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martes, 30 de agosto de 2011

De ex novios y demás bichos -2-

Hay varios tipos de ex novios y es importante saber en qué categoría se encuentran los nuestros para poder actuar en consecuencia. Vamos a analizarlos detenidamente:

1. El espectro o El Prescindible.
Este es el que pasada la relación, desaparece más o menos silenciosamente y del cual no se vuelve a saber más. Casi ni actualiza el Facebook, con eso os lo digo todo.
No suelen ser tipos que nos hayan marcado, más bien pasó pero acabó y aquí paz y después gloria, no te vuelves a acordar de él en la vida. Vamos, que como si no hubieran existido, la relación no brilló por su calidad y no lo echas en falta, de hecho no te acuerdas de él ni cuando te entra la bajuna pre-menstrual que te da por acordarte hasta de la pobre Clara, lo mal que lo pasó para poder caminar (Heidi).


2. El apasionado o El Culebrones.
A este le dejas y se vuelve loco. Venga flores, venga llamadas llorando diciéndote que eres la mujer de su vida, que cómo puedes hacerle eso, que qué va a hacer ahora.
Acampa en la puerta de tu casa semanas hasta que te ve y cae de rodillas llorando mientras te coge la mano y te suplica que vuelvas con él, que como yo te amo nadie te amará, nadie te amará, nadie porque yo te amo con la fuerza de los mares, yo te amo con el impetu del viento, yo...
A este como le dé la vena coge un avión y se planta donde tú estés y te pide en matrimonio.
Se le suele pasar, qué remedio, pero hasta que se le pasa paciencia con las llamadas, los sms, los mails, las flores, los regalos, las palabras de amor (que si el mar, las estrellas, tu pelo ondeando al viento, el olor a comida del bar de abajo, las sábanas frías, el tacto de tu piel, las lágrimas de sal, el cielo y el infierno, etc) y cuidado con salir de tu casa despreocupadamente porque salta desde detrás de un seto para llorarte y te pega un susto de muerte. Y como te lo pegue y acabes en el hospital allí te lo encuentras ataviado con su bata blanca y su fonendo al cuello, pa rematarte.


3. El Gallego o El Pupas.
Este podría parecer Gallego porque ni él mismo sabe si sube o si baja. Acabada la relación podéis ser amigos pero en cuanto encuentre un poco de luz en su cacao mental, te arrima.
Te lo encuentras por la calle y se pega un trompazo con una farola porque desde que te ha visto se ha puesto lívido y ha perdido la visión. Que parece que ha visto un fantasma.
Balbucea, no atina más que a decir gilipolleces, tiene sonrisa de idiota y no sabe qué hacer con su vida ni con sus manos.
Este es el si tú me dices ven lo dejo todo pero no va a aclararse en la vida, te quiere y siempre te ha querido pero su alma Gallega no le permite aclararse. Él lo único que tiene claro en la vida es que es del Depor. Y que cuando te vea con tu nuevo novio va a matarse con el coche porque se va a quedar helado, no va a saber ni controlar el coche y se va a estampar contra lo primero que pille. Animalico.


4. El Andrés.
Que te quiere por el interés. Si eres traductora, tradúcele estos papeles, si eres Médico hazle un chequeo completo, si eres actriz preséntale a Elsa Pataky, si eres Ingeniera intenta colocarlo en tu empresa, si trabajas en el Mc Donald's sácale un menú de gratis.
Este no tiene ex parejas, tiene relaciones públicas. Este saca provecho de cuanto puede y más pero no se acordará de ti más que cuando te necesite. La relación pudo ir bien o mal y haber terminado, pero él no te ve como una ex, te ve como una potencial 'soluciona-marrones'. A la inversa no funciona bien, no intentes pedirle ningún favor porque él está para que se los hagan, no para hacerlos.
Este en la cama debía de ser un prodigio de generosidad y preocupación por tu bienestar y tu placer.


