Contacto

Ponte en contacto conmigo: diariodeundramaanunciado@gmail.com

Sigue el blog por mail ¡y no te pierdas ni un sólo post!

jueves, 15 de diciembre de 2011

Son puñales que se clavan.

Mis sueños me lo dicen un día sí y otro también y cuando mis sueños no dejan de enviarme un mensaje es porque me están avisando de algo que está pasando o va a tardar cero coma en suceder.

Si hablamos de celos, yo soy muy selectiva y con bastante buen criterio. Suelo saber en quien puedo confiar y en quien no. Rara vez tengo celos con un hombre digno de confianza.

En cambio cuando el susodicho no es trigo limpio no vivo tranquila. Siempre lo he dicho, si no encuentro algo es porque no lo busco. Y a veces hay cosas que, aunque yo no quiera verlas, me saltan a la cara. A decir verdad es cierto aquello de que no hay peor ciego que aquél que no quiere ver y eso debería de hacer yo con este tipo de hombre o intento de: volverme ciega y sorda, alejarme de cualquier red social, de cualquier teléfono móvil, de todo. En esencia, irme a vivir en medio de la montaña sin cobertura, sin gente... y sin mujeres.
Porque si no el corazón se me encoge cada vez que te suena el móvil, cada vez que hablas con alguien y no sé con quién y lo que es peor, que no te creo cuando me dices con quién.
Cada vez que alguien te escribe algo, cada vez que no estás conmigo, cada vez que no te veo y sé y siento que tus pantalones piensan por ti y que eres inseguro y cambiante y cualquier escoba con minifalda que se te ponga delante va a producirte, sino una erección, al menos un cosquilleo por dentro.

¿Y qué hacer en estos casos? Alejarte. El hombre que ha sido así difilcimente cambia y lo que es peor, dificilmente se gana mi confianza. Y eso no es vivir, pesadillas, el estómago en la boca cada cinco minutos cuando estoy contigo, continuamente cuando no estás. Eso no es vida, es un infierno y no se lo deseo a nadie.

Lo que no sé es cómo se le explica esto a la otra parte: te quiero pero te dejo porque no confío en ti. Te dejo porque no puedo confiar en ti. Te dejo porque me haces daño. Te dejo porque sufro.

Hay casos en los cuales el maromo ni se molesta en desmentir todo lo anteriormente mencionado, se calla y punto. Y quien calla otorga.
Pero cuando él te dice que no es verdad, que te quiere a ti y las demás no significan nada y tú no puedes creerle, no hay nada que hacer. Hoy piensas así pero ¿cuánto durará? ¿Una semana, un mes, un año? Si ya me lo has hecho, ¿quién me garantiza a mí que no lo vuelvas a hacer? ¿Por qué debería de creerte cuando me dices que no se repetirá? ¿Que soy yo y sólo yo?

Así que te dejo porque no puedo confiar en ti. Te dejo porque me haces daño. Te dejo porque sufro. Te dejo porque no te creo. Te dejo porque me duele. Te dejo porque no puedo vivir así. Te dejo porque no has sabido valorarme, no has sabido darme la confianza que necesitaba. Te dejo porque tengo miedo. Porque si esto duele así hoy, ahora, no quiero imaginarme cómo puede llegar a doler en otras circunstancias, en otro momento, si las cosas hubieran sido diferentes.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Beyond everything.

Si te has enamorado alguna vez en la vida, lo sabes. Cuando alguna gente me dice a veces yo no sé si me he enamorado alguna vez, automaticamente les contesto que no, que no lo han hecho, porque cuando has estado enamorado, enamorado de verdad, lo sabes y no albergas duda alguna.

Yo me he enamorado, claro que sí, a estas alturas quien no lo sepa es que no ha leído nada de este blog. Me he enamorado hasta la locura, hasta el dolor, hasta hacer y decir cosas que jamás pensé que fuese capaz de adoptar como propias. Me he enamorado hasta el fondo de mi alma, con todo lo que soy, todo lo fuí y todo lo que probablemente seré.

