sano que es y bien que se pasa soportándolo.

- Vamos a ver, cariño, yo no te odio, yo te amo, no digas tonterías.

- ¡No lo niegues, lo que deberías de hacer es estar pidiéndome perdón!

- Vale, vale, perdóname, por favor.

- No me valen tus perdones, no son sinceros, no te arrepientes de lo que has hecho y sólo me pides perdón para que te deje en paz.

¿¿¿En qué quedamos, alma de Satanás, te pido perdón o no te pido perdón???

- A ver, amor mío de mis entretelas, de  mi vida y de mi corazón, ¿cómo me voy a arrepentir de algo que no he hecho?

- ¿¿¿Entonces para qué me pides perdón???

- Contra, porque siento el sofoco que te estás llevado, siento que pienses que te he sido infiel, siento todo esto que está pasando.

- No me vale, no te arrepientes.

Aquí tú le intentas explicar durante dos o tres horas que no puedes arrepentirte de algo que no has hecho. Ante la falta de argumentos, mentira lapidaria sobre algo del pasado, rabia que te sube por los pies.
Cuánto más porque hace tres meses le explicaste, llorando, a esa persona, cómo fueron las cosas y cómo las hiciste y por qué no corriste a decirle lo que habías hecho, porque querías hacerlo bonito, montar una escena de película de Las Mil Y Una Noches y contarles todo lo que llevas dentro a la cara, con música de violines de fondo.
Como para que luego te escupan una mentira de antología a la cara.

Yo esas cosas no las soporto.
A mí si me reconoces y me tienes en cuenta las meteduras de pata, ya me puedes ir teniendo en cuenta el orgullo que me he comido mil veces, el dolor que he dejado aparcado mil veces, todo por seguir luchando por ti como podía, a veces con detalles, a veces con mensajes y como buenamente se me ha ocurrido según las circunstancias pero siempre a tu lado, SIEMPRE, incluso cuando no hemos estado en contacto estoy SEGURÍSIMA de que sabías que si me necesitabas podías acudir a mí porque yo JAMÁS quisiera que te pasara nada malo ni que sufrieses, aunque la que sufra tenga que ser yo.
A mí si me echas algo en cara, que sea verdad.
Si te faltan argumentos, a mi no me escupas MENTIRAS BARATAS a la cara porque DUELEN MUCHO y hacen mella en mí. ¿Cómo se puede tener la cara TAN DURA como para decir que no hice esto o aquello cuando hace nada, hecha un mar de lágrimas abrazada a ti, te conté lo que pasó? ¿Pero cómo se puede ser tan animal? Cuando encima quien no cumplió fuiste tú y sabes que lo sé de primera mano, por amigos, por conocidos, por familia y por implicados? Pero ¿a quién quieres engañar? ¿Se pueden tener las gónadas más grandes? ¿Se puede ser más dañino y más sucio? Por el amor de Dios, hombre, que me saquen eso ahora y que me lo saque esa persona en concreto, ME LLEVAN LOS DEMONIOS. Tú también tienes que disculparte por eso y por otras muchas mil cosas que has hecho y que los dos sabemos. ¿O acaso el daño que tú me has hecho no importa? ¿Cuándo me has pedido tú a mí perdón por todo lo que he sufrido? A ver, ¿cuándo?
No juegues conmigo a lo que juegas con los demás porque conmigo te has lucido tanto que, por desgracia, tengo material más que de sobra para cerrarte la boca. Vas a hablarme tú a mí de jugar a bandas o de sinceridad, ¡TÚ, A MÍ! ¡Ja! Es que me descarallo de la risa.

Pensé que nunca conocería a nadie como tú, hijo mío. Pero ya lo ves, la vida me ha demostrado que sí existen más personajes como tú. Sin duda A.y tú os lleváis la Palma De Oro, pero gente que le quiere dar la vuelta a todo para discutir durante eones, sí que hay mucha por el mundo, sí.
Con lo poquito que yo te echaba de menos y lo feliz que era lejos de tu locura y tu toxicidad. ¿No quieres caldo? ¡Toma tres tazas!