5. El Sálvame Deluxe.
Este te odia con todas las fuerzas de su alma. Tiene una Barbie que es tu color de ojos y pelo y la usa para hacerte vudú, la tiene como un colador.
Sus amigos te detestan, su familia te aborrece y sus posteriores parejas te quemarían viva. Te tiene un odio cuidado, elaborado, salvaje, alimentado a base de lo mala que eras tú y la víctima que fue él. Como los colaboradores del Sálvame unos a otros. Y como ellos, buena persona no es, mete unas puyas que te deja clavá en el sitio, es capaz de hacerte llorar con una mirada, te despelleja en cuanto surge la mínima oportunidad.
Peeero, al igual que los del Sálvame también, se sabe tu vida entera. Cuando has ido, cuando has venido, qué has bebido, con quién has estado, dónde, cómo, por qué. Sabe hasta cuando menstrúas, cuando te toca cita con el dentista y cuántos cigarros llevas fumados a las once de la mañana. Es un stalker, te entra en el blog, en el Facebook, en el mail y hasta en las bragas como te descuides.
Él es un Mariñas, él te odia con elaborada pasión pero se lo sabe todo de ti, una fuerza superior le obliga a estar al tanto de toda tu vida.
Eso sí, negará todo esto hasta la muerte, si te ve intentará atravesarte las carnes con la furia de sus ojos, te pondrá a parir y como lo acuses de cotilla es capaz hasta de cortarte una uña (sabe que ayer fuiste a hacerte la manicura a las siete de la tarde).
Este además de rencoroso y mala persona, stalker y mentiroso. Una joyica.


Y hasta aquí el repaso de hoy, en posteriores posts ampliaremos la lista. Como siempre aportaciones serán bienvenidas :)

lunes, 29 de agosto de 2011

'Cuando me entran ganas de hacer algo me siento y espero a que se me pasen'.

A veces uno tiene el día tontucio. De esto que te levantas y dices: no, hoy no. Hoy va a ser que no.
Y te quedas así ya pa' tol día.
Lo malo viene cuando el día tontucio se convierte en mes tontucio o en verano tontucio.
Yo soy mucho de ir de tiendas, de olvidarme de todo cuando veo ropa, zapatos, bolsos.. Y ultimamente como que no, que no me olvido yo de lo que me tengo que olvidar, que no encuentro un momento de respiro entre todas las cosas que me agobian, que no son pocas precisamente.
Que le doy una vuelta a esto, otra a aquello, una a lo de más allá, otra a lo de acullá y al final tengo un centrifugado neuronal que pa' qué. Que ya no sé si voy, si vengo, si amanezco o si dormito.
Se te juntan cosas, decisiones que tomar, cosas que hacer y tú no estás, tú estás como un móvil en modo avión, que lo puedes usar pero no tiene conexión y ni recibe llamadas, ni sms ni Whatsapps ni nada. Y pa' qué quiere uno un smartphone si no puede ni mirar un triste Facebook... pues pa' na'. Así estás tú, que estar lo que se dice estar, fisicamente estás. Pero no sirves para nada.
Y yo también soy muy de cuando me pongo así, hacer chorradas. Que me da la vena y arramblo con todo lo que pille por internet. Total, como me la pela todo pues me arruino pero a ver si arruinarme entre paquetes de tiendas on-line me reconforta un poco más. Que otra vena y me corto el pelo, me lo tiño, me hago rastas... Y yo, como todo ser humano, venas tengo muchas, no os las voy a enumerar todas aquí basicamente porque pasado el examen de Anatomía te acuerdas de las tres más importantes y al resto les pueden dar muchas y buenas. Pero vamos, que tener tengo una jartá de venas y además gordas, de esas tipo yonki. Que conmigo problemas para cogerme vías, cero. Y claro, hasta que agoto todas las venas con estos venazos de ni sufro ni padezco que me lío a hacer tonterías porque peor que estoy no voy a estar y from lost to the river pues las puedo liar muy pardas y luego me encuentro con los problemas que ya tenía antes más los que he ido acumulando a lo largo de los distintos venazos: que si me he arruinado comprando idioteces por inet, que si a ver qué hago yo ahora con el pelo azúl que no me pega nada con mi color de ojos y de piel, que si la próxima vez que me dé un venazo de estos me hago un tatuaje de henna mejor, que a ver qué hago yo ahora con este dragón que me ocupa el pecho y un brazo enteros, que a ver si puedo desapuntarme del voluntariado para irme a Tegucigalpa a vacunar zebras porque empieza la temporada de las lluvias allí y yo con los pelos azules voy a teñir de azúl a las zebras y 'entavía' voy a la cárcel por joder una especie protegida e ir a la cárcel en el quinto pino de tu casa puede ser pero que muy peligroso, que a ver cómo le digo yo ahora a mi novio que me casé con una tía muy maja que conocí en Chueca la otra noche al salir de la discoteca porque la churrería estaba cerrada y como no se nos ocurría nada mejor que hacer nos fuímos al juzgado y nos casamos,  etc.
Así que como de la experiencia aprende una -o no- pues cuando me dan épocas así me siento y espero a que se me pasen.
Y eso estoy haciendo, esperar. Lo que pasa es que igual llevo demasiado tiempo ya sentada esperando.

