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viernes, 25 de mayo de 2012

La República Bananera De Mis Santos Cojones.

Ayer me volvió a saltar a la cara un tema que me pone muy nerviosa: el de la verdad.

- Tú piensas y piensas, argumentas, razonas y razonas y razonas y le das vueltas intentando demostrar tu verdad.

Preferí dejarlo pasar porque no era el momento ni el lugar de perderse en pláticas filosóficas sobre qué es la verdad y si es un concepto subjetivo u objetivo.

Os daré un par de ejemplos de verdades objetivas y subjetivas.

1. Según el calendario Cristiano hoy es viernes día 25 de Mayo.
Esto es así y no hay más y si llama ahora mismo un fulano a mi puerta diciéndome que según el calendario Cristiano hoy es 3 de Julio, será mentira. En cualquier calendario Cristiano que miréis en el momento en el que yo escribo esto, hoy es viernes 25 de Mayo. Punto final.

2. El ordenador desde el que escribo es mío. No tiene mi nombre grabado pero es de mi propiedad puesto que yo lo compré, lo pagué y le doy uso y en ningún momento he cedido su propiedad a nadie.
De modo que si llama a mi puerta el fulano que dice que hoy es 3 de Julio y me dice que este ordenador es suyo, estará mintiendo de nuevo.

Estas son verdades objetivas. En el momento en que escribo estás líneas es día 25 de Mayo del 2012 y el ordenador desde el que escribo es de mi propiedad.
Si esto no os parece correcto, dejad un comentario y veréis, con una simple frase, como os convenzo.


1. - Mire caballero, le voy a hacer una cura un poco aparatosa, si le hago daño, avíseme.

- ¡Ay, me duele!

- Pues no he hecho más que empezar... dígame, en una escala del 1 al 10, ¿cuánto le duele?

- 8.

Bien. Puede que mi umbral para el dolor sea diferente del de este señor porque cada uno tenemos un umbral diferente para el dolor. Puede que yo dude de que lo que le estoy haciendo pueda ser un dolor de 8 en una escala del 1 al 10. Pero que al paciente le duele, eso es seguro. Y que si jura y perjura que el dolor es de 8/10, le está doliendo bastante.
Esto es una verdad subjetiva porque yo no tengo modo de demostrar que el dolor de este señor es 8/10 ni tengo forma de probar que debería de dolerle más o menos. La verdad para el paciente en ese momento es que le duele mucho y el hecho de que a mí no me duela nada no significa que el paciente mienta.


2. -¡Esta paella está súper rica!

- Qué dices, esto no es paella, es revuelto de arroz con trozos de pollo y pimiento, mira, el arroz está esgachao, no tiene suficiente azafrán, le han puesto maíz y la paella de verdad no lleva. Además le falta sal. Esto está malísimo, voy a pedir que nos lo cambien por otra cosa.

Bien, puede ser que el arroz esté esgachao, que la paella no deba de llevar maíz y que le falte azafrán. Pero eso no quita que a mí me pueda parecer que esté bueno y que no mienta cuando digo que me gusta. No por estar el plato mal cocinado tiene que ser mentira que me gusta y no por gustarme tiene necesariamente que estar bien hecho.

Esas son verdades subjetivas, como que el rosa es un color de niña, que los días grises son deprimentes etc. El color rosa puede ser ciertamente un color de niña para mí pero si busco la definición de rosa en el diccionario de la RAE (en cuanto a color, no en cuanto a flor), no encontraré: rosa, color de chica de la gama de... De hecho ni siquiera a mi pareja tiene por qué parecerle un color de chica, las connotaciones que una sociedad le asigne a cierto objeto / persona / clima etc no son verdades universales, son algo más complejo en lo que no me voy a meter ahora.

En cambio es una verdad objetiva que en este momento en el que escribo es viernes 25 de Mayo y tengo un mono de tabaco que no sé qué hacer para controlarlo.
Del mismo modo que es una verdad objetiva que llevo mis primeras 24 horas sin fumar.
Tengo signos y síntomas de mono (síndrome de abstinencia queda mejor pero estamos entre amigos), llevo 24 horas sin fumar y no 38 ni 16 y mañana a estas horas el mono real debería de estar a punto de terminar.

Que mañana a estas horas yo siga con ganas de fumar es otro tema que no tiene nada que ver con el síndrome de abstinencia físico, esa parte ya la habré superado. Mi cuerpo no necesitará fumar (ahora mismo sí lo necesita porque la falta de nicotina, sustancia adictiva a la cual yo lo había acostumbrado, lo está desestabilizando y me provoca una serie de síntomas que son tan reales como normales). Mi cuerpo habrá dejado de necesitar nicotina, el mono físico se habrá acabado, mi cuerpo empezará a acostumbrarse a no recibir más nicotina y a funcionar sin ella.
Mi cerebro en cambio seguirá asociando el tabaco a momento agradables (el piti de después de comer, de salir del cine, de salir de la ducha, el piti de antes de irme a la cama...) y me seguirá pidiendo que haga lo que al momento de turno le falta: echarme un piti.

Desacostumbrar al cerebro es un proceso mucho más largo y complicado que desacostumbrar al cuerpo, probablemente mañana a estas horas no me haya dado cuenta de que el mono físico ha terminado porque seguiré con el psicológico.

Pero lo cierto, diga Perico El De Los Palotes lo que diga, es que mi cuerpo ya no necesitará nicotina. Ya se habrá acostumbrado a funcionar sin ella. Por muchas ganas que yo tenga de enganchar un paquete entero y pulírmelo en diez minutos, por mucho que esté de mala uva, nerviosa, ansiosa etc... lo cierto es que ya no necesitaré fumar. Es una verdad objetiva, científica, demostrada. Y no hay más.

Por eso cuando ayer oí esas palabras, esa es tu verdad, de quien las oí, tuve ganas de pegarme un cabezazo contra la mesa.

