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domingo, 28 de octubre de 2012

Every night's dream: saving your life.

Yo es que, verás, no estoy pensando en nada ahora mismo.
No puedo pensar en nada.

Yo lo que quiero es besarte hasta que te duelan los labios, hasta que te sangren.
Quiero acariciarte hasta levantarte la piel, hasta que tengas el cuerpo en carne viva.
Quiero comerte entero desde dentro, empezando por tus entrañas, por lo más profundo, por lo que más duele.
Quiero meterme muy dentro de ti y dejarte mi veneno en la sangre, en cada célula, en cada pequeña y microscópica parte de ti, quiero estar yo.
Quiero que te veas a través de mis ojos, quiero que te sientas como te siento yo, que te quieras como yo te quiero.
Quiero que creas en ti igual que yo creo.
Quiero que estés firmemente convencido, tan convencido como yo lo estoy, de que te puedes salvar.
No quiero que te dejes morir por dentro, no quiero que cedas.

Yo, lo que de verdad quiero... es comerte el corazón a bocados.

jueves, 25 de octubre de 2012

Coge un golpe de viento y elevate. Vuela libre.

Mi amiga Nikki tiene desde hace muchos años una teoría muy acertada. Sostiene que una relación sentimental (o algo que se le parezca) es como hacer volar una cometa.
Hay una persona que sostiene el hilo de la cometa y una persona que es la cometa.
Obviamente quien tiene a la cometa tiene el poder.
A la cometa se la deja volar, no se la agobia. Se la deja esperar allí arriba, sola. No hace falta ni mirarla, casi ni sujetar su hilo, se puede dejar enganchada a algún contrapeso que haga que no se escape.
Cuando quieras que la cometa vuele hacia ti sólo has de dar un tirón muy fuerte y muy seco. Y la cometa vuelve a ti.

A esto Nikki le llama hacerle la cometa a alguien.

Tú crees que alguien pasa de ti pero simplemente está dejándote estar, en cuanto quiera tenerte pegará un tirón seco y fuerte y tú volverás a su lado hasta que quiera volver a alejarte de ella, hasta que suelte nuevamente el hilo que te sujeta y te mande de nuevo al cielo, allí arriba, sin nadie.

Él me hizo la cometa por muchos años. Me dejaba estar pero yo sabía que cuando tuviese ganas de divertirse conmigo, cuando necesitase hacerme daño para sentirse bien, tiraría bruscamente de mí y me devolvería a su lado.

Nikki me decía vuela, tía. Ya que eres una cometa, vuela. Mira el cielo, súrcalo, explóralo a ver qué hay.
Era un consejo sabio, sin duda. Lo que pasa es que la cometa no es libre, la cometa pende de un hilo que manejan otras manos. La cometa es un juguete, una diversión.
Nunca era libre. Sabía que él terminaría por volver a tirar de mí y volvería invariablemente al mismo coche, con la misma música, con el mismo perfume, escuchando la misma retahíla de puñales hechos palabras.

Hasta que decidí ser libre. No era él quien me tenía sujeta, era yo sola. La cometa puede coger un golpe de aire y tirar del hilo, puede tirar al suelo a quien la sujeta y escapar y volar, volar muy lejos.
Y eso hice yo, me escapé. Aproveché un golpe de viento a Francia y me escapé.

Yo he sido cometa, sé lo mucho que duele estar en un punto indefinido entre el suelo y el cielo, sola, pendiendo de un hilo que un crío caprichoso sujeta. Sé lo que duele.
Por eso nunca, nunca, nunca desde aquél día he tenido una cometa. No quiero hacer a nadie mi esclavo. Quiero que quien esté a mi lado lo esté mientras lo deseé, no porque yo lo sujete contra su voluntad.
Y también es una cuestión de orgullo, ¿por qué no?, quiero decir, ¿tan poco tengo que ofrecer que he de valerme de trucos sucios para que alguien permanezca a mi lado, no tengo nada que valga la pena para que se queden conmigo si no es por la fuerza?