jueves, 25 de agosto de 2011

Porque todo lo de hoy lo voy a tener grabado para cuando te arrepientas.

Y cuando vengas a decirme que todo lo que hiciste fue por algo que yo hice voy a pedirte que me dejes solo, he tenido suficiente.

Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que fuíste...

Resulta ser que anoche tuve que salir de fiesta sin estar especialmente animada.
Veréis, antaño yo salía Jueves, Viernes y Sábado y porque no se podía más, que sino lo hubiera hecho. Era jóven, me gustaba bailar, me gustaba salir con mis amigas a hacer el gamba... Pero como que ya no tengo edad. Me he hecho mayor, a todo el mundo le pasa. Tampoco anciana pero lo suficientemente mayor como para no aguantar ya ese tute y preferir  una buena cena y una copa que no sea de garrafón a un espectáculo pirotécnico entre gente engorilada que huele a mezcla de perfume fuerte y sudor y que tiene ojos de haber bebido más que Massiel. Todo esto sazonado con música a un volumen que no te permite tener una conversación y acaba por entumecerte las neuronas.
En fin, que me puse mi vestidito, cogí mi cartera de mano y a comerme la noche. Yupi.
Ya para empezar me dió la impresión de no estar en una discoteca sino en un puticlub americano de carretera. Qué oscuridad, qué de luces rojas.
El caso es que pasadas unas cuantas copas de mis acompañantes (todo el alcohol del mundo no hubiera podido borrar para mí la cruda realidad de los tristes hechos así que preferí ni intentarlo) nos dispusimos a bailar.
Bendito vestido que llevaba bolsillos. Ahí estaba yo con un vestido ceñido de los que en la cintura se vuelven súper anchos, manos en los bolsillos bailando con cuanta desgana podía. Yo no me vi a mí misma pero debía de ser lamentable la escena.
A medida que pasaban los minutos y los cuartos la gente empezaba a estar más y más enmonada y aparecieron los primeros tiburones. Contemplaba a los machos olfatear el ambiente, seguir el rastro de la presa, distraerse con la primera que les pasaba por delante... todo un documental de Félix Rodríguez de la Fuente.
Pero lo más fuerte empezó cuando los machos comenzaron a querer arrimarme. A mí. Niños de 18 / 20 años que vete tú a saber si tan sólo les habían bajado los testículos ya. Copa en mano, bañados en perfume, amagando torpes acercamientos. Yo no sabía si reír o llorar porque me daban ganas de decirles quita de ahí niño, ¿dónde vas, si casi podría ser tu abuela? ¡Anda pa' la cama y suelta ese cubata que vergüenza debería de darte si te ve tu madre!
De verdad, me daban ganas de sentarme con ellos en un sofá y acunarlos, criaturicas.
Pero claro, a esa edad yo también salía, pensé. Y no pude evitar preguntarme si yo también tenía esa deplorable pinta de niña recién salida de la cuna que había pasado del biberón a la copa sin triste transición. Me pregunté si alguna vez alguien también me habría mirado de la forma en que yo miré a esos niños anoche, pensando disfruta de estos años porque van a ser los mejores de tu vida y aunque creas que siempre serás así de jóven y lo pasarás así de bien, la vida vuela a la velocidad de las naves espaciales.
Me pregunté en qué momento me hice mayor, en qué momento dejé de ser una niña como ellos para convertirme en una de esas adultas (o intento de) que tiene pareja -estable, se entiende- y prefiere un viaje con amigos, una cena y una buena película a un fiestón.
Y pensé que quien me ha visto y quien me ve y sombra de lo que fuí y por suerte o por desgracia, ya nunca volveré a ser.

