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lunes, 28 de noviembre de 2011

Tres años y un día.

A mí me gustaría poder decir otra cosa pero lo cierto es que el amor es exigente.
No hablo particularmente por mí ya que yo soy más bien del tipo de persona que tiende de manera innata y natural al emborregamiento: me emperro con una relación y hasta que no me he pegado la más grande de las leches de toda la historia de la humanidad de las relaciones no paro. Supongo que porque necesito saber que hice todo cuanto pude, que di todo lo que tenía y que luché y aguanté con estóica paciencia, que no me rendí a la primera de cambio.


Con esto y con todo, aunque yo haya arrastrado carros y carretas en el pasado, tengo que deciros que el amor se acaba. Me ha pasado incluso a mí, con eso os lo digo todo. A mí que no soy de esas personas que cambian de ropa interior, ideas y sentimientos a diario o semanalmente (sí, hay gente que se cambia la ropa interior una vez por semana, es inquietante a la par que repugnante pero verídico), que soy de las que se enamora hoy y me pierdes hasta dentro de cinco años por lo menos.

Pues sí, como os decía el amor es exigente y se acaba, si me pasa hasta a mí es que es algo común.

Supongo que todo comienza cuando la otra persona, en este caso el hombre, sabe o más bien cree que te tiene enganchada por los siglos de los siglos amén, hasta que la muerte os separe y se relaja. Que ojo, una cosa es estar tranquilo con tu relación, que haya confianza, calma etc y otra es estrapayarse en el sofá, agarrarse los testículos con la mano izquierda y con la derecha el mando de la televisión (es lo que un amigo denomina 'La Postura del Hombre') y hala, aquí me las den todas, tráeme de beber, tráeme el cargador del móvil, tráeme la ducha, tráeme al médico y tráeme la vida entera a este sofá.
Que oye, yo si él susodicho está enfermo le llevo al sofá hasta al confesor pero así gratuitamente cuando estoy yo también sentada -que no tumbada y con una mano en la entrepierna y en la otra el esmalte de uñas-, habiendo hecho los dos las mismas cosas al cabo del día pues me joroba un poco que me pidan que me levante yo como si todavía estuviésemos en las cavernas, en cuyo caso no veríamos la televisión sino las pinturas rupestres y no nos comunicaríamos por Whatsapp sino con señales de humo.
Esto obviamente es una metáfora aunque no pocas veces se da literalmente.


Y entonces como que empiezas a desencantarte un poco. Se pierden los detalles, los sms sin razón, los mails que sólo ponen 'mi cama huele a ti, ojalá todas las noches durmieras en ella', las llamadas de horas que intentan terminar con un cuelga tú, no cuelga tú, no jo cuelga tú, las flores fuera del aniversario etc.
Empiezas a pasar menos tiempo con tu pareja, hay detalles, nimiedades tal vez que van abriendo brechitas en tu corazón, cosas absurdas que para ti tienen importancia y se acumulan en el cajón de las cosas que al fin y al cabo son tonterías, no tienen importancia pero que para ti tienen y mucha, etc, etc.


A esto se suman las dudas. El no saber hacia donde vas ya, si es verdad que te quiere igual que el primer día, si es verdad que las demás no le importan y a la hora de la verdad sólo tiene ojos para ti; empiezan las sospechas, el runruneo en el estómago cada vez que le suena el móvil, el odio cada vez que aparece el nombre de una mujer en una conversación, los tengo dudas y necesito tiempo, los ahora te quiero y ahora no, las cosillas sospechosas que de vez en cuando te encuentras por aquí y por allá... Y no le das importancia al principio, piensas que al fin y al cabo con quien está es contigo y será por algo pero al cabo del tiempo estas cosas terminan por hacer mella. Mucha.

Se enfría el amor, se pasan las ganas, se abren espacios entre ambos que ya no sabes cómo llenar, de repente un día te sorprendes prefiriendo quedar con amigos a estar con él, otra noche te fijas en un chico que ves en un local y no te acuerdas de que en algún sitio estará él quién sabe si haciendo lo mismo que tú, un día los te quiero ya no encuentran el camino hasta tus labios, los besos ya no significan nada y los evitas...
Un día sin darte cuenta se te ha acabado el amor porque la falta de detalles, el tiempo sola, las noches sin dormir, las sospechas, las dudas que no tenias tú pero él sí, los nombres de mujeres por los cuales no has preguntado, la desidia, las cosas que se dijeron demasiado tarde, las confesiones a destiempo, la seguridad mal entendida.. han dado al traste con un amor que parecía a prueba de bombas, a prueba de viajes, a prueba de horas extra, de días especiales olvidados, de palabras que nunca llegaban, de compañeras de trabajo y amigas de amigos, a prueba de Martas, Lauras, Marías y 'esta' o 'aquella', a prueba de ti misma.