No eres mi cometa.
No quiero cometas.
No quiero juguetes, entre otras cosas porque, como bien sabes, los juguetes hay que compartirlos y yo hay cosas que no quiero compartir, las quiero sólo para mí.
No eres mi juguete.

No eres nada mío, eres libre.

No voy a -rebajarme- a obligarte a quererme.

Eres libre.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Closer.

Te voy a explicar un par de cosas, que te veo confuso.

Algo empiezas a saber de mi vida. Muy, muy poco, pero algo. Como yo de la tuya.

Pero te diré que yo esto ya lo he vivido. Yo esta película ya la he visto y no termina bien.

A mí pulsitos, cabreitos tontos, toreos y demás... no. No porque yo todo eso ya lo pasé en su día y no lo vuelvo a pasar por nadie, NADIE.
Vamos, es que me meto a monja o me pego un tiro antes de repetir, fíjate lo que te digo: ME PEGO UN TIRO.

Yo hay chorradas que ya no estoy en condiciones de aguantar, porque no tengo veinte años en primer lugar, porque no va conmigo y porque ya lo he pasado.
Si era una experiencia que me tocaba vivir y de la cual tenía algo que aprender, lo he hecho. Lo he vivido, lo he sufrido, lo he llorado... y lo he dejado atrás porque casi me vuelvo loca de remate.
Casi termina conmigo, no te lo digo de broma.
Y no estoy dispuesta a pasar por eso NUNCA JAMÁS EN MI VIDA.

Ahora me tocan serenidad, cabalidad, cariño, facilidad, comprensión, buen rollo, calma.
Ahora toca pensar con la cabeza y darle a las cosas la importancia que tienen. Toca no dejarse llevar por los impulsos y hacer balance de las cosas.
Toca poner todo de tu parte y que la otra persona lo ponga todo de la suya para que una relación, del tipo que sea (amistad, amor, etc) sea lo más agradable posible.
Toca tener relaciones (insisto, del tipo que sean) que aporten cosas positivas: risas, complicidad, paz, seguridad, alegría.

No toca enfadarse por todo.
No toca encojonarse con algo y no dar tu brazo a torcer pase lo que pase, por tus santos cojones.
No tocar hacer siempre lo que tú quieras como tú quieras, así estés jugando con dos o tres o diez personas a la vez y le hagas daño a todas, porque tú siempre tienes que salirte con la tuya y sino te enfadas.
No toca comportarse como un crío caprichoso.

Toca pensar y razonar.
Ser comprensivo.
Ceder si es importante para la otra persona.
Toca ser conciliador.
Toca crecer y madurar y tomar decisiones.
Toca comportarse como un hombre.
Toca darle a la gente que te rodea razones para seguir a tu lado. Y hacerlo todos los días, no una vez al mes.

Porque de verdad, de verdad te lo digo, que al final se lía gorda si no lo hacemos así. Y leñe, que tú ya debería de saber todo esto, no debería de ser algo que te llegue de nuevas.

Hay gente que nunca aprende. Hay gente que repite los mismos errores una y otra vez así les cueste algo maravilloso, no les importa porque cualquier precio a pagar es siempre menor que el precio de su bendito orgullo.
Sospecho desde el minuto dos que tú eres de esa clase de gente.
Y sé, desde el minuto cero, que ese tipo de gente nada tiene que hacer conmigo. Que sus desaires y sus caprichos terminan por echarme tanto, tantísimo para atrás que me alejo cuanto puedo y más y no regreso nunca.

Eso me sucede contigo. Que me echas tanto para atrás practicamente cada vez que hablamos que se me quitan las ganas de hacerlo.
Que cuando lo hacemos siempre tengo las alarmas activas pensando a ver con qué me sale hoy, a ver cuál es el motivo de cabreo estúpido del día.
Y te repito que yo eso ya lo he vivido y no pienso repetirlo por nada ni nadie en el mundo.

De modo que voy a terminar de echarme atrás porque no me siento con ganas ni fuerzas de meterme en semejante berenjenal otra vez.