La verdad es la que es: matar está mal, que sea aceptable y comprensible en caso de defensa propia no quita que no esté bien privar de la vida a otra persona.

Hay cosas que son aceptables, que son comprensibles, pero la verdad es que están mal, esa no es mi verdad ni la verdad del padre de Domingo Ortega, es la verdad a secas.

Si todo en esta vida es subjetivo, si no existen verdades absolutas, pilares robustos sobre los que sostenerse... ¿qué nos queda? Ya os lo digo yo: NADA.

Por eso sé que lo que alguna gente que he conocido y me ha rodeado me ha hecho está mal y esa es la verdad pura y dura, pueden intentar explicarlo, justificarlo y lo que buenamente quieran. Pero la verdad es la que es.

Cada uno no tiene, como se empeñan los programas de televisión en decir, su verdad, si Fulanita ha ido a contar que se ha acostado con Menganito que en aquella época estaba con Perenganita, eso está mal porque la intimidad de dos personas le pertenece única y exclusivamente a ellas y airearla por despecho, por dinero o por lo que sea, está mal, punto.
Y si hubo coito entre Funalita y Menganito, no es la verdad de Fulanita que se acostó con Menganito, es la verdad a secas. Si Menganito cuenta a la semana siguiente que no se acostó con Funalita, esa no es su verdad, es una mentira.

Cierto es que cada uno tiene su propio código moral, su propia escala de valores pero hay valores que deben de ser comunes, verdades que deben de ser verdades sin más y no la verdad de uno o la verdad de otro y debe de haber unas bases sobre las cuales asentar ciertas conductas. Porque vivimos en sociedad, y si no hay puntos en común, leyes para todos, verdades objetivas, valores que compartamos.. entonces esto es la guerra. Todos contra todos, cada uno puede hacer lo que se le venga en gana y llevarse por delante a quien quiera.
Y así es imposible vivir en sociedad.

No es una verdad relativa o subjetiva que mi libertad termina donde comienza la tuya porque si hago uso de mi libertad para lanzarte una piedra a la cabeza y poder matarte según la fuerza y el lugar del impacto, me he cargado tu libertad y tu derecho a la vida.

Porque libertad, derechos y obligaciones son tres conceptos que no pueden existir el uno sin el otro. Y es más, son tres conceptos que necesitan de una verdad objetiva para descansar.

Así que vamos a tratar de no ser todos tan individualistas porque cuando creéis que tal cosa es vuestra verdad, que estáis en vuestro derecho y en la libertad de hacer o decir cual cosa, estáis aislándoos, estáis arrinconándoos en la sociedad. Quien actúa siempre en base a sus propias apetencias y deseos y se pasa por el arco del triunfo la más que gran posibilidad de que puede hacerle daño a otro, se aisla, se va alejando de la sociedad y esta sociedad a su vez le va dando de lado porque esa persona es dañina para ella.
Para la sociedad en la que vivimos, por mucho que los medios de comunicación y empesas publicitarias se empeñen en hacernos creer lo contrario, lo saludable es que nos respetemos y apoyemos unos a otros.
Y por mucho que, nuevamente, medios y publicistas se empeñen en hacernos creer que con tal coche o cual pantalón seremos aceptados en la sociedad, me atrevería a decir que lo único que realmente necesitamos y deberíamos de necesitar para pertenecer a ella es compartir y respetar sus normas. Apoyar al que tengo al lado y no pensar sólo en mí mismo y en lo que yo quiero. Porque puede que cuando yo necesite al de al lado éste ya no esté. Ni él ni el resto de esa sociedad. Puede que entonces yo ya esté completamente fuera de ella. Y os daréis cuenta que vivir al margen de la sociedad, sin nadie que te eche una mano, sin ningún tipo de sentimiento de pertenencia tribal y sin ayudas algunas es harto complicado y doloroso.

Y volver a insertarse en la sociedad puede que lo sea todavía más. Puede incluso que no lo consigas nunca.


miércoles, 23 de mayo de 2012

Tetas.

Ayer mi amiga Midori me descubrió a cuento de mi post sobre los palos de las escobas el blog de Yael, A70, del que voy a intentar dejaros un enlace pero no prometo nada porque mi torpeza es legendaria.

En uno de sus posts Yael habla del tema de las tetas. Lo cierto es que yo había entrado ya en su Facebook y había visto la foto de la discordia y al verla lo primero que se me vino a la mente fue she's got some boobs! (tiene un buen par).
No fue en plan sucio ni criticón, fue más bien un perra, cámbiamelas.

Pero eso es ahora. Porque sin entrar en consideraciones del tipo de las que aborda Yael, el tema de las tetas da para mucho.

Yo tuve muy pronto. Creo que debí de ser la primera de la clase a quien le salieron puesto que también fui de las primeras en tener caderas y tener la menstruación, una maravilla.

En aquella época si hubiese visto las tetas de la discordia probablemente hubiera pensado que muy bonitas y que ojalá las tuviese así algún día. Algún día, no entonces.

Yo siempre fui de llevar brassière, algo así como la parte de arriba de un bañador de niña. Era algo que en Francia estaba muy de moda y como a mí me incomodaba que las camisetas me rozasen, acabé teniendo y llevando a diario unas cuantas.
Aquello sirvió en tanto y en cuanto tuve dos huevos fritos. Pecho de niña, de completamente plano a dos diminutas dunas en medio del pecho.

Cuando de repente se me aparecieron dos protuberancias tiesas y desafiantes en medio de la caja torácica, la cosa cambió. Me embutía en mis brassières como buenamente podía y seguía siendo feliz con ellas porque empezaron a oprimirme. Cómodo, lo que se dice cómodo, aquello no era. Pero me hacía feliz porque me aplastaba el pecho.

Un buen día mi madre entró en el baño cuando yo me estaba vistiendo y me pilló sin la camiseta pero con la brassière puesta. Horror, espanto. Discurso sobre lo malo que era para el pecho llevarlo así de apretado y aplastado y firme decisión de ir ese fin de semana a comprarme un sujetador.