Un día él te pide algo más: vámonos a vivir juntos. Sal conmigo en serio. Cásate conmigo. Y ese día a ti se te ha hecho tarde. Deseabas oir eso pero ha llegado demasiado tarde.

Un día él te pide algo que tú ya no puedes darle. Porque tienes tantas astillas clavadas en el corazón que sientes que ya no vale la pena: no vale la pena porque de tanto tensar la cuerda se ha roto. De tanto machacarte el corazón se te te ha roto.

De tanto abusar del amor, se te ha terminado.

Y puede que ese día sea hoy, el día en que sé que nunca estaré tranquila contigo, que nunca estoy segura de ti cuando no estoy a tu lado, el día en el que por mucho que tú me lo pidas y yo lo intente, ya no puedo confiar en ti ni puedo hacer ningún esfuerzo más por ti porque se me ha hecho tarde, has llegado muy tarde, te he esperado demasiado tiempo ya. Porque como dice la cancion hoy, después de tanto tiempo, hoy ya no te quiero.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Y decirte alguna estupidez como por ejemplo 'te quiero'.

Una vez más me ha pasado lo típico de estar buscando un papel importante, una cosa muy concreta y sumida en pensamientos del tipo tengo que empezar a ser más ordenada, esto es un desastre, ¿qué habré hecho con el papel? J*der me c*g*o en mí.. Por favor que aparezca el papel, que aparezca, por favor, por favor, por favor, prometo ser más ordenada de hoy en adelante, de repente encuentro un taco de papeles un poco desgastados, polvorientos, que no sé qué son de modo que abro uno de ellos, un sobre amarillo con una letra que ya no reconozco, en mayúsculas, que tiene hechos a boli bic azúl unos dibujos extraños y comienza con Lee esto cuando lo necesites, tal vez todos los días porque son cosas que no cambiarán... y me quedo de piedra, cuanto más porque pensaba que había tirado esas cartas.

Que te quiero y sólo tengo un propósito: hacerte feliz. Por eso me levanto todos los días.

Que tu novio te quiere muchísimo, quiérele un poquito tú también a él.

Vales muchísimo, tú lo vales todo.

No vuelvas a decirme esas cosas nunca más, yo te prometo poner de mi parte...

No me falles aunque no estemos juntos, por favor.



Leo cosas sueltas, sé que si lo leo todo voy a recordar y si recuerdo.. verás, es que yo no quiero recordar. Ni lo bueno, que fue más bien poco, ni lo malo, que casi acaba conmigo.


No te quería, nunca te quiso, me dice todo el mundo. Yo por mi parte a veces también digo que yo tampoco te quería, que dependía emocionalmente de ti porque a eso me habías enseñado. Pero lo cierto es que te quise sin medida, claro que te quise. Tú lo sabes, te lo decía continuamente, hasta el último día: te amo. Me fuí tranquila por eso, porque sabía, sabía en lo más profundo de mí misma que por mucho que tú te empeñases en hacerle creer al mundo y sobre todo a ti mismo que yo nunca te quise, en los confines de ti mismo, allí donde termina la razón y comienza la convicción, las creencias, la fe y todo lo que escapa al raciocinio y es intangible, allí donde anidan nuestros miedos, nuestras obsesiones y nuestras emociones más hondas sabes que te quise como nunca nadie te había querido antes ni te querrá en un futuro por mucho que vivieses ciento cincuenta lustros y que estuvieses con una mujer distinta cada día de ellos.