Ese tipo de amor deja cicatrices, en mi caso visibles e invisibles. Pero las deja y están ahí y cuando cambia el tiempo duelen, cuando las miras bajo una luz muy directa se ven, cuando te acuestas, antes de dormirte pican. Cuando te duermes, te devoran.

Enamorarme en mi caso ha sido perderme. Enamorarme y volverme loca. Con el paso del tiempo obviamente -y a Dios gracias- he aprendido a controlarme, a no decirlo todo siempre, a dominar mis sentimientos y mi lengua, a apaciguar lo que sentía y no dejarme llevar.
Pero hay ocasiones en las que no puedo reprimirme más, en las que por algún lado tengo que dejar que la herida infectada estalle y drene.  Y entonces me sube la fiebre, mi cuerpo está en llamas, me muero de sed y deliro.

Es el momento, cuando nadie me ve, de vaciarme por completo y dejarme arder, de dejar de intentar dominar a mi Neocórtex y mi Paleocórtex y simplemente dejar hablar a la locura, al corazón, a todo lo que me esfuerzo en reprimir y ocultar bajo toneladas de razón y autocontrol.

Llévame a donde tú quieras.

Me harás daño, lo sé, pero cuando estoy contigo no me importa nada, ni siquiera saber que volverás a destrozarme.


No me dejes sola nunca más.

Nunca he dejado de pensar en ti.



Haría lo que me pidieras.

Te he amado más de lo que jamás podré amar a nadie.



Ya no hay tiempo ni espacio pero sí persona: la tuya y la de quien te quema cada vez que te mira. Te duele todo, te sobra todo, no importa lo que pasó antes ni lo que pasará después, no importa nada, sólo sus labios, su pelo, su olor, el color de su piel, los lunares de su cuerpo, su respiración.



Te echo de menos cada segundo que paso separada de ti.

'Odio todo lo que se interpone entre tu cuerpo y el mío, así sea el aire'.

Miénteme si tienes que hacerlo pero dime que me quieres, que no me dejarás irme nunca, que siempre volverás a buscarme.



Dime que me amas.

Dime que nunca has dejado de pensar en mí.





Y sigue subiendo la fiebre y doliendote el cuerpo entero, doliendote la piel, las manos, el pecho, las sienes, temblando las rodillas que no pueden mantenerte en pie y por eso necesitas que él te sujete, que no te deje caer, que te apriete fuerte entre sus brazos y te diga lo que siempre necesitas oir, aquella melodía de la que jamás te cansas.
Probablemente él deba meterte en la ducha para enfriarte, para que la fiebre baje, para que dejes de delirar y allí, en medio del agua cayendo, te sujeta con todas sus fuerzas para que no te rompas, para que no te desmadejes y termines llorando en un rincón bajo el chorro de agua.
Las gotas se clavan como finos alfileres, como todos los años, los meses, los días, las horas, las milésimas de segundo que llevas clavados en la piel, todas las milésimas de segundo que te han hecho heridas para siempre porque las pasaste sin él.
Y al fin las lágrimas que se confunden con el agua.



No te vayas.

No me dejes nunca.

Haré lo que me pidas, te daré lo que tú quieras.

No me dejes.

No me dejes.

No me dejes nunca más.

Te quiero.


Te quiero, te quiero, te quiero...

No te vayas.

Por favor, no te vayas.




Labios entre labios, manos entrelazadas, quejidos de dolor, rios de tinta negra que nacen en los ojos, ojos que miran desde el más allá, más allá de la locura. Abrazos fuertes que podrían romperte todos los huesos del cuerpo, mordiscos, arañazos.



Te quiero, no te separes de mí.

No te vayas.

Vámonos de aquí, lejos tú y yo.

No te olvides nunca de mí, por favor.



El cristal frío de la mampara va a sujetar tu espalda pero sólo él puede sujetarte al alma.



Quédate, quédate, quédate, no me dejes sola.


Besos con sabor a tabaco a Bourbon, tal vez a tabaco y a otros besos, tal vez a tabaco y a amargura.


No quiero vivir sin ti.

No te vayas.

No me hagas daño.

Cuida de mí.



Y todo esto para perder el último ápice de cordura que te quedaba y mientras intentas sujetarte a su cuerpo con todas tus fuerzas para no caerte, susurrarle a gritos: te amo y nunca, ni por un segundo, he dejado de amarte.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Tres años y un día.