Pero no es lo mismo que las cosas te pasen con diecinueve años o con veintinueve. Diez años después una ya sabe recoger su maletita de ilusiones, desilusiones, esperanzas y desesperanzas, dolor y desencanto y marcharse. Porque cuando te digo que hay ciertas cosas que yo no las vuelvo a pasar por nadie en el mundo, te lo digo muy en serio.

Yo no soy el pito de ningún aprendiz de sereno.

Ya te acordarás de mí, ya.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Guess who's back in town! Your Shameless Warrior is back!!!

En realidad cuando te pregunté en qué momento dejé de ser la chica alegre y vital que conociste, te hice una pregunta retórica, ya viste que me contesté yo solita porque recuerdo muy bien en qué momento todo empezó a venírseme abajo.

Tú me guiaste para encontrar mi camino, ¿lo recuerdas? Aquella mañana de invierno en tu casa comprendí con meridiana claridad dónde estaba mi felicidad.
Pero me olvidé de que tan importante es saber a dónde quieres llegar como el camino por el cual quieres llegar. Y ahí fue donde me equivoqué.

Fue cuando puse los ovarios sobre la mesa, tú sabes que eso allí no estaba bien visto. Y yo me decepcioné al ver en manos de quién había puesto mi formación, una formación que era para mí, la más importante que habría de recibir en mi vida.

He tomado muchas decisiones precipitadas en mi vida, tanto en lo personal como en lo académico y lo profesional.
Por eso ahora siempre necesito tantísimo tiempo. Necesito tiempo para analizar todos los escenarios posibles, tiempo para conocer a mi equipo, para saber dónde me meto y con quién, qué puede hacerme la gente con la que me voy a relacionar, ¿pueden hacerme daño? ¿Van a estar siempre de mi lado? ¿Van a apoyar mis decisiones? ¿Serán sus críticas constructivas? ¿Puedo confiar en ellos?
Sí, tienes razón, me paraliza el miedo y no tiró ni palante ni patrás. Pero tengo tanto miedo de que algo salga mal, tengo tanto miedo a volver a sufrir, que supongo que es más fácil no moverse, deja menos lugar a sufrir.

Pero vuelves a tener razón, no puedo quedarme así toda la vida con una frustración enorme a mis espaldas y el miedo continuo a que algo salga mal, a que alguien me haga daño. Ya he esperado demasiado. Es hora de rearmarse y volver a salir al mundo, escudo en ristre.
Veremos lo que pasa, veremos si puedo echármelo todo a la espalda e ir a la mía o quizás incluso, caiga en un buen equipo y pueda volver a ser feliz con lo que hago aunque no ejerza mi vocación.

Sea como fuere, ya he empleado demasiado tiempo en tener miedo y en intentar protegerme. Siempre habrá gente que no me sepa comprender ni esperar, gente que me haga daño. Pero supongo que aún            tengo que hacerme más fuerte de lo que soy en ese sentido... y para eso como para todo en la vida, se necesita práctica. Yo ya tengo bastante pero veo que necesito más, de modo que me pondré la armadura y saldré a luchar. No me sentía tan mal cuando luchaba como ahora. Al menos cuando combatía, aunque sabía que tenía la batalla perdida, mi orgullo me mantenía en pie, el orgullo de no dejarles ver el daño que me hacían me devolvía allí a diario con la frente bien alta hasta el último día. No quería darles el gusto de retirarme sin hacer ruido y sin luchar con uñas y dientes, al menos en ese sentido tengo la conciencia bien tranquila, hice lo que tenía que hacer y el sentimiento de estar echándole  gónadas a todo aquello me hacía sentir bien. Las lágrimas en casa, nunca ante el enemigo.
Me sentía más valiosa entonces que ahora porque al menos no me daba por vencida. Ahora todo eso acabó pero no me siento mejor porque esta protectora inmovilidad me hace sentir débil. Qué curioso, ¿no?

De modo que Ironwoman ha vuelto a la ciudad y de ahora en adelante cuando al levantarme por las mañanas ponga un pie en el suelo, El Diablo volverá a decir ¡oño, que ya está ésta despierta! y Dios podrá igualmente decir ahí va una de las mías a intentar hacer el mundo un poco mejor.