Yo no sé si tú me quisiste, en su día, bien lo sabes, todo aquello me sonaba a recurso de un abogado, a plática de orador ante un auditorio, no a un novio enamorado hasta la médula. Ahora no sabría decirte, lo leo sin juzgarlo, lo leo desde lejos, desde la burbuja protectora que me dan el tiempo, la madurez, la serenidad y un amor que me arrastró todo lo lejos de ti que pudo porque nada tiene que ver contigo, el norte y el sur.
Ahora han pasado exactamente siete años y a mí me parecen siete siglos. Es como si leyera una carta que no me pertenece, que no fue nunca dirigida a mí y me siento como si estuviese espiando la correspondencia de otra persona: no es para mí y aunque comprendo algunas de las cosas que el remitente escribe lo cierto es que otras no me son familiares: cosas entre el novio y la novia, supongo.
Para ser sincera esas cartas ya no van dirigidas a mí, lo fueron tal vez un día pero ya no. Además no soy la persona que era cuando me las entregaste, poco o nada que tengo que ver con la chiquilla impulsiva que se devanaba los sesos intentando entender qué es lo que tanto ella misma como el chico que tiene delante sienten. La niña que no quería dejarse domesticar y se rebelaba contra todo y todos. Qué bonitos a la par que confusos y aterradores son los veinte años, cuando sientes que lo quieres todo, que nada te basta y que no sabes cómo comerte el mundo a bocados porque ni siquiera sabes cuál es tu lugar en él.
Y qué serena es la antesala de los treinta, cuando aprendes a aceptar en silencio lo que te dan sin atreverte a pedir nada más porque cuando lo haces te sientes egoísta e injusta. Cuando los gritos ya no alcanzan más decibelios que los que tu cabeza pueda albergar, gritos que nadie oye, que se ahogan en el estómago y no llegan no sólo a la boca sino tan sólo a la garganta. Gritos que se transforman en lágrimas unas veces, en sonrisas con un cáriz un poco amargo las más.

Ahora sé mucho de lo que nos pasó, cosas que entonces no entendía porque no las veía. Pero con eso y con todo tengo que dejar las clases de piscología y psiquiatría de lado, todo lo que he visto, todo lo que he leído, tengo que dejar sitio, por pequeño que sea, a la ingenuidad y decirte...

... y decirte... podría decirte tantas cosas y a la vez no sería capaz ni de empezar por la primera...

... y decirte... decirte...

... que no sé como dos personas que se querían tanto pudieron hacerse tanto daño.





jueves, 24 de noviembre de 2011

016.

Hoy es el Día Internacional Contra la Violencia de Genéro.
Yo de este tema sé un poco.

La gente se pregunta cómo has podido meterte en tamaño lío cuando lo cierto es que un maltratador no te pega una bofetada en el preciso instante en el que te pide tu número. No somos idiotas, si un tío nos viene así de primeras, no nos tiramos de cabeza al conflicto.
Al principio son encantadores. Detallistas. Divertidos. Inteligentes. Poco a poco, con detalles muy pequeños, va comenzando todo. Y antes si quiera de que te des cuenta te ha puesto en contra de tu familia, te ha separado de tus amigos y te ha lavado el cerebro hasta el punto de que no te reconoces a ti misma. Ya te has alienado, ya no eres tú, eres lo que él quiere que seas. Indefensa, sola, sumisa, te crees una basura y crees que él tiene razón, que la culpa es tuya, que eres tú la mala de la película y que es una suerte que él todavía te soporte. Porque claro, con lo loca que estás y la mierda que eres, quién va a poder quererte, ¿eh? Pues nadie, él porque es un santo varón, nadie más.
Por eso aguantas, porque ya no tienes a nadie y crees que nadie más que él va a poder quererte y aguantarte.
Pues mira, déjame que te diga una cosa...

Si te humilla, no te quiere.
Si te insulta, no te quiere.
Si te infravalora, no te quiere.
Si se burla de ti, no te quiere.
Si te grita, no te quiere.
Si te pega, no te quiere.
Si te da miedo, no te quiere.
Si te ha apartado de tu familia y de tus amigos, no te quiere.
Si te dice cómo vestirte para no parecer una puta, no te quiere.
Si te controla las llamadas, los sms, el mail, si te espía... no te quiere.
Si tienes moratones que tapar, no te quiere.
Eso no es amor. Es una enfermedad. Está enfermo y te está enfermando a ti también.
Insomnio.
Ansiedad.
Pérdida del apetito.
Pérdida de interés por las cosas que antes te gustaban.
Aislamiento social.
Sentimiento de culpa.
Miedo.
Llanto.
Eso es una enfermedad y te la ha provocado él. Se llama TERROR, DEPRESIÓN, PROCESO DE ALIENACIÓN, DEPENDENCIA PSICOLÓGICA Y EMOCIONAL.