miércoles, 24 de agosto de 2011

'No soy yo, sos vos'.

Hace años una amiga me habló (¡en qué hora!) de una comedia Argentina (que resultó ser más bien un dramón) titulado No sos vos, soy yo.
Vamos, la típica excusa para dejar a alguien: no eres tú, soy yo. Tú eres demasiado bueno para mí, te mereces a alguien mejor, 'ahora mismo me pillas en un momento complicado de mi vida' (yo soy muy cinéfila, como podéis ver), necesito estar sola y poner mi vida en orden, bla, bla, bla. Que me he cansao de ti y te des el piro, vamos.

Pero hete aquí que hay otro tipo de situaciones que casan más con un no soy yo, sos vos. Vos que estás como una cabra, vos que no sabés como tratar a una mina, vos que sos una pesadilla, loco (lo de loco, literalmente en ocasiones). Andate a vivir en medio del monte pelotudo y dejá de arruinarme la vida que como sigas así te cago a trompadas y todavía el va a cárcel no sos vos, soy yo.

Sí queridas, sí, hay ocasiones en las que no se puede mentir por mucho que se quiera y acabas diciéndole al tipo mira macho, que el problema lo tienes tú, no yo, que me dejes vivir en paz y te largues, hombre. Que has convertido mi vida en un infierno, que no te soporto, que estás como una chota, ¡¡¡que no puedo con mi vida si tú estás en ella!!!
Acabas tan hasta las narices de los desplantes, la altanería, las idas de pinza, el ahora te llamo y ahora no, el ahora todo va bien y ahora me tiro dos meses sin cogerte el teléfono, el no sé si vengo o si voy pero por el camino desde luego que me entretengo -y no contigo, precisamente-, la espera, las noches en vela, los cafés desesperados con las amigas que acaban en botellas enteras, las llantinas interminables...
Y cuando ya no puedes más, con este tipo de especímenes, sutileza cero: mira macho, que no soy yo, que yo soy una joyita, que eres tú, que más que un diamante en bruto eres un diamante embrutecío.
Este tipo de maromo se merece de todo menos delicadeza, de todo menos eufemismos, de todo menos a ti.
No hay que sentirse mal cuando una se cansa: ¡es lo normal hartarse de un tipo así! Y no hay que soltar la frasecita del no eres tú, soy yo, de eso nada porque el tipo en cuestión se lo cree y piensa que en efecto él es puro y perfecto y el problema lo tienes y lo has tenido siempre tú, cosa que justifica todas sus acciones pasadas. De eso nada, que le quede claro quien tiene el problema, quien es insoportable, quien no está hecho para vivir en pareja (y puede que de hecho ni en sociedad), quien tiene que cambiar.
En este momento se lo dejas claro. Y mira, por si el muchacho de Argentino entiende poco, mejor se lo dices en Castellano de toda la vida: mira tío, ¡¡¡que no soy yo, que eres tú!!!