Ha sido un error.


miércoles, 10 de octubre de 2012

Con la esperanza de que muy pronto se repita y estemos todos los que somos :)

Hace muchos, muchos años que no describo una noche.
En realidad es harto complicado describir una concatenación de risas, de absurdeces y en suma, de felicidad.
Pero te prometí hacerlo y aunque tengo por costumbre no cumplir mis promesas jamás, lo cierto es que lo que prometo en esa familia he intentado siempre cumplirlo.

Supongo que las cosas comenzaron cuando, nada más soltar la maleta (miento, la maleta la subió El Supremo, yo subí unas bolsas de viaje) abrí la ventana y asomé el cabestrill (ya sabes, con resorte como el del ajapush) y te llamé.
Ahí Xana se puso a hacer la loca y como no salías decidí esperar recuperando el aliento y bebiendo algo. Respirar y no broncoaspirarse absurdamente siempre fue importante.

Al fin apareciste: ¡una queri siniestra!, me dijiste. Supongo que los pelos de Niña de The Ring a contraluz causaban ese efecto, sí.

Tras largas deliberaciones sobre qué cenar y hacer las camas, bajamos a por sendos kebabs poniéndonos al día de ciertos fúnebres acontecimientos.
Entonces ocurrió lo inenarrable, no son cosas que se deban de contar por aquí.

Charla y risa, risa y charla esperando la comida.

Volvimos a casa y empezó tu habitual abrume con los utensilios de cocina: un plato, luego otro, espérate que me faltan vasos, no sé si beber cerveza o vino...

Allí comenzamos con más pena que gloria a intentar comer el rollito, tarea sumamente complicada cuando no puedes cesar de reír incontroladamente y una perra loca sube y baja, eufórica, intentando cazar algo de lo que hay sobre la mesa.

Yo insistía en que estaba haciendo prácticas al meterme aquello en la boca, parecía que estuviese entrenándome para hacer un bukkake o algo parecido, los carrillos hinchados cual ardilla que se ha escondido cantidades ingentes de pipas en los mofletes para resistir al duro invierno. Salsa chorreando por las comisuras de la boca, un trozo de pepino colgando, las manos pringosas de un líquido blanco... y el móvil sonando, primero un novio, luego el otro, que parecen tener el don de la oportunidad.

En esas estábamos cuando El Moco llamó a la puerta y nos pilló concluyendo la debacle del exótico rollito.

Aquí empezó una sarta de lamentos sobre lo injusto que era que Xana que se comiese los restos: ella no sabe apreciar esa salsa, esa mezcla de texturas. Eso es, amigo mío, lo que tiene llegar siempre tarde, que te pierdes todo lo bueno... y llegas a lo malo.

Tras varias idas y venidas a la cocina (déjame a mí que lleve los platos, ¡ay querida, me abrumo, tú déjame a mí!) te presentas con una botella de un color verduzco, similar al de los productos de limpieza del hogar al aroma de pino.

El detalle es que el líquido de la muerte estaba congelado tras horas y horas olvidado en el congelador.
Las mentes se ponen en marcha intentando llegar a una solución hasta que finalmente la del baño maría resulta ser la elegida.
El Moco, con sumo cuidado, comienza a bañar a la botella con agua con cuidado, casi diría que con ternura, como se baña a un bebé recién nacido, con extrema delicadeza.
Por supuesto la maniobra resulta infructuosa por lo que pone la botella a cocer en una olla con agua.
Te retiras, nosotros vigilamos a la botella.

- ¿Qué es lo peor que puede pasar?, pregunto.

- Que explote, responde él como si nada.

En este punto El Moco pone la tapa de la olla delante de la botella ante mi atónita mirada.

- A ver, si estalla, mejor que nos dé la tapa en la cara a que nos salten cristales.

- Bueno, cierto es, si estalla y nos viene la tapa encima, pon la cara. A ti que te haga la rinoplastia y a mí la ortodoncia.