Tú no tienes el problema, lo tiene él.
No se pega a quien te quiere y se supone que quieres.
No se aisla a quien quieres.
No se humilla a quien quieres.
No se insulta a quien quieres.
No se chilla a quien quieres.

Se cuida a quien quieres.
Se protege a quien quieres.
Se le dicen cosas bonitas.

Tú ahora no lo crees pero existe otro tipo de amor. Y claro que eres digna de él y que lo encontrarás. Pero no con él a tu lado. No si un día te da un mal golpe o te golpea tan fuerte que pierdes el equilibrio, te caes y te das en la cabeza con algo. No si estás muerta.

Existe un amor que cuida, que lleva cuidado, que protege para que no te roce el aire, un amor hecho de confianza, de cariño, de mimos. Donde las marcas no son de dolor, no son arañazos o morados, son marcas invisibles de besos, de caricias.

Él está enfermo.
Él tiene el problema.
A él es a quien nadie va a poder querer nunca, por mucho que te haga creer que tiene millones de amigas que lo adoran.
Él es el que provoca repulsa, aunque tenga un nutrido grupo de amigotes que no saben nada de cómo se comporta contigo porque muy bien se cuida él de decírselo, él les cuenta lo que tú haces, lo que él hace se lo calla. Por eso sus amigos te miran mal y creen que él es la víctima.
Él es quien va a quedarse más solo que la una.
Él es quien no merece la pena, a quien hay que señalar con el dedo y aislar.

ÉL, NO A TI.

Si te chilla, denúncialo.
Si te pega, denúncialo.
Si no te hace feliz, dilo.
Si tienes miedo, dilo.
Si quieres irte pero estás aterrada, dilo.
PIDE AYUDA, NO TE CALLES.

Somos muchas las que estaremos aquí para ayudarte y apoyarte. Sólo tienes que pedir auxilio y hacerlo mientras aún estás viva. Porque los hombres que matan a sus parejas o ex parejas no es sólo algo que salga en las noticias. No es algo que le pasa a los demás pero que nunca va a pasarme a mí. De hecho, la próxima puedes ser tú. Tú decides.

Llama al 016, no deja rastro en las facturas telefónicas, él no sabrá que has llamado, no tendrá forma de verlo.
Si llamas desde tu móvil basta con borrar esa llamada del registro o borrar el registro de llamadas completo.
Acércate a tu comisaría más cercana y cuéntalo. Denúncialo. Métete en foros en internet, en asociaciones, infórmate, busca ayuda, verás como la encuentras.
Pero no te quedes en casa, no esperes. Porque no va a cambiar. Nunca cambian. Nunca van a darse cuenta de cuantísimo les quieres y de la suerte que tienen contigo. NUNCA.
NUNCA CAMBIA NADA, SÓLO VA A PEOR.

Sólo tienes una vida y el derecho y la obligación de vivirla al máximo de tus posibilidades, de aprovecharla y ser feliz.

Tú decides. Vivir y ser feliz o ser la próxima que salga en las noticias.


TOLERANCIA 0, TODOS CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO. LAS QUE LA SUFREN, LAS PRIMERAS.

Pelo negro como mi pena, cabello rubio del color del trigo.

Los sueños son un misterio para mí.
En ellos veo a gente que jamás había visto en mi vida pero que existe. Veo a gente que he visto en fotos, gente cuyo rostro no creía recordar.. y en cambio ahí está, clavado en mis sueños.
Veo fotos que pensaba que eran una ilusión de mi mente y en cambio existen sobre un papel, en una pantalla.

Pesadillas. Chicas que no pensé poder recordar, que creía no haber visto nunca, ahí, delante de mí. En persona, en fotos. Sms.
Rabia, muchísima rabia. Veo cosas que no quiero ver. Besos, caricias. Siento el amor, de ti por ella. La furia, de mí por todo. Desesperación, dolor.
Me despierto como puedo y quiero pensar que no es real pero lo siento dentro, muy dentro y sé que ha existido y eso me hace aullar.
Me vuelvo a dormir y vuelven a estar ahí, una y otra vez, las cosas que nunca hubiera querido ver, los sentimientos que nunca jamás hubiera querido volver a sentir.