Y por si acaso la duda te asalta en algún momento de tu ciclo hormonal, pégate un post-it en un espejo y repítetelo todas las mañanas cual mantra: nunca he sido yo, siempre habés sido vos.

martes, 23 de agosto de 2011

De ex novios y demás bichos -1-

Veréis, hay ciertas reglas respecto a los ex novios. No me las he inventado yo, el mundo es así desde que es mundo, qué le vamos a hacer.

La primera regla de oro, una regla básica que todo ex debe de cumplir a rajatabla es la siguiente: un ex nunca jamás tiene derecho a rehacer su vida sentimental.
Tú sí puedes, es más, tú debes de rehacer tu vida amorosa, ¡faltaría más! Pero ellos han de quedar marcados por tu imborrable huella y su deber es llorar por las esquinas, así hayan pasado doscientos años, por el dolor de tu pérdida.

La que le sigue es: un ex novio nunca puede estar más guapo, atlético, triunfador y encantador que cuando estuvo contigo.
¡Eso es un agravio! Como consecuencia de las llantinas anteriormente mencionadas y del sufrimiento que le produce haberte perdido debe de estar hecho unos zorros: más viejo, más feo y más escuchimirrizado.
A ver qué va a ser esto de encontrártelo al cabo de los años y que esté hecho un pincel, atractivo, bronceado, musculoso y derrochando encanto. De eso nada. Un respeto a la ex novia, que eres tú, por favor.

Continuamos: un ex debe de mantener viva la esperanza de volver contigo siempre. Y llamarte, mandarte flores, comprarte cosas caras (que el amor se note en el sueldo, que no llegue a fin de mes pero tú te bañes en perlas) y arrastrarse todo lo que pueda y un poco más. La cantinela del ya lo he superado, ahora somos amigos es para nosotras, no para ellos. Qué amigos ni qué niño muerto, ¿tan poca cosa he sido que me superas como si nada y me tienes por amiga no deseando fervientemente poseerme? ¡Pero tú qué clase de ex eres, con quién estuve yo saliendo, esto qué es! Es como decirte sutilmente que no fuíste importante en su vida y no te necesita desesperadamente. Y eso es intolerable y no puede ser y además es imposible.


Prosigamos: un ex debe de escuchar vuestras canciones siempre que escuche algún tipo de música. Todo, canciones, películas, chistes, partidos del Madrid y carreras de Alonso han de recordarle a ti. A ver para qué sino has escuchado tú esa música con él, para qué viste tal o cual película o le dijiste que tal o pascual actor o género te encantaba, ¿por hablar de algo? Pues no, claro que no, fue para que al cortar se torturase al ver todo lo que a ti te gustaba y te eche terriblemente de menos, si por hablar de algo hubiera sido hubiéseis hablado del tiempo o de la nueva crísis de Belén Esteban con Fran, claro está.

Un ex, si comete la gravísima falta de estar con otra/s después de ti, ha de compararlas contigo y ellas han de salir perdiendo. Debe hablarles de ti y de lo maravillosa que eres, debe de buscar en ellas una réplica tuya.
Vamos, otra cosa que es así desde que el mundo es mundo, un ex no rehace su vida para ser feliz, la rehace en un vano intento por encontrarte a ti en otra mujer, todos lo sabemos.
Y añado: la nueva amiguita de tu ex (novia como tal sólo fuíste tú, las que estuvieron antes y vendrán después son sólo pasatiempos, como un sudoku nivel 1 de los que vienen con los suplementos de verano de diarios y revistas) debe de ser un amago de clon tuyo empeorado. La versión 2.0 fallida que nunca salió a la luz porque está llena de bugs.
De buscarse monumentos de interminables y firmes piernas, larga y sedosa cabellera rubia y ojos color mar que huelan a nubes de gominola, hablen seis idiomas, tengan tres carreras y ocho másters, les gusten los animales, la política, el deporte y sean ninfómanas, nada. Además porque espero que no exista ninguna mujer así, a ver qué vamos a hacer sino mi celulítis y yo, no fastidies.
Así que la nueva ha de ser de tu mismo color de pelo y ojos y del mismo estilo. Ahí, como intentando ser tú pero sin toda tu magnificencia, sin todo tu esplendor, tu gracia natural, tu magistral habilidad para combinar ropa y vestir, tu arrolladora simpatía.
Vamos, que se busque un cardo borriquero.