Tiembla, Mundo, que mañana vuelvo a salir a comerte a bocaos. Mi letargo protector ha terminado.

Hora de volver a dar guerra.

jueves, 15 de agosto de 2013

But my knees were far too weak.

Como sé que la manera más rápida y efectiva de comunicarme contigo es esta, pues nunca falla decir algo malo sobre ti y que terceras personas te lo retransmitan, ahí va.

Te quejas de que Fulanita, Menganita y Perenganita te odian (no te odiamos, en realidad, sencillamente, nos cansamos de que siempre quieras a quien no tienes a tu lado, de tus cacaos mentales, de tus mentiras, de tus engaños, de dejarnos la piel por ti a cambio de nada, de tus broncas, tu mal humor, de tus líos, tu inmadurez y tu inestabilidad, del daño que nos haces, de ser juguetes en tus caprichosas manos, de no poder jamás confiar en ti, de tener siempre que tragar con tus exigencias, de no encontrarte nunca cuando te necesitamos y tener que estar siempre cuando nos necesitas y tantas y tantas otras cosas... y acabamos hasta el moño de ti).
Pero yo te pregunto: si tanta gente te "odia", ¿no será por algo? ¿No será, tal vez y sólo tal vez, que algo haces mal? Digo yo, eh.

Si quieres perderme, sabes lo que hacer.
Si quieres encontrarme, sabes donde estoy.


Adiós.


miércoles, 19 de junio de 2013

No me preguntes por qué lo hago porque no tengo respuesta. O quizá no quiera responderte.

Ella me lo dijo: siempre hay opción.

Quizás le contaba que había pasado tal o cual historia y yo había reaccionado haciendo esto o aquello porque no tenía otra opción.
Entonces me lo dijo y eso fue algo que nunca olvidé: siempre hay opción. Incluso cuando creas que no la hay, te equivocas. La opción puede ser mejor o peor, pero estar, está.

Y eso me sirvió de mucho después. Cuando ocurría algo sobre lo que sentía que no tenía control ninguno recordaba sus palabras e intentaba buscar esa alternativa. Al final, siempre acabé encontrando alternativas.
No siempre fueron buenas, ojo. Pero el hecho de saber que existían me hacía respirar. He de reconocer que no siempre estuve muy acertada escogiendo mi opción pero con el tiempo mejoré -temporalmente- la técnica de elección de opciones.

Verás, te explico algo que seguramente no entiendas o no consigas extrapolar pero tampoco puedo hacer todo el trabajo yo.
Hace muchísimos años, en el colegio (bueno, lo que vosotros llamaríais instituto) me tocó leer un libro de un señor Italiano que por tener ascendencia Judía acabó en un campo de concentración. El señor no era creyente pero mira, eso resultó ser lo de menos.
El caso es que en este libro, Se questo è un uomo, (si esto es un hombre), este caballero que no es otro que Primo Levi, cuenta su experiencia en el campo de concentración.
Contaba que la higiene diaria era fundamental pues hasta los animales se lavan. Que sólo los muertos dejaban de lavarse. También que tenían que comer pues no podían dejarse morir, esto era supervivencia simple y llana. Dejarse morir en un campo de concentración no es tarea fácil, tienes a tíos con metralletas obligándote a vivir para que saques adelante el campo.
En aquél momento a Primo Levi le parecía no tener opciones: estaba prisionero y si no cumplía con las órdenes que le daban, terminaría muerto. Pero acabó por comprender que, en aquellas circunstancias, lo más probable que era que muriese de cualquier modo.
Y cuando asumió que la muerte era una constante en su vida (qué irónico) se dio cuenta de que sí tenía opciones. Comer o no. Lavarse o no. Hablar o no. Incluso tirarse contra el cableado eléctrico y que lo friesen a balazos o se electrocutase. O quizás las dos cosas.
Lo que te quiero decir es que, aún en la peor de las situaciones, puedes elegir.