- Pero yo no quiero un sujetador.

- ¿Cómo que no quieres un sujetador, por qué?

- Porque se notará que tengo tetas y no quiero.

No pasa nada, desfile de sujetadores reductores y deportivos y de camisetas y demás prendas de arriba diez tallas más grandes.

Creo que disimulé mi pecho bastante bien. El caso es que cuando tú tienes y el resto de niñas no, es un problema. Las demás quieren tener y como ellas no tienen y tú sí, eres una puta, como si tú misma hubieses decidido coger el hinchador de colchonetas de la playa, enchufártelo a la axila y comenzar a machacarlo con el pie. Lo de machacar es deformación profesional, no es que le estuviese haciendo la RCP al hinchador.

Después las demás iban teniendo un poco pero yo tenía mucho. Más o menos el mismo que ahora, que para mi edad está bien pero para una niña de doce años era una jartá.

La sorpresa llegó el día que una amiga mía me dijo que se había comprado un Wonderbra. Tócate el pie, de la época en la que estaban recién llegados a España y cada uno costaba un riñón. De la época en la cual yo lo hubiera dado todo por no tener tetas. En esa época, mi amiga quería tener. Incomprensible.

Con el paso de los años en la playa, la piscina etc me decían que tenía un pecho muy bonito. Mi madre no acababa de entender mi obsesión por los cuellos vueltos y las camisetas con nulo escote: algún día te arrepentirás y querrás usar toda la ropa que ahora no estás llevando pero será tarde porque se te habrá estropeado, ¡con la suerte que tienes ahora de tener el pecho tan mono, tan pequeño y en su sitio!
Obviamente no tenía catorce años cuando me dijo esto, que nadie se asuste.

Finalmente terminé por rendirme a la moda de los palabra de honor, los escotes en v etc. Pero discretitos, que yo rápido me veo excesiva. De hecho tengo dos bodys de encaje con un pronunciado escote en v desde hace tres años y estrené sólo uno de ellos hará un mes. A mi novio le encantó pero yo me veo muy folclórica. De hacer topless ni hablamos, claro.

No es que tenga un pecho enorme, no tengo ni mucho menos una talla cien, de hecho soy feliz con lo que tengo porque es suficiente para rellenar un poco una camiseta sin ser llamativo o incómodo. Pero prefiero que no me crezca, de ahí mi preocupación en el pasado post por el embarazo o la lactancia. Con los años el pecho crece, no es que a mí me haya crecido una barbaridad pero siendo como soy un poco pudorosa para el tema de los escotes prefiero que el mío se quede como está. Por ejemplo Yael tiene más pecho que yo y me gusta, lo tiene bonito. Pero es el tipo de cosa que me gusta en los demás pero no en mí, como cuando llega la moda de un tipo de prenda y piensas que a las demás les queda ideal pero a ti te sienta como a un Santo Cristo dos pistolas.
Los pechos de Yola Berrocal y compañía me horrorizan, eso también os lo digo. El pecho sea como sea lo prefiero natural, los pechos recauchutados me dan mucha grima y más sin son del tamaño de mi cabeza.

También hay que saber, en caso de quererse hacer un aumento o una reducción de pecho, escoger al cirujano. No todos los pechos operados quedan antiestéticos con un horrible canalillo (Canal de la Mancha) separándolos y dos neumáticos de coche de carreras a cada lado.

Sea como fuere hay amantes de los pechos pequeños (a mi novio por ejemplo le dan repelús los pechos-sandía), de los pechos grandes, de los mal operados (tenemos no pocos amigos que es ver dos ruedas de camión separadas por un prominente y huesudo canalillo y ponerse a tono, sea como sea la cara que se encuentra al norte, no reparan en ella porque están mirando a otros ojos).

Hay tetas, hombres y mujeres para todo. Ya os lo he dicho, el tema de las tetas da para mucho. Pero eso sí, tapaditas y lejos de la vista de nuestros machos, que tetas todas tenemos y es muy fácil ponerlas sobre la mesa pero sólo se las ponemos a nuestra pareja. Sea culpa de quien sea, venga de venga esta herencia, todas las mujeres tenemos unas y no necesitamos ver las de las demás. Y mucho menos que nuestros consortes las vean. Porque entonces ya pasamos de las tetas a una pelea de gatas y ese es otro tema.


martes, 22 de mayo de 2012

La paradoja del palo de la escoba.

Resulta esto ser que en mi penúltima carrera yo tenía un profesor desternillante. El típico profesor que ya no es precisamente joven, que ha visto mucho mundo, tiene un coco de oro y gran sentido del humor.
A menudo nos desviábamos del tema que estábamos tratando y terminábamos hablando de otras cosas.
Recuerdo el día en que acabamos hablando de modelos: oiga, ¿y puede alguien decirme por qué desfilan todas con cara de mala leche? ¡Parece que están cabreadísimas, entre la cara que ponen y las zancadas que dan parece que las obligan a desfilar y que es un suplicio! Y les contaré por qué están tan delgadas. Uno las ve a ellas, luego se prueba las prendas y se viene abajo. Pues esto es muy sencillo: cualquier prenda de ropa le queda mejor al palo de una escoba que a una persona. Se ve la prenda como es, la caída, el corte y todo esto, ya saben. Pero sin ropa pues obviamente siempre será mucho más hermosa una mujer que el palo de una escoba. Pero yo lo entiendo, ¿eh?, entiendo que para desfilar sean mejores los palos de las escobas. Pero en la vida real, créanme, ustedes no quieren ser el palo de una escoba.

Del día que nos soltó sin inmutarse no se engañen, el amor no es más que la excusa para follar mejor hablamos otro día.

El caso es que no es un secreto que a mí me encanta todo lo relacionado con la moda y la belleza.

Yo tuve unos años de gloria cuando dejé de ser un híbrido entre una niña y una mujer, encontré mi estilo, me cambió el cuerpo... Iba hecha un cromo, eso también os lo digo, porque la moda siempre ha hecho mucho daño. La moda y Britney Spears, Mari JLo y demás.