Y hay más, no creáis que aquí acaba la cosa pero es de sabios saber dosificarse y qué queréis, necesito fumarme un cigarro.
Así que sobre las reglas de oro de los ex novios seguiremos hablando otro día. Mientras tanto si tenéis alguna más que no haya mencionado, toda aportación será bien recibida :)

lunes, 22 de agosto de 2011

Sé infiel y no mires con quién.

El otro día comentábamos en casa, como quien habla de la última película que ha visto en el cine porque nosotros somos así de guays y de raros que ultimamente ha proliferado un tipo de página en internet un tanto curiosa: para que los casados / emparejados sean infieles.
Me veo en la necesidad de abordar este tema puesto que en las últimas semanas ha sido muy manido por mi círculo de amistades: el cuerno ¿es bello?, ¿es necesario?, ¿es aceptable y más aún, perdonable? ¿Estamos los humanos destinados a la poligamia y lo antinatural es la fidelidad? ¿Qué hacer cuando tu pareja tiene una cornamenta que se quedaría enganchada del Arco Del Triunfo Francés si intentase pasar por él?
Yo no es que sea una ferviente defensora del cuerno, los he puesto, como todo el mundo (sí, sí, tú que estás leyendo esto no me digas que no porque sabes que has sido infiel como todo hijo de vecino y si no lo has sido es bien porque nunca has tenido una relación que poder mancillar, bien porque no has tenido oportunidad de mancillarla) pero que los haya puesto no significa que los abrace, que me parezcan bien (especialmente no si la portadora de la peineta soy yo) o que recomiende ponerlos.
El cuerno lo pones cuando algo en una relación no va bien o cuando tú misma eres la que no va bien. Sea como sea, el cuerno es señal de que algo no está funcionando como debería.
No es que al estar en pareja haya que volverse, como dice Shakira en una de esas canciones en las que, extrañamente, se entiende lo que dice (yo soy fan del grupo de Facebook yo tampoco entiendo lo que dice Shakira en sus canciones y es que esta chica necesita unas clases de dicción como el comer, pero ese es otro tema) bruta, ciega, sordomuda, eso pasa los primeros meses y por suerte más que por desgracia, es transitorio: pasado un periodo de tiempo recuperas la vista y ves ejemplares dignos de admiración (ay Rodolfo Sancho, ¡si yo quisiera y tú te dejaras..!) pero no debería de pasar de ahí: contemplación, no toqueteo ni lengueteo ni sobeteo ni intercambio de fluidos ni... eso, vamos, tampoco hace falta perderse en detalles.
Lo normal es saber lo que uno tiene en casa y aceptarlo y quererlo con sus defectos y sus virtudes. Yo misma amo a mi novio con tierna devoción (vamos, que a veces lo estrangularía pero a grandes rasgos lo quiero mucho) pero cuando pasa un Macho Alpha a mi lado lo miro porque tampoco vivo en un universo paralelo. Y ahí queda todo, lo miro, puedo bromear sobre lo atractivo que es para encelar un poco a mi novio (tarea imposible, por otro lado) pero a la hora de la verdad, si el maromo se me acercase con intenciones copulativas, yo saldría por patas.
Porque el Macho Alpha puede estar tremendísimo pero el amor, la complicidad, la ternura, el cariño y toda esa interminable lista de cosas que tienes -o deberías de tener- con tu pareja, el maromo en cuestión no te las va a proporcionar en treinta minutos o en una noche (más de una noche ya no son cuernos, ya es una manada de arces con premeditación y alevosía). Y eso prima sobre una intensa sesión de intercambio de onomatopeyas, arañazos, mordiscos y saliva.
Cuando no es así deberían de sonar tooodas las alarmas: algo falla.