Tras unos minutos al fuego, parece que el brebaje ha alcanzado cierto estado líquido que lo convierte en bebible y nos damos por satisfechos.

Aquí empezamos a preparar El Zen y es que El Moco es muy de zen, él para estar cómodo necesita una superficie blandita sobre la que apalancarse y una vela, de ahí en adelante ya todo marcha sobre ruedas: se apagan las luces y se prende una vela blanca, el zen está con nosotros (y con nuestro espíritu).

Un alto en el camino para reparar en las flores secas que reposan sobre la mesita auxiliar blanca. Recuerdos. Tristeza, supongo. Te ordeno que te animes, no sé queri, no puedo, ¡hazme reír tú!Difícil hacer reír a alguien cuando no dispongo más que de unas flores secas y una pinza del pelo. Bueno, me disfrazaré de Martirio, por qué no. Flor en lo alto, gafas tipo Matrix y obviamente, una foto. S., ¡esto no lo subas al Facebook, eh, esto es pal' álbum familiar!. No te prometo nada por toda respuesta. Se mascaba la tragedia que al día siguiente se materializó en forma de infame foto en mi muro.

Finalmente nos dispusimos a brindar por la memoria de L., por él, esté donde esté.
Acercamos los vasitos a nuestros labios y un olor a mezcla de Clorhexidina y algún otro fármaco que no acierto a ubicar nos echa para atrás.

¡¡¡Puagh!!!, suelta El Moco, rompiendo el silencio y la solemnidad del momento. Obviamente, ataque de risa. Ese puagh fue la cosa más graciosa que he oído en meses. Fue de una espontaneidad y una seriedad que hacen que casi me asfixie de risa.
Así es El Moco, supongo. De pronto, sin mediar palabra, se levanta del sillón y sale al balcón, a que me dé el aire. Está callado y quieto y sin venir a cuento rompe el silencio con una sonora onomatopeya salida de lo más profundo de su alma.
Todavía recuerdo aquella primera tarde en el coche, camino de casa de A., cuando nos contabas que S. le había dicho a M. que eras una maravilla de mujer. El Moco, hasta entonces silencioso, se gira y tras mirarte de arriba a abajo espeta impasible: maravilla de mujer, ¿por qué no llevas el cinturón puesto?
Esas son las cosas suyas que nos encantan, supongo, esos puntazos.

- ¡Pobrecico! Tanto esfuerzo para bebérselo, se creía que iba a ser algo buenísimo ¡y se encuentra con esto...!, dijiste, no sin razón, por otro lado.


Intentamos en repetidas ocasiones dar un sorbo al brebaje así como acertar a dar a qué medicamento olía pero en cambio, El Moco sólo pudo mirar dónde se había fabricado el limpia suelos y sacar un nombre: Trinidad.

- Ya sabes S., mañana llamas a Trinidad y le preguntas si esto está malo o es que lo ha hecho así de repugnante a propósito.

Nadie era capaz de enfrentarse al líquido verduzco. Nadie salvo ella, que a nada le teme y a todo le ladra: Xana.

Inesperadamente trepa sobre el sofá y pasa de mis piernas a las de El Moco y comienza a lamer el contenido de su chupito.

Nuevamente ataque de risa, ¡nadie sino una perra loca podría beber semejante cosa!

No recuerdo qué ocurrió después, creo que nos fuimos.

Me decepciona narrar esto así pero las descripciones nunca fueron mi fuerte (creo que por culpa de Balzac) y dificilmente creo que se puede describir un sentimiento a través de unas pocas líneas. ¿Cómo describir la tranquilidad, la confianza, la felicidad, cómo describir.. a la familia? No creo que se pueda, al menos yo no.

Pero lo he intentado, con la esperanza de que al leer esto tus labios esbocen una sonrisilla y de que estos recuerdos te reconforten cuando te sientas sola, que el saber que momentos así volverán muy pronto a repetirse te mantenga en la brecha.

Ahora, una cosa sí te digo: los pastelazos, las peleas a Dan Up-azo limpio, los lavados de cabeza a media noche etc, los dejo para otro día...