Así todo un día, un día en el que me estalla la cabeza y no encuentro descanso ni refugio porque cuando me duermo ahí están, ellas que han tenido todo lo que creo que yo nunca tendré. Tú, que me dices que eres mío y que siento que eres de cualquiera menos de mí.

Los nervios, el dolor de estómago, el mal humor, la rabia, el come-come por dentro que va devorándome por dentro a bocaditos muy pequeños pero de dientes agudos y punzantes como un bisturí, que destruye cada uno de mis órganos y los hace sangrar profusamente. Que me erosiona el corazón.

Y pienso en ella, Mi Mujer Rubia, que no me da nada y a quien no le pido nada. Sólo unas horas al día en los que clave por una milésima de segundo sus enormes ojos plomizos como el cielo y me lleve lejos de todo esto.
No me da nada y no le pido nada porque a veces esas son las cosas que más paz reportan: aquellas que no te dan nada y a las que no les pides absolutamente nada.

El amor te hace egoísta. Duele. Dicen que las Mujeres Rubias también. No lo sé, yo he nunca he tenido una Mujer Rubia. Nunca he tenido nada, ni a nadie.

martes, 22 de noviembre de 2011

We could have had it all / Rolling in the deep.

Tenía pensadas un millón de cosas para escribir. Cosas sobre ella, la que podría ser Mi Mujer Rubia (siempre quise ser La Mujer Rubia de alguien o al menos tener la mía propia), cosas sobre él, él que es Mi Hombre Rubio. Cosas sobre lo que estábamos rozando con las yemas de los dedos, sobre madrugadas que ya nunca pasábamos solos, nunca solos, siempre tú y yo.

Tú siempre tienes algo que decir, me decía él. Y como siempre, se equivocaba. Ahora mismo no tengo nada que decir. Ahora mismo no tengo nada sobre lo que escribir. Ahora sólo puedo estar callada.

Así que voy a quedarme aquí en silencio, esperando que ocurra un milagro, que alguien, algo me devuelva las palabras. Que alguien, algo, me salve la vida.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Love will tear us apart. Again.

Esta canción siempre me encantó pero por alguna razón, terminé por olvidarme de ella en algún momento.
Un día, releyendo uno de los libros de Lucía, allí estaba: love / love will tear us apart again.
Y desde ese día nunca más la volví a olvidar. No la escucho mucho porque todos sabemos que las canciones que en un momento amamos y no dejamos de poner terminan por quemarse y ya no significan nada.
Así que no la tengo en ninguna parte, ni en el Mp3, ni en el Pc, en ningún sitio. Si quiero oirla tengo que tirar de Youtube. Cuando lo hago soy capaz de escucharla sin parar durante horas.
Porque esta canción es la canción de amor y desamor perfecta. Es una de las canciones más bonitas del mundo y cuando la escuchas te sientes triste pero fuerte, te inundan una melancolía y un dolor extraños, así que sólo me siento, enciendo un cigarro y la escucho una vez y otra y otra hasta que me he sumergido del todo en el dolor: en el mío y en el de la canción. Y después cierro la pestaña de Youtube, me levanto y sigo adelante. A veces bañarte en el dolor, en la melancolía, en los recuerdos, rebozarte en su fango, ahogarte, llorar y que se te ponga el vello de punta al ritmo de unos acordes hacen que cuando la canción termine te puedas mover. Que te puedas levantar y seguir con tu vida.
Yo creo que para superar algo hay que hundirse en ello primero. Si no te das el tiempo de que te duela en lo más hondo del alma, si no lloras hasta que sientes que la cabeza te va a estallar, no puedes seguir adelante, arrastras todo eso contigo día tras día, esa rabia no te deja liberarte.
De modo que yo me sumerjo en ello sin taparme la nariz y sin cerrar los ojos, me ahogo, veo la vida desde lo más profundo del dolor y la tristeza y cuando creo que estoy a punto de asfixiarme, un impulso, el de la supervivencia supongo, me empuja como un resorte a la superficie.
Y ya está, vuelvo a ser yo. Con una herida más, una lección más, tal vez un poco menos yo en cuanto a la inocencia y la fe, la confianza y el amor, pero sí más yo porque al menos no me arrastro por la vida como un fantasma, invisible, transparente, con sus cadenas a cuestas y su reblancor y frío mortecinos.