Y te diré más. Te concedo el beneficio de la duda: supongamos que, en efecto, no tienes opciones. Que esto es lo que sucede y esto es lo que hay: se te cae el techo de la habitación encima mientras duermes.
Bien, con eso y con todo no has podido decidir si querías que te cayese el techo encima o no. Pero puedes elegir la actitud con la que afrontas las heridas y la hospitalización.
Y te concedo más aún, que es lo que me concedo a mí misma cuando algo me sale mal: una semana para lamentarme. Me doy una semana para estar lánguida, para darle vueltas al asunto, para revolcarme un poco por el fango. Pero al cabo del séptimo día, me pongo en pie.

Uno no puede dejarse llevar por las cosas que le ocurren, máxime cuando no tiene control sobre ellas.
Y no: levantarse, ir a trabajar, volver, tomar algo con los amigos, dormir y volver a empezar al día siguiente no me vale. Hablamos de superar las cosas, de afrontar la situación. De pararse a analizar lo ocurrido y tomar medidas. Que todo sufrimiento sirva siempre de algo.

Nadie te obliga a nada en la vida.
Si no quieres vivir, puedes matarte.
Si no quieres comer, puedes no hacerlo.
Si no quieres trabajar, puedes quedarte en casa.
Si no quieres pagar una hipoteca puedes vivir en la montaña, en la naturaleza.
Y así suma y sigue.
La rutina en la que uno se encierra es aquella que ha elegido él mismo: estudios, pareja, amigos. Nadie nos obliga a mantenernos en esa rutina, podemos romper con ella cuando queramos. Y créeme, tú aún estás a tiempo. Cuando uno tiene cincuenta años, hijos, hipoteca y facturas es más difícil. Pero aún así te garantizo que se puede.

De ahora en adelante de lo que se trata es de no mantenernos en rutinas que no nos llenan. A ver si me explico, tal y como están las cosas uno puede tener que conformarse con un trabajo que no le llene pero no con una pareja, unos amigos, una personalidad que no le llenan.

Hablando de lo cual, no me digas que uno es como es y no puede cambiar porque eso tampoco es cierto.
La forma de ser es un conjunto de ideas y convicciones (entre otras cosas, pero yo lo enfoco desde un punto de vista neurológico, no sociológico).
Las ideas (y por ende las convicciones) son conexiones neuronales. Y se pueden cambiar. Es posible desconectar un USB del puerto de un pc y conectarlo a otro. Y pc y USB siguen funcionando. Lo mismo pasa con las neuronas.
Cuanto más mayores nos hacemos, más difícil es cambiar, pues las dendritas (el aluminio que entra dentro de un puerto USB) se solidifican como si dejases un USB en un ordenador durante años expuestos ambos al sol, a la humedad, a que líquidos le cayesen encima etc: se oxidaría el aluminio y sería difícil sacar el USB del ordenador. Pero no imposible. Es más: sería más fácil cambiar una conexión neuronal que sacar un USB oxidado de un pc.
Así que sí, es posible cambiar de forma de ser pero para ello HAY QUE QUERER y hay que tener una fuerza de voluntad de hierro y no tirar la toalla a la primera de cambio (que nos conocemos).

A ver si puedo resumirte un poco toda esta parrafada:

1. Siempre existen opciones, sólo hay que DETENERSE un momento a ANALIZAR la situación y BUSCAR alternativas.
Cuando uno va a 300km/h por una carretera, dificilmente puede ver las indicaciones del camino. Para eso hay que RALENTIZAR un poco la marcha y MIRAR. Nunca las indicaciones saltaron de los paneles de las carreteras y se metieron directamente en la sesera del conductor: hay que estar atento y mirarlas.
Las soluciones no van a ir a buscarte a casa.

2. TÚ y nadie más que TÚ eliges la actitud con la que afrontas éxitos y fracasos. Y es normal que te afecten por un tiempo -limitado- pero en lugar de lamentarte lo que tienes que hacer es ASUMIR TU RESPONSABILIDAD y ELEGIR CON QUÉ ACTITUD Y QUÉ MEDIDAS VAS A ENFOCAR LO QUE TE HA OCURRIDO.
Suele ser de gente inteligente no hacer pagar a justos por pecadores y también no cometer dos (o doscientas) veces los mismos errores.