Luego, no hace tanto, llegaron los blogs de moda. Pibas sin curva alguna, delgadísimas, con piernas de tres metros y medio de largo, cabello rubio lacio o ligeramente ondulado y abundante por la rabadilla, enormes ojos claros y piel bronceada o de porcelana (vamos, pálida pero sin caer en el reblancor nuclear este mío, una cosa de muñeca de porcelana de colección, una pez pálida agradecida).

Al principio había cuatro a las que todas seguíamos. Yo pensaba que esas cuatro eran modelos y que claro, normal que estuviesen tan delgadas y tan fibrosas y apañás. Pero ahora hay chorrocientasmil. Das una patada a una piedra y salen dos millares, son legión. Y claro, sitio para mi culo brasileño -querida madre, te agradezco el eufemismo o el amago de piropo pero mi culo no es ni brasileño, mi culo es algo así como el de Kim Kardashian o JLo sólo que como no soy famosa ni llevo ropa de diseñador (ni Photoshop) no cotiza, más bien repugna- pues como que no hay.
Llevo ya un par de veranos que me cuesta soltar los vaqueros una barbaridad. Ya cuando hace un calor asfixiante y es cuestión de vida o muerte -por golpe de calor- me los cambio por un short.
Pero sufro. La piel blanca, blanquísima, la celulitis, la piel blandurria.. Oye yo no soy modelo y llevo una rutina bastante cargadita que no me permite hacer ocho horas de cardio-aerobic al día, que yo vivo de lo que estudio, no de mi cuerpo.
Pero claro, llevarse mal con el cuerpo de una pues es molesto porque no tienes otro, te ha tocado este y andando, algo habrá que hacer con él.

A esto se suma el acné, que no tuve ni con quince años y ahora, casi con el doble de edad, parezco una paella Alicantina. Quistecitos de estos que son como un grano que no llega a tener cabeza jamás, marcas de quistecitos anteriores, la piel grasa como una freidora de patatas del Mc Donald's. Un horror.

Y yo entre los granos y la baja forma física estoy pal arrastre. Que es que rezo para que suban las temperaturas pero a la vez pienso en abandonar los vaqueros y me entra ansiedad, me pongo a hiperventilar y bañada en un sudor gélido repugnante y lo paso fatal.

Total, que habrá que hacer algo porque yo así no puedo vivir, me miro en el espejo y mi cara parece parece tener quince años y mi cuerpo cuarenta. Ya no sé dónde quedé yo, con mi piel mixta de poritos dilatados pero sin granos. Y mi tripa remetía pa'dentro y mis caderas normales y mis piernas normales. Y de mi pecho pequeño ya ni hablamos, yo no quiero saber cómo se va a poner esto cuando yo tenga que lactar, se va a quedar Yola Berrocal a la altura del betún.
Vamos, que me miro al espejo y pienso que me han pegado el cambiazo, que quién es esa que me mira con esas ojeras tras tanto grano.

Si esto es así a las puertas de los treinta miedo me da la antesala de los cuarenta, empiezo a pensar seriamente que quizá sea la antesala de la consulta del cirujano plástico, la verdad, con su hilo musical y sus revistas de treinta páginas de publicidad de marcas carísimas por una de reportajes sobre vacaciones en islas desiertas (pero con habitaciones de hotel de 2500€ la noche) e ideas sobre qué llevarte en la maleta (de Louis Vuitton, of course) al viaje en cuestión (bañador de crochet negro de Dior, pamela de Prada, Hawaïanas en tonos flúor, sandalias con incrustaciones de Swarovski de Louboutin, maxi bolso de rafia de Miu Miu, maxi vestido tie-dye de Gucci, perfecto con tachuelas de Balmain y botincitos tobilleros de Isabel Marant en tono nude para combinar con los mini shorts vintage de Levi's, súper asequible al bolsillo de la mayoría de los mortales en estos tiempos de crísis todo ello).

De modo que algo hay que hacer. Yo de cremas no soy y tengo bastante poca fe en ellas más allá de su condición hidratante, al gimnasio no voy a ir porque lo sé y me conozco y si no voy ni diez minutos a matricularme como para ir tres veces por semana un par de horas, vamos es que ni aunque me pagasen, estoy segura conociendo lo perra que soy.
Así que no sé. Tendré que comprarme una bicicleta elíptica, unos steppers y una comba. De la cinta ya ni hablamos que los aparatos de cardio son carísimos y sólo con una bici y unos steppers decentes se te puede plantar la broma en mil €uros, que yo no sé si la bici elíptica te enseña geometría en el espacio mientras practicas o qué, habrá que mirarlo.

Pero yo quiero ser el palo de una escoba porque oiga ud., me siento discriminada entre tanta modelo de Victoria's Secret.

Ay mundo egoblogger, cuánto daño has hecho. Como a casi todo en mi vida, te odio más de lo que te quiero.

domingo, 20 de mayo de 2012

Claro que lo sabías. Lo sabías perfectamente.

Te lo dije. Está aquí escrito, unos cuántos posts más abajo. Te lo dije porque aunque fingí creerte sabía que no era ninguna broma. Te conozco. No había nada de broma en todo aquello.
Lo dejé pasar porque pensé que te darías cuenta de que habías metido la pata y te calmarías, que desecharías la idea cuando vieras que era peligroso.

Creí que sabías que yo valía la pena, que valía más la pena que un polvo. Como siempre contigo, me equivoqué.

Hablas de pensar en ti pero ¿cuándo no piensas tú en ti? Siempre lo haces. ¡Tengo taaantas ganas de verte...! Claro, tantas que si se presenta la ocasión de pillar cacho te olvidas de mí y prefieres ver qué cae.

Criticas a otras porque no ven más allá de su pareja y a ti te dan de lado pero cuando tú la tienes te olvidas del mundo entero y sólo estamos ahí cuando tu pareja hace planes sin contar contigo.