... porque os tengo que confesar que no es narrarlos lo que me gusta. Lo que más me gusta de todo... es vivirlos.

Tiíca, primico.. GRACIAS. Os quiero.









martes, 9 de octubre de 2012

'El contenido del silencio', ¿sabes?

No digas nada. No me preguntes nada. Déjalo.
Nada de lo que digas ahora tendrá significado mañana.
Cuando me vaya, cuando ya no esté a treinta segundos de perderme en tus labios, haremos como si nada hubiese pasado nunca.
Valemos en tanto y en cuanto estamos a un simple roce de manos el uno del otro. Si nos separan más de diez centímetros de distancia, no somos nada, no existimos el uno para el otro.

Y esto yo ya lo sabía, ¿eh? Por eso no dije nada. Por eso no hice nada. Yo ya no estaba allí. No sentía nada.
Eso es lo que pasa cuando decepcionas a alguien a quien le importas: que esa persona se aleja y puede estar sentada entre tus piernas, recostada contra tu pecho mientras la rodeas con tus brazos.. pero en realidad su corazón está muy lejos del tuyo.

Lo sabía y sabía que volvería a pasar. Al contrario que tú, yo ya empiezo a conocerte un poco a ti.

No puedes decir nada que me haga volver. Porque me prometo firmemente aquí y ahora no volver a escuchar ni una sola palabra que salga de tu boca puesto que sé con qué fin la dices y no es precisamente muy noble.

Sólo podrías hacer algo. Allí donde las palabras no llegan han de intervenir los actos.

... Y yo sé que ni tú ni nadie movería jamás un dedo por mí. Siempre lo he tenido muy claro, yo no merezco tanto la pena.

lunes, 8 de octubre de 2012

Te lo tengo que decir.

Conocemos a gente al borde de un precipicio. Y lo que hagamos o digamos influirá en que esa persona esté mejor o peor. Controlamos eso.Tienes que prometerme algo. Si quieres a alguien, se lo dirás. Aunque tengas miedo de que no sea lo correcto, aunque tengas miedo de que decírselo arruine tu vida, se lo dirás. Y se lo dirás alto y claro. Y pase lo que pase entonces, empezarás desde ahí.

Vale, te lo diré. Aunque no sea lo correcto. Aunque tengo miedo de que decírtelo arruine mi vida. Te lo diré alto y claro y lo dejaré aquí escrito para que puedas leerlo cuando quieras.

Y pase lo que pase al decírtelo, empezaré desde ahí.

Te quiero.

martes, 2 de octubre de 2012

Todos los hombres morenos hacen daño.

Yo ya sé lo que pasa cuando dos personas a las que no es fácil querer se juntan. Y no es agradable.

Por eso tienes que perdonarme si me rindo, tienes que perdonarme si me doy por vencida y lo dejo todo estar, si vuelvo a mi burbuja y sigo con mi vida.
Yo no te lo tendré en cuenta a ti de modo que, por favor, tú a mí tampoco. Esto es lo que nos ha tocado y estoy cansada de luchar contra ello. Y de hacerlo sola.

No quiero revivir historias pasadas, quiero seguir con la que tengo. Con esa persona a la cual es fácil querer y que, a pesar de que yo no lo soy en absoluto, me quiere y está conmigo. Esa es la clave: está conmigo. Siento que está conmigo. Siento que lo tengo, que no estoy sola, que él está detrás de mí respaldándome por si lo necesito.

Cuando dos personas a las que no es fácil querer se juntan, se hacen daño, como dos erizos que intentan acercarse el uno al otro pero se clavan mutuamente las púas sin querer. Quieren estar cerca pero al acercarse se hacen daño.
Yo no quiero que me hagan daño, todo el daño que tenía que pasar a lo largo de mi vida ya lo he pasado, he pagado mi deuda, ahora no quiero intentar juntarme con alguien de mi misma especie. Necesito a alguien que no tenga púas y a quien las mías no le lastimen a mi lado.