3. Si no te gusta tu forma de ser, CÁMBIALA.
Nadie nace de una manera y muere (de vejez) exactamente igual si no quiere. Yo misma he cambiado muchas cosas de mi forma de ser que no me gustaban y no fue tan difícil como parecía en un principio.
Sólo hay que saber que nos proponemos cambiar POR NUESTRO BIEN Y EL DE AQUELLOS QUE NOS RODEAN Y NOS QUIEREN y mantenernos firmes en nuestro propósito.

4. Y no lo había mencionado antes pero aquí va: no eres un ser excepcional. Me refiero a que no vienes de Júpiter, eres un ser humano más, con problemas de ser humano normal y corriente. De modo que escudarte en si estuvieras en mi lugar no es admisible. Ya he estado en tu lugar mil veces antes que tú. No creas que lo que te pasa es algo de otro mundo y si todos pudiéramos conseguir entenderte entonces quizás... No, de verdad, las cosas no son así. Todos hemos pasado por lo mismo que tú y, créeme, por cosas mucho peores.
Así que deja de pensar que nadie te comprende porque te comprendemos todos perfectamente.

5. Otra cosa que no había comentado antes: BUSCA AYUDA o al menos CONSEJO.
Y no vayas a buscarlo en gente de tu edad, te lo digo por experiencia. Y a ser posible, tampoco en tus padres.
Intenta comentar tus problemas o inquietudes con amigos, compañeros, etc., MAYORES que tú, pues han pasado chorrocientas veces por lo mismo que tú pero ANTES que tú, de modo que tienen una perspectiva distinta, más amplia, menos restrictiva y más simple que la tuya. Sabe más el Diablo por viejo que por Diablo.
Si eres residente de Neurología desde hace poco, lo sabio es que vayas a buscar a un neurólogo que lleve quinientos años ejerciendo porque habrá visto casos como el que te traen de cabeza mil millones de veces y podrá darte un porrón de consejos. Si vas a buscar opiniones de tu compañero de carrera... su experiencia y por tanto sus aportaciones serán muuucho más limitadas. Cuando no erróneas.

Y con esto y un bizcocho, a ver si se filtra también este post igual que se han filtrado otros.
Y lo que es más importante... a ver si entiendes algo de lo que te he intentado explicar... Y TE LO APLICAS. Que ya va siendo hora de dejar el pasado atrás... y de madurar.
Has de hacerlo POR TI, ni a mí, ni a tu familia, ni a tus amigos les va nada en ello. Es algo que sólo te concierne A TI. Es por TU bien, no por el de nadie más.

Cuando alguien te reprocha tu forma de ser y de proceder y te aconseja, no lo hace por tocarte las narices o en su propio beneficio (al menos no en mi caso, yo no soy nada tuyo, ni gano ni pierdo nada contigo, quizá tu familia o tu pareja o tus amigos sí lo hagan egoístamente pero, en serio, yo ¿por qué? ¿Qué más me da a mí cómo seas o dejes de ser tú? Piénsalo. Si me tomo el tiempo de decirte las cosas a la cara no es para enojarte ni hacerte sentir mal sino para que reflexiones un poco. Todos necesitamos, como dice Angelia Jolie en Inocencia Interrumpida, que nos aprieten las tuercas de vez en cuando para tomar conciencia de lo que no estamos haciendo bien y rectificar.
Y si te doy algún consejo, desde luego no es porque vaya a cambiar mi vida drasticamente, sino por tu bien.
Ya te lo he dicho: yo no gano ni pierdo nada contigo. Simplemente he estado donde tú estás ahora mucho antes y muchas más veces que tú y si en algo puedo ayudarte, lo haré.

Tú decides si TÚ quieres hacerlo POR TI.

viernes, 14 de junio de 2013

Why do all good things come to an end? Flames to dust.

Asco.
Decepción.

Eso es todo cuanto siento.
Si en algún momento llegué a quererte, nada queda de ese sentimiento.

No sería capaz de mirarte a la cara ahora mismo. Me daría asco.
Me daría asco que me rozaras, me daría asco tenerte delante, me daría asco tener que escucharte.
Me produces una repulsa como hacía tiempo que no sentía.