Yo siempre he sido el segundo plato, cuando no había nada mejor que hacer o cuando había que sonarte los mocos de la llantina entonces era cuando acudías a mí. ¿Crees que no me daba cuenta? Me daba cuenta yo y quienes me rodean y no pocas veces me lo han dicho, todos ellos.

Claro que me daba cuenta, de todo. Siempre. Pero lo dejaba pasar porque pensaba que algún día te darías cuenta y empezarías a hacer las cosas bien.

Pero tú nunca sabes hacer las cosas bien.

Siempre tienes la necesidad de sabotear todo lo que vale la pena en tu vida. Tu trabajo, las amigas más fieles, las relaciones más valiosas, siempre tienes que dinamitarlo todo por los aires.

Y yo me canso porque esta, bien lo sabes tú, no es ni la primera vez, ni la segunda, ni la tercera vez.

Siempre piensas en ti, en lo que tú quieres, en lo que a ti te apetece. Y a los demás nos pueden dar muchas y buenas.

Dime, ¿tan complicado y descabellado era lo que te pedía? Y sí sabías lo que iba a pasar, lo sabías muy bien pero aún así decidiste arriesgar. Si cuela, coló, que más da que pierda a la más paciente y fiel de mis amigas, me lo perdonará todo como siempre.


Gran error. La paciencia, ya deberías de saberlo, tiene un límite, incluso la mía. Puedo soportar muchas cosas, cosas que no me parecen bien, cosas que me dan mucha pena. Las dejo correr. Pero al final del camino el vaso se colma y desborda porque no conoces límites, nunca sabes hasta dónde no hay que llegar, lo que no hay que hacer, lo que no se puede ni se debe hacer. Y la gente se cansa. Todos los que te rodean se cansan y acaban por hacer su vida y más allá de un intercambio de mensajes o un café de vez en cuando no te dan más importancia en su vida porque saben que no lo vales.

Vuelta a empezar y esta vez es la última porque te has pasado veinte pueblos y no pienso quedarme sentada a esperar que el próximo en la lista sea mi novio.
No pienso quedarme sentada a esperar que encuentres nuevas y más hirientes formas de decepcionarme, de demostrarme que no aprecias nada, que no valoras nada, que tu egoísmo no conoce fin.

Sigue poniéndotelo todo por montera y pensando sólo en ti y más concretamente pensando con el coño, a ver qué tal te va en la vida.

Porque por otro lado, voy a contarte un secreto: tener coche y un trabajo no hacen de ti una persona maravillosa. No te hacen buena persona, ni humilde, ni simpática, ni generosa ni nada. Ni siquiera hacen de ti una persona común.
Desdeñas a los que no tenemos lo mismo que tú sin darte cuenta de que tenemos mucho más. O tal vez por eso nos odias en secreto y recoges nuestras migajas: porque tenemos mucho más de lo que tú podrás tener nunca. Cosas que no se compran con dinero como una carrera o un coche, eso cualquiera puede comprarlo. Las cosas que el dinero no compran son las que importan realmente. Y tú de esas ya no tienes ninguna.

lunes, 14 de mayo de 2012

Más tipos de pijo to come.

Tengo la tipología pijíl muy abandonada, debo meterle mano sin más dilación al Pijo Américano porque he estado viendo unos documentales sobre cirujanos plásticos de Beverly Hills y la cosa -si ya no lo tenía antes ahora menos-, no tiene desperdicio.

Además ultimamente en este blog todo han sido despotriques o pasteladas y creo que el pobre pide a mayúscula limpia (grito limpio fuera de la blogsfera) un poco de humor.

Lo dejaré para mañana que bajan las temperaturas que yo con el calor me acelero y estoy como muy efervescente ahora, voy a ponerme en agua a ver si me disuelvo y cumplo con mi función. O lo que es lo mismo, me voy a la ducha que tengo que ponerme en marcha.

Mañana más y espero que mejor... y sobre todo, ¡más divertido!

martes, 8 de mayo de 2012

Tú o Mi Ángel.

A veces me da la impresión de que en este blog escribo sobre cualquiera menos sobre ti.
Supongo que es porque te quiero proteger. Hace tiempo que desistí de hablar sobre ti porque las cosas valiosas hay que cuidarlas y mimarlas, hay que protegerlas de cualquier agresión externa. Las cosas valiosas no se exponen, como la pulsera de bellotitas de cristal que me regalaste. Para conservarla intacta la mantengo en su bolsita de terciopelo, dentro de su caja. De vez en cuando la saco y la miro y me quedo embobada contemplando los reflejos, los matices de la luz sobre el cristal. Y después la vuelvo a guardar porque me da miedo, bien lo sabes tú, ponérmela  y que alguna bellota se dañe, que se rompa, que se arañe.
Eso me pasa contigo. Guardo nuestras cosas con celo dentro de una bolsita de terciopelo, en su cajita a la vez dentro de un cajón y sólo las saco cuando estamos tú y yo.
Porque las cosas de pareja son eso, cosas de pareja. Cosas entre tú y yo que nadie puede entender porque las hemos creado nosotros con todo nuestro amor, con toda nuestra complicidad y nuestra ternura. Y son nuestras y de nadie más, esa es una de las cosas que las hace valiosas: que nadie más participa de ellas, sólo nosotros dos.

Una vez se lo intenté explicar a un amigo, lo nuestro era bonito porque era sólo nuestro, porque sólo él y yo sabíamos que existía y nadie más era partícipe de ello, era nuestro y sólo nuestro, nuestro secreto, nuestra historia, nuestro pequeño tesoro.

La magia de las relaciones la conforman esas pequeñas cosas que son sólo de dos, las bromas internas, los motes, las canciones...
Y yo esas cosas las tengo al abrigo de los demás porque sería una traición sacarlas a la galería y exponerlas. Es nuestra intimidad, sólo tuya y mía y así es como quiero que siga siendo.

