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martes, 12 de junio de 2012

Just go f*ck yourselves.

Aceptar lo que siento, permitirme sentir lo que siento, no seguir enterrando las cosas que siento, dejarlas salir para poder superarlas.
Permitirme sentir lo que siento. De eso va la historia, ¿no?

Pues bien, estoy enfadada. Estoy muy, muy enfadada. De hecho estoy más que enfadada, estoy cabreada. Estoy infinitamente cabreada. Estoy tan, tan cabreada que quisiera ponerme a chillar y a decir burradas y ciscarme no ya en todo lo que se menea sino en todo lo que pueda potencialmente menearse.

Estoy triste. Tan triste que he llorado delante de una desconocida. Yo no suelo llorar delante de desconocidos, lloro delante de mi madre o de mi novio como mucho. Cuando lloro delante de alguien que no sea ellos es porque estoy condenadamente triste.

- Yo debería de estar ahí.

- ¿Deberías? ¿Por qué deberías? ¿Por qué esa exigencia contigo misma?

- Si es el léxico lo que te molesta, me gustaría estar ahí.

- Eso sí, te gustaría. Te gustaría muchísimo. Y eso lo entiendo. Entiendo que sea lo que más te gustase en el mundo. Pero no tendrías por qué estar ahí.

- Sí, si todo hubiera ido bien yo tendría que estar ahí.

- Pero no fue bien. No fue culpa tuya. No es culpa tuya, no te culpes a ti misma ni te exijas eso.

- Pero no es justo...

- No, no lo es. Pero la vida no es justa. Tienes que aceptarlo, tienes que asumirlo.


Pues no sé si me da a mí la gana de aceptar que la vida no es justa y de que hay muchísimo hijo de puta suelto por el mundo.
Lo aceptas ¿y qué? ¿No haces nada para que cambie? ¿Dejas que todo siga igual, que los cabrones de solemnidad se salgan con la suya? A mí eso me parece de cobardes. Es por tu bien, para que no sufras. Claro, para que no sufra yo cierro los ojos, me doy la vuelta y me voy y que sufran otros. Qué valiente. Qué ejemplar.
Que no me da la gana, que no es justo y las injusticias hay que denunciarlas e intentar cambiarlas. Tal vez cuando tenga setenta años y dos nietos pueda cerrar los ojos, tal vez esté demasiado cansada y sea demasiado tarde. Tal vez entonces no tenga energía, tal vez rendirme no sea la mejor opción sino la única.
Pero de momento soy el presente y el futuro del mundo, de la sociedad en la que vivo y no debo, no debo de poder huir como una cobarde.

Así que acepto lo que siento. Que estoy jodidamente cabreada y triste, que quisiera mandarlos a todos a la mierda, que quisiera decirle que no tiene dos dedos de frente y menos delicadeza que un cáctus, que se meta su mierda por donde la espalda pierde su nombre y se olvide de que existo.

Dejadme un ratito en paz. Unos días. Unas semanas, unos meses. No lo sé. Porque estoy muy cabreada y muy triste y sólo quiero quedarme aquí muy quieta y que me dejéis todos en paz. En serio, largaos todos al carajo.