Asco.
Decepción.
Rabia.
Otra vez el devastador sentimiento de que he perdido precioso y valioso tiempo de mi vida en una mentira, en un gran engaño, una pantomima ridícula. Una cruel obra de teatro de la que nunca fui protagonista, sólo un títere más, movido por tus macabros hilos.

Cuántos recuerdos se han reducido a apestosas cenizas.
Cuántas creencias infundadas se han reducido a escombros.
Qué triste es haber perdido por completo la fe en ti.
En ocasiones conocemos a gente que hubiera sido mejor no dejar jamás entrar en nuestra vida.

Y lo más triste de todo es que sé que no aprenderás nada de todo esto, que la generosidad que te sigo mostrando se vuelve en mi contra con cada palabra que sale de algún pozo de lodo que me esfuerzo por convertir en agua clara.
Que algún día, quizás en el preciso instante en que lo hago, cada acto y cada palabra te hacen rechazarme más y más, tenerme más inquina y más rencor.

No tienes solución. Y yo... tampoco.

jueves, 16 de mayo de 2013

Divina ¿comedia?

Nunca supo muy bien por qué motivo lo hizo. Sabe que simplemente se dejó llevar y lo hizo como atraída por una extraña fuerza que parecía emanar del mismísimo centro de la Tierra.
Y hasta él caminó, hasta el centro de la Tierra, allí donde Dante había colocado, no sin razón, El Infierno.
Aún en el Limbo, en la puerta de su casa, se preguntó a sí misma si estaba segura de querer entrar al lugar que ante ella se presentaba. Por toda respuesta obtuvo un paso adelante como si no quisiera responderse mentalmente a esa pregunta porque sabía que si lo hacía se giraría sobre sus talones y volvería a la paz de su hogar.
Pero se perdió en él, en sus cabellos que no eran más que el escondrijo enmarañado de los nueve círculos del Infierno, en él que al fin y al cabo era el Infierno en sí mismo.
Y cuando se hallaba en pleno centro de la Tierra, en pleno centro del Infierno, cuando él se despojó finalmente de sus disfraces y se mostró con su tridente y su rojo abrasador, con sus ojos inyectados en sangre y escuchó esa voz pesada y profunda en forma de ensordecedoras carcajadas... se preguntó cómo se había dejado arrastrar hasta allí y lo que era más importante: cómo conseguiría escapar.
Descender al centro del Infierno no había sido tarea fácil. Pero salir de él se le antojaba casi imposible desde cualquier punto de vista.
Provista con un mapa mental que se esforzó en trazar y tratando de ocultarse de él se propuso con férrea determinación desandar el camino y volver a salir a la superficie.
Sin embargo ella no sabía qué le aterraba más: si no poder escapar nunca jamás de allí o que él hiciera la vista gorda y la dejara marchar.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Shout, shout, let it all out, these are the things I can do without, c'mon, I'm talking to you.

No puedo dormir.
Prendo una vela mientras fumo un cigarro, no quiero encender luces y despertar a mi tía.
Fumo por caladas rápidas y espaciadas mientras el recuerdo de una noche de playa me martillea la cabeza.
Recuerdos, muchos recuerdos acuden en tropel a mi mente.
Reflexiones, preguntas sin respuesta.
La, igual que yo, olvidada ceniza del olvidado cigarro cae, igual que yo, sobre mi camiseta, sacándome de mi torbellino de tormentos.
Apago la vela.
Apago el cigarro.
Me apago yo misma, desplomándome sobre el sofá.
Ojalá pudiera apagar también mi mente y mi corazón.

miércoles, 6 de febrero de 2013

La Muerte Del Cisne Rojo (You will remember this day, baby).