Podría haberte querido muchísimo, podría haber sido la respuesta, podría, podría... podría haber sido mil cosas. Pero no ha sido.
Así que me repliego sobre mí misma y me alejo, vuelvo a mi guarida, vuelvo a casa, tengo la experiencia y la madurez suficientes como para no perder la cordura y hacer una estupidez, lo siento, de verdad, perdóname.

Pero yo ya sé lo que pasa cuando dos personas a las que no es fácil querer se juntan: que se destruyen. Y yo no quiero hacerte eso... ni que tú me lo hagas a mí.



lunes, 1 de octubre de 2012

Starting countdown.

Quisiera escribirte algo, algo bonito.

Verás, hace muchos, muchos años, ya casi diez, un hombre moreno cogió su guitarra y me cantó la canción que le había compuesto a su ex novia. Magnífico.
Yo siempre le reproché que a mí nunca me compuso ninguna canción. Supongo que, como él siempre se empeñaba en recordarme, yo no era digna de nada, mucho menos de algo tan especial como una canción.

Algunos años después le conté esto a mi amiga Nikki, que a mí nunca nadie me había escrito una canción ni un cuento. Entonces a los pocos días Nikki me mandó un documento, tu cuento, para que ya no puedas decir que nadie nunca te ha escrito nada.
Creo que Nikki nunca ha sabido cuánto significó aquello para mí. Algún día te lo agradeceré con un buffé libre y una jarra de Agua De Teya, Nikki.

El caso es que en aquella época mi vida era de todo menos bonita. El cuento que Nikki me había escrito, mi cuento, era esperanzador. Pero triste al mismo tiempo. Como mi vida, supongo.

Por otro lado el cuento de Nikki, salió -sospecho- más bien de la ternura y del compromiso de una amiga, eterna escritora, que de una inspiración real, del deseo de decirle algo a alguien que te importa mucho y que te ha marcado de por vida, de la necesidad de darle un pedazo de ti sobre sí mismo.

Así que no, nadie me ha dado nunca un pedacito suyo hecho cuento o canción.

Yo he escrito sobre mucha gente. Mano con la música no tengo, mal que me pese, pero he escrito sobre mucha gente que ha sido importante para mí. Les he dado un trocito mío hecho cuento, relato, carta, post, llámalo como quieras.
Sobre ti también he escrito, no te creas, está justo aquí, salpicas algunos de los posts que están más abajo.
Pero no he escrito para ti. Me pregunto si a ti te bastaría con que escribiese sobre ti y no para ti. Me pregunto si, al igual que a mí, te gustaría que te escribiese algo bonito.

Aunque he de confesarte que ahora mismo no puedo escribirte nada. Voy a tirar piedras sobre mi propio tejado, como decía mi profesor de T. D. L., pero hay sentimientos, hay momentos, hay lugares a donde las palabras no llegan. Y ahí es donde intervienen las miradas. Las caricias. Los abrazos. Y el silencio. Porque hay ocasiones en las cuales no hace falta hablar, ya sabes, enjoy the silence, y eso es lo hermoso: no necesitar decir nada.

Pero yo ahora mismo no puedo mirarte, ni acariciarte, ni abrazarte. Y además yo vivo de esto, de escribir, si no pudiese escribir habría reventado hace ya muchos años porque hay cosas que no puedo decir, que no puedo sacarme de dentro si no es escribiendo.

Me pregunto si alguna vez alguien te habrá escrito a ti un cuento o una canción.

Me pregunto si alguna vez tú podrías escribirme a mí un cuento o una canción.

Y lo que es peor: me pregunto si alguien, alguna vez, me escribirá un cuento o una canción antes de que me muera.

En el momento en el que estoy un dibujo me valdría también.


Sólo quiero un pedacito de alguien que no vaya a esfumarse con el tiempo, algo que vaya a perdurar. Letras, acordes, trazos, lo que sea.
Y lo quiero de ti.

Ese es, amigo mío, el problema.