A mí me gustaría poder decir otra cosa pero lo cierto es que el amor es exigente.
No hablo particularmente por mí ya que yo soy más bien del tipo de persona que tiende de manera innata y natural al emborregamiento: me emperro con una relación y hasta que no me he pegado la más grande de las leches de toda la historia de la humanidad de las relaciones no paro. Supongo que porque necesito saber que hice todo cuanto pude, que di todo lo que tenía y que luché y aguanté con estóica paciencia, que no me rendí a la primera de cambio.


Con esto y con todo, aunque yo haya arrastrado carros y carretas en el pasado, tengo que deciros que el amor se acaba. Me ha pasado incluso a mí, con eso os lo digo todo. A mí que no soy de esas personas que cambian de ropa interior, ideas y sentimientos a diario o semanalmente (sí, hay gente que se cambia la ropa interior una vez por semana, es inquietante a la par que repugnante pero verídico), que soy de las que se enamora hoy y me pierdes hasta dentro de cinco años por lo menos.

Pues sí, como os decía el amor es exigente y se acaba, si me pasa hasta a mí es que es algo común.

Supongo que todo comienza cuando la otra persona, en este caso el hombre, sabe o más bien cree que te tiene enganchada por los siglos de los siglos amén, hasta que la muerte os separe y se relaja. Que ojo, una cosa es estar tranquilo con tu relación, que haya confianza, calma etc y otra es estrapayarse en el sofá, agarrarse los testículos con la mano izquierda y con la derecha el mando de la televisión (es lo que un amigo denomina 'La Postura del Hombre') y hala, aquí me las den todas, tráeme de beber, tráeme el cargador del móvil, tráeme la ducha, tráeme al médico y tráeme la vida entera a este sofá.
Que oye, yo si él susodicho está enfermo le llevo al sofá hasta al confesor pero así gratuitamente cuando estoy yo también sentada -que no tumbada y con una mano en la entrepierna y en la otra el esmalte de uñas-, habiendo hecho los dos las mismas cosas al cabo del día pues me joroba un poco que me pidan que me levante yo como si todavía estuviésemos en las cavernas, en cuyo caso no veríamos la televisión sino las pinturas rupestres y no nos comunicaríamos por Whatsapp sino con señales de humo.
Esto obviamente es una metáfora aunque no pocas veces se da literalmente.


Y entonces como que empiezas a desencantarte un poco. Se pierden los detalles, los sms sin razón, los mails que sólo ponen 'mi cama huele a ti, ojalá todas las noches durmieras en ella', las llamadas de horas que intentan terminar con un cuelga tú, no cuelga tú, no jo cuelga tú, las flores fuera del aniversario etc.
Empiezas a pasar menos tiempo con tu pareja, hay detalles, nimiedades tal vez que van abriendo brechitas en tu corazón, cosas absurdas que para ti tienen importancia y se acumulan en el cajón de las cosas que al fin y al cabo son tonterías, no tienen importancia pero que para ti tienen y mucha, etc, etc.


A esto se suman las dudas. El no saber hacia donde vas ya, si es verdad que te quiere igual que el primer día, si es verdad que las demás no le importan y a la hora de la verdad sólo tiene ojos para ti; empiezan las sospechas, el runruneo en el estómago cada vez que le suena el móvil, el odio cada vez que aparece el nombre de una mujer en una conversación, los tengo dudas y necesito tiempo, los ahora te quiero y ahora no, las cosillas sospechosas que de vez en cuando te encuentras por aquí y por allá... Y no le das importancia al principio, piensas que al fin y al cabo con quien está es contigo y será por algo pero al cabo del tiempo estas cosas terminan por hacer mella. Mucha.