Una palabra que no es esperas. Y de pronto, es el fin.
Alguien te agarra cada ventrículo del corazón hincando sus afiladas uñas en él, sientes como te desgarran el músculo, incrustándose muy dentro. Y tira de cada ventrículo en dirección opuesta desgarrándotelo, despedazándotelo por la mitad.
Sientes el desgarro, lento, progresivo. Cómo el latido se va haciendo más débil y comienza a faltarte el aire.
Boqueas intentando respirar como un pez fuera del agua mientras la sangre comienza a brotar profusamente y la carne se separa.
Dura unos minutos, unos minutos eternos.
Y después, el peso en la boca del estómago, el peso de tu corazón muerto, separado en dos pedazos, yaciendo tirado, sin vida, en la boca de tu estómago.
Es un dolor sordo. No puedes gritar. No puedes pedir que paren, no puedes articular palabra.
Así es la muerte, un desgarro, la falta de aliento, sentir que te mueres de dolor y de asfixia sin poder contárselo a nadie, sin poder defenderte, sin poder hacer nada.
Silencio.
Mareo por la falta de oxígeno.
Silencio.
Dolor, visión borrosa.
Silencio.
Lágrimas resbalando inopinadamente por las esquinas de tus ojos, calientes como hierro hirviendo, quemándote la piel de la cara, erosionándotela.
Silencio.
Temblor.
Arcadas.
Frío.
Silencio.
Mucho frío.
El temblor empieza a ceder.
Silencio.
Piel blanca, casi transparente como el cristal. Gélida.

Silencio.

Vacío.

Nada.

domingo, 3 de febrero de 2013

El síndrome del planeta, la vida, la época, el género y la especie equivocados.

Tengo tantas, tantísimas cosas en la cabeza que no puedo escribir sobre nada.

Tal vez si pudiera verbalizar todo esto, el cansancio, el estrés, la preocupación, las decepciones contínuas... tal vez podría sentirme mejor.

Pero es la misma historia de siempre, a veces con las mismas personas de siempre, a veces con otras nuevas. No tiene sentido repetir lo que ya está escrito:

- Amigos que resultaron no serlo
- Partes de ti, esfuerzos que has hecho, cosas que has dado en vano
- Gente que olvida muy rápido
- Exigir mucho y dar poco
- Una decepción tras otra...

Lo he dicho mil veces y me reitero: no puedo salir de mi burbuja, en cuanto pongo un pie fuera me hacen daño.

Always the same old story: soy diferente al resto de la gente. No soy -ni quiero ser- de este mundo.

lunes, 14 de enero de 2013

Be quiet.

Siempre eres capaz de hablarme de los demás. Sabes exactamente lo que los demás opinan, lo que los demás quieren, cómo son los demás. Pero cuando te pregunto por ti misma, te quedas callada. ¿Sabes algo de ti? Creo que te perdiste entre las capas. En un momento dado para protegerte, para no sufrir más, te fuiste poniendo capas y capas encima. La capa de la indiferencia, <<no me importa nada>>, la capa de la autosuficiencia, <<no necesito a nadie>>, la capa de la soledad, <<no quiero a nadie cerca, no quiero que nadie me conozca de verdad>>, y así una tras otra. Y al final ya no sabes dónde, entre todas esas capas, estás tú. No sabes nada de ti misma.

No, no sé nada de mí misma, ella tenía razón. No sé lo que soy, no sé lo que quiero, no sé qué clase de persona soy. No conozco nada de mí, ni una mínima parte de lo que soy.
Pero sí lo que no soy.
No soy fuerte.
No soy alegre.
No soy simple.
No soy fácil.
No soy vital.

Del resto, sé muy poco.
Algunos dirían que soy pesimista, que no es otra cosa que un optimista realista.
Soy fácil de asustar.
Fácil de cansar.
Fácil de alejar.
He perdido la fe en la raza humana.
Me cuesta un mundo confiar en alguien.
Soy introvertida.
No me gusta mostrar mis emociones ni mis sentimientos. No me gusta que nadie pueda leer en mí.
No espero nada, ni de la vida ni de nadie.
Soy reflexiva.
Impulsiva a veces.
Siempre tengo algo en la mente, nunca, nunca, nunca puedo dejarla en blanco. Nunca puedo dejar de pensar.
Soy agotadora, sobre todo para mí misma y quienes por fuerza tienen que sufrirme día a día.
No estoy hecha de colores, soy una escala de grises.
Soy un tornado a ratos, un fantasmas los más de ellos.
Soy mi peor enemiga pero completamente inofensiva para los demás.

Sea lo que sea lo que soy, no me parezco en nada al tipo de persona que alguien querría tener en su vida.
Aléjate de mí. Sé que al final tú tampoco podrás domarme. Sé que al final tú también me harás daño.