Luego existe un problema y es que lo que yo siento por ti no se explica con palabras.
Podría coger mis dos volúmenes de la R.A.E y buscar por todas y cada una de sus palabras intentando encontrar las más exactas, las más apropiadas... y jamás conseguiría hilar dos frases ni dos libros que diesen con los sentimientos que yo experimento.

Si tuviera que resumirlo y simplificarlo supongo que empezaría por la gratitud.
Ahora, con el paso de los años, me doy cuenta de que no se debe amar a nadie si no tienes nada que agradecerle.
Yo a ti te lo debo todo, me devolviste a la vida el día que te conocí, como la canción aquella que tanto me gustaba años antes de conocerte, Bring me to life, Wake me up inside / Call my name and save me from the dark / Bid my blood to run / Before I come undone / Save me from the nothing I've become [...] Breath into me and make me real / Bring me to life.
¿Cómo explicar un nacimiento, especialmente cuando es el tuyo? Pues ya lo he hecho otras veces. Simplemente es como entrar en parada cardíaca sólo que no hay luz al final del túnel, no hay paz ni hay nada, hay oscuridad. Entonces sientes una descarga, una sacudida, algo te recorre el cuerpo entero y por primera vez en minutos (en mi caso fueron años) sientes algo. Te están desfibrilando. El equivalente a una desfibrilación en mi caso fue el momento en el que me giré y te vi sonreír. Boom, sacudida, trescientos y pico voltios directos al corazón, ida y vuelta por todo el cuerpo.
Paradojicamente después de abrir los ojos fue cuando vi la luz. Tu rostro. El sentimiento de paz, de tranquilidad, de amor infinito.
El corazón se ha vuelto a poner en marcha, boom-boom, boom-boom, boom-boom, pulso, sangre disparada por todo el cuerpo, aluvión de hormonas y reacciones químicas en cadena. Suena aterrador y en realidad dudo que haya habido otro momento de mayor serenidad en mi vida.

Y de ahí en adelante sólo amor, sólo delicadeza, risas, proyectos, besos, abrazos, carcajadas, sólo dulzura, luz. Nunca más oscuridad, nunca más desesperación, sólo una luz muy brillante pero que no daña a los ojos, calidez, seguridad.

No puedo escribir sobre ti porque por mucho que se pueda escribir sobre los ángeles nadie sabe cómo son ni lo que se siente al tenerlos cerca hasta que no le ha ocurrido. Puedo describirte, puedo describir la paz, el amor, la ternura.. pero se queda corto porque lo que tú me das va mucho más allá de las palabras, de un post o puede que incluso, de una vida.
Sólo yo sé lo que es tenerte a mi lado porque sólo yo tengo la dicha infinita de tenerte en mi vida, de poder alargar mi bracito cortito y coger tu mano.

Y esa es precisamente la belleza de todo esto, amor mío. Que tú eres sólo mío y no tengo que compartirte con nadie. Que tú estás hecho a mi medida, que tú me complementas, que nunca me dejas sola, que no eres de nadie más.
Que tú eres para mí y yo soy para ti y todo lo que quede fuera de ti y de mí, todos los que no sean tú y yo jamás entenderán lo que nosotros hemos construido, nuestra fortaleza, nuestro refugio, nuestro secreto. Nuestro amor.

sábado, 5 de mayo de 2012

Yo no soy un juguete ni La Dama De Hierro.

Yo pensaba que había dos cosas que no soportaba: la mentira y la traición (que aunque puedan parecer lo mismo no siempre van de la mano). Hoy me doy cuenta de que hay una tercera cosa que detesto: ser una tirita.

Supongo que a todos nos ha pasado pero a mí me cansa que me suceda y me cansa e incluso me llega a enfurecer no aprender de ello.

Ahora mismo sé que lo que siento se pasará, siempre se ha pasado.

Verás, yo tenía a mi ex metido hasta el tuétano. Me corría por las venas, veía por sus ojos, mi corazón latía al vaivén de su voz. Lo adoraba. Lo quise tanto, tanto que creí firmemente que jamás, por mucho tiempo que pasase, dejaría de quererlo. Pensaba que podría perdonárselo todo porque no me quedaba más remedio: le quería y cualquier cosa que hiciese, por terrible que fuese, jamás llegaría a destruir aquél amor que sentía por él por mucho empeño que yo pudiese poner en liberarme de ese sentimiento.
Me sentía como un boomerang, podía irme, podía irme muy lejos, incluso podía ser él quien de un manotazo brutal me mandase a años luz de distancia. Podía tardar meses, años en encontrar el camino de vuelta. Pero como al boomerang, una fuerza superior a mí me atraía hacia él como un imán. Él era el principio y el fin: todo empezaba y terminaba en él, mi vida era un círculo cuyo centro era él y nunca avanzaba porque siempre, pasara lo que pasase, invariablemente terminaba con mi vida suspendida en sus manos, como el cigarro que sujetaba levemente entre sus labios. Bastaba que él abriese la boca para dejarnos caer pero tarde o temprano volveríamos a aquella cueva oscura y húmeda porque mi destino, igual que cualquiera que el de aquellos cigarros, era terminar allí. Había nacido e iba a morir por y para estar entre sus labios.

Lo que se me había pasado por alto es que yo no era un cigarro. Pequeño detalle a tener en cuenta.
Yo era una persona, con un corazón, unos sentimientos, unos deseos. Y era una persona joven, muy joven, una niña todavía a quien le faltaba convertirse en chica y después en mujer. Errorcillo de cálculo, supongo.

Así que al final la niña se cansó de no sólo no tener juguetes sino de ser ella misma el juguete, se levantó y no volvió nunca más a jugar a aquella casa porque ella nunca allí nunca podía jugar y si su anfitrión por algún acto de enorme generosidad la dejaba jugar un ratito, ella nunca ganaba.

El resto de la historia ya lo conoces. Que hasta hoy. Que sí, que lo quise muchísimo y esto y aquello pero la paciencia tiene un límite y la imbecilidad transitoria es, a Dios gracias, eso: transitoria.