Así que hoy voy a dejar salir toda mi rabia, estoy tan furiosa conmigo misma que me estrangularía si pudiera.
Voy a dejar salir la pena, que desfilen ante mis ojos los recuerdos, voy a dejar que el dolor se apodere de mí mientras fumo y escucho esta canción. Esta, porque no podría ser otra.









Cuando la rutina aprieta con fuerza,
y las ambiciones son escasas,
y el resentimiento triunfa,
sin que las emociones aumenten.
Y al cambiar nuestros rumbos,
tomando caminos diferentes,
Entonces el amor, el amor nos destrozará otra vez.

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.

¿Por qué la cama está tan fría?
Me has dado la espalda
¿Escogí un mal momento?
¿Se nos ha acabado el cariño?
Y aún así aún queda el encanto
de lo que defendimos toda una vida
Entonces el amor, el amor nos destrozará... otra vez.

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.

¿Lloras todos tus reproches cuando te estás durmiendo?
Tengo un sabor en la boca
Como si la desesperación tomará el control
¿Es sencillamente que algo tan bueno
Ya no podría volver funcionar nunca más?
Entonces el amor, el amor nos destrozará... otra vez

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.
El amor, El amor nos destrozará... otra vez.
El amor, El amor nos destrozará... otra vez.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Sería más feliz y nadie podría hacerme daño.

A lo mejor si tuviera los ojos verdes o azules...
Si tuviera un cuerpo bonito.
Si tuviera más pecho...
No lo sé.

A lo mejor.

Sí era un adiós.

Me siento increíblemente mal porque he sido injusta, he sido traidora, he sido mala. No quería hacer nada malo, simplemente no sé hacer las cosas mejor. No sabía, más bien. Creo que esto me servirá para recordar y aprender. Para no olvidar. Para volver a ser la persona que era antes de que todo esto empezase.

Me voy. Me voy porque donde tú estás todo es árido, es frío, llueve y no es malo porque las lágrimas se entremezclan con la lluvia y nadie hace preguntas al respecto. Nieva y hace frío, un frío glacial. Hay mucha gente, tanta gente que sólo te encuentro a ratos, gente con quien competir, siempre en tensión. Siempre insegura.

Así que he hecho las maletas a lo largo de la semana. Qué semana. No sé cómo ni cuándo empezó, sólo sé que está aquí, que pasó, que ha sido una semana para recordar y para olvidar a partes iguales.
Para revivir cosas, tantas cosas que no he podido con ellas.

Y me voy. A un sitio cálido, soleado. A un sitio donde no puedo llorar porque no hay lluvia que moje mis lágrimas.
Allí estamos solos, escondidos. Hay tiempo para todo, hay paz, tranquilidad. Allí no hay miedos ni inseguridades, sólo amor.
Amor, tranquilidad, seguridad. Nunca he encontrado eso en otro sitio. Nunca me he sentido segura allí donde había vuelto, nunca ha habido amor, ni tranquilidad, sólo inseguridad y miedo.
No hay competencia, no hay palabras que no se dicen, nada es gris ni frío. Es cálido, confortable, tranquilizador.
Así que me voy y sé que no volveré porque no tengo razones para volver, nadie me las ha dado.
Me voy, me voy, me voy... al sitio del que nunca debí salir.

Me voy, vuelvo a casa.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Heroína.

Verás, yo soy un exceso en mí misma. Me cuesta mucho tener puntos intermedios.
Con el tiempo y la madurez he aprendido a encontrarlos y aceptarlos pero no significa que me gusten. Yo cuando quiero algo, lo quiero todo.
No me valen las medias tintas, no me vale un pedazo, no quiero lo que los demás no quieren y no quiero tener que compartirlo. Lo quiero todo, sólo para mí.
Sé que puede sonar egoísta pero por ejemplo en el amor no hay punto intermedio, o quieres a alguien o no lo quieres, fin de la historia. Si estás enfermo o lo estás o no lo estás, no tienes un poco de cáncer o un poco de síndrome de tal o de aquello.
Pues esto es igual. Es un sí o es un no, no es un un poco, no es un no sé, ni un sí pero no, ni un te quiero a ti y... a otras tres más, ni un te quiero pero no sé cómo. Es te quiero y punto. Sin añadidos, sin explicaciones, sin matices, es todo o no es nada.