Pero aquí no termina todo. Hay veces en las que aún sabiendo que la infidelidad no está bien, nos lo pasamos todo por donde el vientre pierde su nombre y nos tiramos de cabeza al cuerno, doble salto mortal hacia adelante y gracíl (o no) caida sobre los labios (o alguna otra parte del cuerpo) del maromo de turno.
Y ahí ya empieza el remordimiento (quizás ahí, ahí, tampoco. Démosle un margen de treinta, sesenta minutos, tal vez incluso lo que dure una resaca en pasarse): que si ahora qué hago, que si se lo cuento a mi pareja, que si no, que si es que si no se lo cuento le estoy mintiendo, que si se lo cuento le haré daño... Y venga sesiones interminables de estrujamiento neuronal sobre lo que se debería o no hacer, incontables cafés con las amigas (miento: se suele empezar por un café pero a medida que aumenta la desesperación por no hallar una solución satisfactoria se pasa al batido de chocolate, a la cerveza, al vaso de vino, a una copa, a dos copas, seis copas, dos botellas... En este punto tratar de mantener la compostura, coger un taxi e irse a casa, de lo contrario la situación puede complicarse mucho más incurriendo nuevamente en el encuerne y entonces ya apaga y vámonos)
El caso es que a mí esto me parece sencillísimo: a nadie le gusta que le pongan los cuernos. No nos gusta sospecharlo, tener la duda planeando sobre nuestras cabezas cual nubarrón de tormenta de verano, no nos gusta la duda, el ¿y si...?, no, no nos gusta. Pero menos aún nos gusta la certeza del peso del cuerno sobre nuestras cabezas, las preguntas que surgen, la inseguridad, las tortuosas e inevitables comparaciones, etc.
De modo que para mí, si uno ha tenido los genitales de meterse en la cama con otro, tiene que tener también los genitales de aguantar la culpa.
Es muy fácil ir a tu pareja y entre lloros, culpas y disculpas, confesar para lavarse la conciencia pero ¿y el otro qué? Para aliviar tu mala conciencia entristeces a tu pareja, le haces pasar un mal rato. ¿No basta ya con haberla engañado, hay encima que explicárselo y que cargue con ello? Yo creo que no. Yo creo que uno y sólo uno es responsable de los cuernos que ha puesto y el cargo de conciencia que generan y por tanto uno y sólo uno ha de ser quien cargue con ello. Si los tuviste de oro para gozar, tenlos de oro para aguantar. No hay más.
Dicho lo cual, compartiré un punto más sobre mi enfoque en lo tocante a los cuernos: no me importa tenerlos mientras no lo sepa ni lo sospeche. A mí me da igual lo que mi novio haga una noche que pierda la cabeza en una botella de ron mientras sea conmigo con quien quiere estar (ojo, quiere, no siente que debe estar) y mientras sea algo puntual y no un hábito. En ese caso que le quiten lo bailao, eso que se lleva pa su cuerpo porque de todos modos me parece igual de feo que desnude a una tía con los ojos y se la coma en sueños, eso me parece tan cuerno como un revolcón.
Creo que una aventura de una noche es algo irrelevante si una relación es sólida. Pero como comentaba antes: que no venga a contármelo para lavar su conciencia.


Una vez parrafeado todo esto vuelvo al tema de las webs que te incitan y ayudan a ser infiel. Una cosa, creo yo, es que el encuerne surja y otra muy diferente es buscarlo. Para mí, si buscas un engaño a plena conciencia, con dolo, entonces ya es que o eres muy retorcido o quieres bastante poco a tu pareja porque si sales fuera a buscar lo que ella no te da, tal vez debieras de romper con ella e ir a buscarlo sin tenerla metida en casa esperando a que tú regreses. Eso ya alcanza niveles de cabronería muy altos y nadie se merece tener por pareja a un cabrón, encima infiel.


domingo, 21 de agosto de 2011

A brand new start.