Unos años antes de aquello perdí a la consideraba mi mejor amiga. Mi otro yo. Mi hermana adoptiva.
Aquella amiga que lo sabe todo de ti, a la que no hace falta que le cuentes nada porque antes de que tú abras la boca ella ya lo sabe.
La amiga que por mal que se pongan las cosas siempre sabe reconfortarte y sacarte una sonrisa, una carcajada sincera.
La quería muchísimo. Hubiera hecho cualquier cosa por ella. Lo último que quería y menos en aquél momento era perderla. Porque yo ya había perdido demasiado entonces como para perder también a mi hermana. Lo único que yo creía que me quedaba en aquél momento era ella.
Pero ella se cansó, no me entendía y se hartó de no comprender lo que me estaba pasando y montó en cólera y se fue. Y a mí aquello me hizo mucho, muchísimo daño, así que intenté devolvérselo para ver si así entendía lo mucho que me había dolido perderla.
Obviamente no entendió un carajo y aquello fue el punto y final definitivo.
Lo pasé muy mal durante años. Echaba de menos a mi amiga, a mi hermana. Sus bromas. Su risa. Su forma de dejarme la habitación empantanadísima en cuanto entraba en ella. Las noches de mentiras y líos, las madrugadas de risas. Los gabinetes de crísis poniéndonos cerdas a comer cualquier cosa que hubiese en la nevera. Todo, lo echa de menos todo.
Al final, por estas maravillas de las redes sociales nos volvimos a encontrar. Hablamos de lo pasado y de que eso era, pasado. Que éramos muy jóvenes y no nos habíamos entendido la una a la otra pero que las dos sabíamos que lo que la otra había hecho no lo había hecho con mala intención sino porque las situaciones, la suya y la mía, nos habían sobrepasado.

- ¿Vas a quedar con ella?, me preguntó otra amiga.

- Ahora mismo no, más que nada porque no vive en la ciudad. Pero de no ser así tampoco lo sé. No quiero sentarme delante de ella como hice mil millones de veces en el pasado y no reconocerla. Ver a una extraña en vez de a mi amiga. No quiero eso, me moriría de pena.

Eso es lo que pasa, ¿sabes? Que llega un momento en el cual ha pasado tanto tiempo que la relación es insalvable, que ya nunca volverá a ser lo que fue.

Y no quería que eso me pasara contigo sin embargo sé que me pasará. Me pasó con dos pedazos de mí misma: mi amor y mi hermana, ¿cómo no va a pasarme contigo?
Me olvidaré de ti igual que de ellos, me olvidaré y no serás nada, no quedará nada de ti, de lo que un día fuimos, de lo que un día no hace tanto vivimos, compartimos durante tantas horas, tantos días, tantos..

Pero dejando esto de lado está el tema de las soluciones provisionales. Los amigos de paso. Los amigos puente. Las tiritas de toda la vida, vaya.

Esto me ha pasado otras tantas veces. Persona perdida en medio se su vida, rechazada, fuera de lugar, que no sabe dónde ir ni qué hacer y allí estoy yo. Y bueno, ya que ella se presta tomemos lo que tiene que dar.
Durante meses, años, succionáis cuanto tengo y más. Mi tiempo, mi cariño, mi amor. Y a veces más.
Y cuando llega la pareja de turno, el grupito nuevo de amigos, a mí que me den.
Ya no hay tiempo para quedar conmigo, no hay respuesta a los sms, no hay nada. Vacío absoluto: 'ya no te necesito, nena'.

¿Y yo qué? ¿Y si yo sí te necesito a ti? ¿Dónde quedan las confidencias, las horas de charlas, de risas, de sueños compartidos? ¿Los yo siempre estaré aquí, yo nunca me iré, a mí no vas a perderme? Eh, ¿dónde están ahora? ¿Cuántas veces me prometiste que no iba a perderte, por Dios Santo, cuántas, cuantísimas?
Y ¿dónde queda eso ahora? ¿Dónde quedo YO ahora? ¿Qué pasa conmigo ahora? ¿Qué va a ser de mí?

Prometéis en vano. Soltáis una retahíla de palabrería barata que en ningún momento vais a cumplir, ¿por qué? ¿Por qué a todo el mundo le es tan fácil mentirme a la cara, prometer y prometer sin tener la menor intención de cumplir nada?

Y lo que es peor, ¿tan poco valgo yo? ¿Tan poco valgo como para que queráis mantenerme en vuestras vidas? ¿Tan poco os di? ¿Qué fue lo que os faltó? ¿Qué es lo que necesitabais que yo no os supe dar?

¿Por qué nadie, nadie, nadie, nunca me ha querido lo suficiente como para cumplir las promesas, para luchar por mí, por mantenerme en su vida? ¿Qué es lo que hago mal?

¿Eso soy yo, una solución provisional, un albergue? Yo quiero ser La Solución, quiero ser un hogar. No quiero ser transitoria. Quiero ser importante, imprescindible.

Quiero tener valor, ser valiosa. Pero no lo consigo, nunca le importo lo suficiente a nadie como para no hacerme daño y no entiendo por qué.

Más de lo que os doy no puedo dar. Más de lo que os quise no os pude querer. Lo hice todo, todo lo que estaba en mi mano, todo lo que creía que necesitabais, todo lo que se me ocurría, todo lo que estaba al alcance de mi mano, todo lo que me pedíais. ¿Qué os faltó?

Y... ¿qué me falta a mí para ser una constante en la vida de una persona, para ser imprescindible, para que no queráis perderme nunca? ¿Qué es lo que hago mal?

¿Cuántas veces más me va a tocar pasar este dolor?

No importa porque sé que, igual que antes, se pasará. Pero mientras se pasa duele y mucho. Y cuando a mí algo me duele así ya no tiene arreglo porque una vez pasado el dolor, el mal trago, las preguntas, las lágrimas, es del género gilipollas volver a meterse en el mismo fregao otra vez porque quien te la hace una vez te la hará mil.