Obviamente no voy por la vida exigiéndole a la gente cosas que ni yo misma puedo dar pero lo cierto es que yo sé distinguir entre querer y tener cariño, sé de qué modo quiero a una persona, sé lo que es para mí, lo que quiero que sea, lo que fue y lo que será. Las nubes de humo tras las que puede estar un no puedo vivir sin ti o un lo siento pero me equivoqué, no estoy enamorado de ti a mí me tocan la moral y no las acepto. Fe de ello pueden dar muchos procesos de hombre que han pasado por mi vida, sólo uno ostenta el dudoso honor de clavarme pedacitos y pedazones de duda en el alma. Una y no más, nunca jamás en mi vida he querido, quiero ni voy a consentir otra vez semejante cosa. Porque duele en sitios que no pensabas ni que existían. Porque destroza, despedaza, desangra, desgarra, aplasta, oprime, sofoca, asfixia, desespera y nunca, nunca, nunca más voy a dejar a nadie hacerme tanto daño.

Y cuando alguien me quiere, quiero que me quiera como soy, a saber, con exceso. Quiero que me quiera toda, entera, todo lo que soy, todo lo que fui, todo lo que seré, quiero que me quiera sólo para sí, que no soporte la idea de que otra persona pueda tocarme, de que otro pueda deslizar la punta de su nariz por mi espalda.
Suena machista, obsesivo, enfermizo... pero es lo que hay. No tengo setenta años, soy joven aún y no quiero estancarme en sentimientos tibios, quiero quemarme, perderme, marearme, llorar, reír, quiero sentir que soy única y que mi historia de amor no es como otra cualquiera, que es única, igual que yo.

No me malinterpretes, yo no soy especial. Única sí, especial no. No tengo superpoderes, no tengo nada que me haga que me haga irresistible.
No tengo un millón de amigos, no tengo un físico espectacular, no soy la chica más sociable ni más simpática, no soy la más divertida ni la más alegre, en esencia no tengo nada más que corazón y cabeza que al final, son lo mismo.
Pero tengo un código genético, unos lunares, unas pecas, una cana muy blanca y brillante en medio de la parte derecha de mi pelo, tengo dos angiomas planos, una forma de tocarme los labios cuando estoy pensando, una manera de caminar cuando estoy distraída, una forma de acurrucarme y quedarme dormida que me hacen única porque soy la única persona en el mundo que tiene todas esas cosas juntas.
Y quiero a alguien que lo sepa y lo adore. Que no pueda vivir sin todas esas cosas que no me hacen más especial, ni mejor ni peor que ninguna otra mujer que haya existido antes o exista en el futuro pero que son mías y que, todas juntas, no volverán a repetirse nunca en nadie. A alguien que si algún día me voy repase cada noche esas cosas y se arañe los antebrazos porque sabe que nunca encontrará a nadie que pueda tenerlas como yo las tengo.
Como dice el refrán para el mundo yo sólo soy una persona, pero para alguna persona quiero ser el mundo entero, ayer, hoy y siempre.

Yo no soy nada. Y precisamente porque lo sé necesito que alguien se esfuerce con toda su alma en hacerme creer que sí lo soy.
Por eso le quiero a él. Porque él ve cosas que nadie más ha sabido ver, él me acepta como soy y el conjunto de mis manías, mis miedos y mis creencias es un conjunto que valora.
No me importa lo que haga cuando yo no le veo, me basta que cuando esté conmigo me haga sentir especial. No le pido más.
Me basta que me diga te quiero todos los días, un te quiero rotundo, sin peros, sin matices, sin condiciones, sin explicaciones. Te quiero y punto. Te quiero como eres, como fuiste y como creo que serás, te quiero como mujer, como novia, como un todo, como una amante, sin más matiz que el mucho. Te quiero a ti y sólo a ti.