Si habéis leido a la legendaria Lucía Etxebarria (sin tilde) os sonará el título del blog. Pero aplicado a mi caso no servía del todo el título del libro de Lu, se había dejado cosas en el tintero.
El amor y la curiosidad obviamente me los quedo, si no escribo aquí de amor ya me contaréis. Las dudas me vienen de serie así que eso era incuestionable.
Lo siguiente era el Prozac pero yo soy más de otro tipo de fármacos, que los antidepresivos tricíclicos están muy bien pero yo soy de cosas un poco más fuertes. Me pega el Orfidal porque es antidepresivo y ansiolítico y hace un efecto devastador, da un dolor de cabeza como de resaca espantoso. Yo también causo efectos devastadores y sobre todo dolor de cabeza, quien me conoce lo sabe.
El drama pues como que también me corre por las venas porque yo soy muy de que si puedo complicar las cosas para qué las voy a simplificar. Que con los demás hacer esto último se me da fenomenal pero ya sabéis, haz lo que yo digo y no lo que yo hago. Además estoy en un momento de mi vida en el que continúo estudiando (quién me mandaría) así que obviamente necesito distraerme con dramas absurdos para no estudiar, me da un halo como mucho más interesante que ser el tipo de chica que sencillamente se sienta delante de los apuntes, estudia y aprueba. Yo soy más bien la atormentada que se dedica a asuntos profundísimos que, muy a su pesar, le roban tiempo de estudio pero cuya solución es vital para el resto de la humanidad.
Y de los gatos qué os voy a decir, que tengo cuatro porque no puedo tener mil, que si pudiera, ¡ay, si pudiera! Que todo el mundo me dice que soy la niña loca de los gatos, que acabaré como la Señora loca de los gatos de los Simpsons cuando sea mayor. Y ¿sabéis qué?... que creo que tienen razón pero no me importa, amo a los gatos. Amo a los animales en general casi más que a las personas (más que a algunas desde luego).
Y esta soy yo, este es el libro que Lucía Etxebarria (ya sabéis, sin tilde) hubiera debido escribir sobre mí. Pero como no lo ha hecho porque no nos conocemos he tenido que hacerlo yo, qué remedio. Pasa que para escribir un libro hay que tener un contexto, un hilo argumental, una trama, unos personajes... y yo soy muy inconstante y no sería capaz de mantenerme en una misma línea durante doscientas páginas seguidas. Así que he pensado que mejor me abro un blog y vomito aquí los trocitos de mi vida (o no) que ora quiera, ora necesite grabar para no olvidar. Y como los diarios con folios y candadito y las notas de Word han pasado a mejor vida y lo que se lleva es tener blog y yo también soy muy de seguir las tendencias, ya os daréis cuenta, pues pudiendo airear mis trapos sucios ante todo el que buenamente quiera leerlos, para qué voy a guardarlos en el cajón de mi intimidad.

Como ya os podéis imaginar, soy puro caos, como me dice un buen amigo, un desastre de persona, así que aquí no van a haber reglas fijas, ni temática, ni fecha de actualización. Utilizaré esto cuando me apetezca o cuando me acuerde de que lo tengo para escribir sobre lo primero que me venga a la mente, sea sobre política o sobre lo poco que me quiere mi novio (ese tipo de post lo suelo escribir cada veintiocho días, en eso sí soy bastante predecible y metódica).

A decir verdad no tengo ni idea de hacia dónde va esto pero ¿por qué no intentarlo?

Los motivos sobre por qué he decidido hacerlo quedan para otra noche, tampoco voy a hacer un desnudo integral el primer día por mucho que me haya decidido a hacer un ejercicio de exhibicionismo con esto.
De momento sed bienvenidos al blog de una drama queen, una loca de los gatos o cómo queráis llamarme.

Nos leemos pronto ;)