Y yo quiero aprender. Quiero aprender de esto y volver a mí burbuja protectora lejos del alcance de vampiros emocionales disfrazados de amigos (no tenéis ni idea de lo que significa esa palabra).

Quiero que sea la última vez que esto me pasa. No pienso permitir nunca más que nadie me use como un vibrador y que cuando encuentre otro modelo u otro amante que le guste más se olvide de mí. Yo no soy un kleenex, un vibrador, una animadora de fiestas, una ONG. Soy una persona y aunque es difícil hacerme daño, coño, por el amor de Dios, tengo sentimientos y estoy harta de que me los trituren.

Yo también necesito que alguien cuide de mí, que alguien me seque a mí las lágrimas. El problema es que en mí no es algo transitorio, no cambio de sentimientos como de bragas.

Vosotros sí, siempre lo supe. Culpa mía. Eso es lo que más me fastidia, que me mentisteis, me dijisteis que siempre estaríais ahí para mí, que nunca os perdería y era mentira pero yo me esforcé siempre por creerlo y aunque sabía, sabía y sabía que era mentira... cerré los ojos con todas mis fuerzas y deseé creérmelo.

Y quiero que sea la última vez que esto me pasa. No quiero que nadie vuelva, nunca más a jugar conmigo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Lo siento, tenía que decirlo.

Desayunaba yo cuando eran las 8:30 de esta mañana, leyendo un artículo de mi amiga Nikki sobre prostitución.
Parafraseándola, si de algo entiende Nikki en esta vida, es de putas.
Pero no es la única que entiende, yo entiendo menos que ella en lo que a Chueca y tal se refiere pero de putas también sé un rato. Pasa que ella entiende de las que cobran en dinero, yo de esas conozco menos.
Pero no por no cobrar en cash una es menos puta, no os creáis. Putas hay en la calle Montera y en el Barrio De Salamanca. Y en vuestro círculo de amistades seguro que también.

Hay quien presta un servicio sexual y cobra por ello: las prostitutas que tan mal vistas están.
Hay quienes, en cambio, no prestan un servicio, se venden. A cambio de dinero unas veces (la señora que pega un braguetazo no presta un servicio, se vende, hipoteca su vida), de un trabajo otras, de un poco de autoestima, de placer, de venganza.. Hay muchas formas de prostitución.

Yo misma me he prostituido, a cambio de afecto porque yo de siempre he sido como muy romántica pero a venderte por un abrazo o similares también se le puede llamar prostitución, no cobras en dinero pero algo es algo, cobras en lo que necesitas y yo no era dinero lo que necesitaba.

El problema, como siempre, es hasta dónde estás dispuesto a llegar. Por pagarte el tren de vida que llevas, el chute de esta noche, el polvo de mañana, lo que sea. A quién estás dispuesto a traicionar para conseguir lo que necesitas.

Yo no soy precisamente un ejemplo en este sentido pero sí hay algo por lo que nunca hubiera pasado: por la amistad. Yo podía traicionar a mucha gente para obtener lo que necesitaba pero no a un amigo.
A mí sí me vendieron amigos. Por eso en un momento dado decidí retirarme del mercado amistoso: evita la ocasión y evitarás la decepción. Pero al cabo de un tiempo me di cuenta de que eso no era sano, es normal tener amistades y que se acaben, que te hagan daño, etc. Como en las relaciones de pareja. Así que bueno, ahí me mantuve, con bastante poca fe en esas amistades pero bueno, me dejaba llevar.
El caso es que ya me lo decía mi ex: la gente no cambia. Pues no hijo, no, tengo que darte la razón: alguna gente nunca cambia. Alguna gente te envidiará siempre, te la clavará siempre, querrá siempre lo que tú tienes, lo que tú has tenido, alguna gente siempre, siempre, siempre encontrará la forma de decepcionarte, de venderte para conseguir lo que necesitan. Alguna gente mete la pata siempre.

Y claro, yo no es que en ese sentido estuviese muy tranquila. Que no hable de las cosas no significa que no estén ocurriendo. Yo no soy del tipo de persona que acaba de conocer a alguien y le cuenta su vida entera. A mi pareja, que es quien mejor me conoce junto a mi madre, hay cosas que tampoco le he contado. Son cosas íntimas, cosas mías que ora porque me duelen, ora porque no se pueden contar me he callado.
Pero que me calle, que no hable del tema, que corra una cortina de humo por encima no significa que algo no esté ocurriendo.
Y me vienes a mí a hablarme de eso.. y me dan ganas de matar porque me pregunto qué coño tienes en la cabeza.
¿Que qué me parece que te acuestes con mi ex? Pues me parece más o menos lo mismo que te parece a ti que yo me acueste con el tuyo. Ni más, ni menos.

Después llegas tú, te cuento las cosas, hablo contigo, desapareces. Haces que yo desaparezca. Y me vendes tú también, me vendes como me has vendido tantas otras veces antes, me cambias por cualquiera que esté más cerca de ti que yo.

Y no sé qué hacer. No sé qué hacer porque dos personas que eran importantes para mí me traicionan, me exponen, me venden, me chupan todo lo que tengo y luego se van, vampiros emocionales, sexuales, económicos, de todo tipo. Cuando ya me habéis saqueados, os vais.

Y no quiero saber dónde estáis. No quiero saberlo porque no me va a gustar.

Luego os preguntáis por qué él y vosotros no. Pues porque él no me chupa la sangre y me deja desangrada en el suelo. Porque él no me deja llorando en la oscuridad. Porque no me vende. Porque no me engaña. Porque no me traiciona. Porque es íntegro.

Él y no vosotros porque él no es una puta barata dispuesta a matar a quien sea por un poco de dinero o de caballo. No es una puta rastrera que vendería a su propia madre por un chute. Él porque no es, de cuantas pueda haber, la más puta de las putas miserables. Y vosotros sí.