No te quiero como amiga.
Te quiero como compañera.
Te quiero como complíce.
Te quiero para pasar el rato.
No Te quiero para sentirme alguien.
Te quiero para que me quieras y me hagas sentir especial.
Te quiero porque nadie más me quiere.
Ni Te quiero para que me des lo que otr@s no quieren darme.
Te quiero porque te necesito para tener a alguien a mi lado.
Te quiero porque no ha llegado nadie mejor.
Te quiero de momento hasta que otr@ llegue.
Te quiero hoy pero no sé si te quise ayer ni si te querré mañana.
No Te quiero porque me haces reír.
Te quiero porque me comprendes.
Te quiero porque estás ahí.

A la mierda con eso. Soy más que un pasatiempo, soy más que una solución provisional, más que un segundo plato, más que una amiga, más que una payasa que hace reír, más que una follamiga que quita telarañas, más que alguien especial que te da un abrazo cuando lo necesitas. Soy todas esas cosas, sí. Y soy también mucho más.

Y si no me quieres a mí y sólo a mí, si no quieres tenerme sólo para ti, si no te duele en lo más profundo del alma cuando me voy, si no sientes que no podrías vivir sin mí porque yo hago tu vida mejor, si no quieres encerrarme en una burbuja y que no sea de nadie más, si no quieres que nadie más me toque y me acaricie, entonces no quiero que me quieras.

Dar solamente aquello que te sobra nunca fue amar sino dar limosna, que decía la canción.
Y mira, a mí gente que me dé su vida entera, me sobra, un pedacito se me acaba pronto, un pedacito no me quita el hambre, un pedacito no me sacia.

Yo me merezco mucho más que eso. Y como me pasó aquél día, aunque no sea lo que me merezco al menos es lo que yo quiero. Así que si no vas a saber quererme con locura y sin medida ninguna, sin condición ni matiz alguno, es que yo no soy para ti y nunca lo he sido.

Luego no vengas a preguntarme porque ay, ¡que tú no! y por qué él sí. Es muy simple. Porque yo soy una droga dura y él sabe controlarme y dosificarme. Y si nadie más sabe, es que necesita algo más light, más fácil de sintetizar, a más bajas dósis. Más vulgar.

Y ell@s con total seguridad sí pero yo de vulgar, perdóname, pero no tengo nada. No se hizo la miel para la boca del asno.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

'¿A dónde van los besos que no se dan?'

A decir verdad en ocasiones El Contenido Del Silencio duele más por lo que no contiene que por lo que sí tiene.

Los 'te quiero' que nunca llegan.

Las promesas que nunca se hacen porque se sabe que no se van a cumplir.

Las palabras especiales que no se buscan porque no nacen de dentro.

Las cosas que no te callas porque simplemente no las piensas.

Los silencios que no están cargados de nada sino vacíos de todo.


Duelen más las cosas que no hacen que las cosas que te arrepientes de haber hecho.

El último beso que nunca diste.

El abrazo que no saliste corriendo hacia atrás para dar.

La visita que nunca planeaste.

La despedida que no tuvo lugar.

Las cosas que ya no vale la pena decir porque el momento pasó y cuando estabas a tiempo de decirlas nadie quería escucharlas ni tú querías pronunciarlas.


Me pregunto si vosotros os arrepentís de no haber hecho algo. De no haberos despedido. De no habernos besado. De no habernos dicho que nos queríais. De no haber luchado más.
Me lo pregunto de verdad porque yo sí me arrepiento de las cosas que no hice y que no dije. Se me clavan por dentro del corazón, del estómago, del cerebro, como clavos oxidados y me pudren, me duelen, me matan.
Toda la gente que se fue y no volverá y a la que tantas cosas me quedaron por decirle, que tantos besos y abrazos me quedó por darles, las palabras hinchadas en mi cabeza que ya no van a ninguna parte.


Me pregunto si tú me buscarías. Si eso fuera a pasar si yo sería la persona a la que correrías a buscar. Si en esa situación yo sería lo único que podría darte alivio, si perderte conmigo sería el único consuelo que te quedase.

A mí sí. No darás un paso en busca de tu enemigo, decían. Por eso yo siempre estoy quieta, puedo morirme quieta sin buscar a nadie. Porque ya no tengo claro quien es mi amigo ni mi enemigo. O tal vez lo sepa pero ahora mismo prefiera ignorarlo.

Sea como sea, voy a quedarme muy quieta. Para que si algún día eso pasa sepas donde encontrarme. Para que sepas que siempre he estado aquí, justo aquí, esperándote.