Se enfría el amor, se pasan las ganas, se abren espacios entre ambos que ya no sabes cómo llenar, de repente un día te sorprendes prefiriendo quedar con amigos a estar con él, otra noche te fijas en un chico que ves en un local y no te acuerdas de que en algún sitio estará él quién sabe si haciendo lo mismo que tú, un día los te quiero ya no encuentran el camino hasta tus labios, los besos ya no significan nada y los evitas...
Un día sin darte cuenta se te ha acabado el amor porque la falta de detalles, el tiempo sola, las noches sin dormir, las sospechas, las dudas que no tenias tú pero él sí, los nombres de mujeres por los cuales no has preguntado, la desidia, las cosas que se dijeron demasiado tarde, las confesiones a destiempo, la seguridad mal entendida.. han dado al traste con un amor que parecía a prueba de bombas, a prueba de viajes, a prueba de horas extra, de días especiales olvidados, de palabras que nunca llegaban, de compañeras de trabajo y amigas de amigos, a prueba de Martas, Lauras, Marías y 'esta' o 'aquella', a prueba de ti misma.

Un día él te pide algo más: vámonos a vivir juntos. Sal conmigo en serio. Cásate conmigo. Y ese día a ti se te ha hecho tarde. Deseabas oir eso pero ha llegado demasiado tarde.

Un día él te pide algo que tú ya no puedes darle. Porque tienes tantas astillas clavadas en el corazón que sientes que ya no vale la pena: no vale la pena porque de tanto tensar la cuerda se ha roto. De tanto machacarte el corazón se te te ha roto.

De tanto abusar del amor, se te ha terminado.

Y puede que ese día sea hoy, el día en que sé que nunca estaré tranquila contigo, que nunca estoy segura de ti cuando no estoy a tu lado, el día en el que por mucho que tú me lo pidas y yo lo intente, ya no puedo confiar en ti ni puedo hacer ningún esfuerzo más por ti porque se me ha hecho tarde, has llegado muy tarde, te he esperado demasiado tiempo ya. Porque como dice la cancion hoy, después de tanto tiempo, hoy ya no te quiero.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Y decirte alguna estupidez como por ejemplo 'te quiero'.

Una vez más me ha pasado lo típico de estar buscando un papel importante, una cosa muy concreta y sumida en pensamientos del tipo tengo que empezar a ser más ordenada, esto es un desastre, ¿qué habré hecho con el papel? J*der me c*g*o en mí.. Por favor que aparezca el papel, que aparezca, por favor, por favor, por favor, prometo ser más ordenada de hoy en adelante, de repente encuentro un taco de papeles un poco desgastados, polvorientos, que no sé qué son de modo que abro uno de ellos, un sobre amarillo con una letra que ya no reconozco, en mayúsculas, que tiene hechos a boli bic azúl unos dibujos extraños y comienza con Lee esto cuando lo necesites, tal vez todos los días porque son cosas que no cambiarán... y me quedo de piedra, cuanto más porque pensaba que había tirado esas cartas.

Que te quiero y sólo tengo un propósito: hacerte feliz. Por eso me levanto todos los días.

Que tu novio te quiere muchísimo, quiérele un poquito tú también a él.

Vales muchísimo, tú lo vales todo.

No vuelvas a decirme esas cosas nunca más, yo te prometo poner de mi parte...

No me falles aunque no estemos juntos, por favor.



Leo cosas sueltas, sé que si lo leo todo voy a recordar y si recuerdo.. verás, es que yo no quiero recordar. Ni lo bueno, que fue más bien poco, ni lo malo, que casi acaba conmigo.


No te quería, nunca te quiso, me dice todo el mundo. Yo por mi parte a veces también digo que yo tampoco te quería, que dependía emocionalmente de ti porque a eso me habías enseñado. Pero lo cierto es que te quise sin medida, claro que te quise. Tú lo sabes, te lo decía continuamente, hasta el último día: te amo. Me fuí tranquila por eso, porque sabía, sabía en lo más profundo de mí misma que por mucho que tú te empeñases en hacerle creer al mundo y sobre todo a ti mismo que yo nunca te quise, en los confines de ti mismo, allí donde termina la razón y comienza la convicción, las creencias, la fe y todo lo que escapa al raciocinio y es intangible, allí donde anidan nuestros miedos, nuestras obsesiones y nuestras emociones más hondas sabes que te quise como nunca nadie te había querido antes ni te querrá en un futuro por mucho que vivieses ciento cincuenta lustros y que estuvieses con una mujer distinta cada día de ellos.

Yo no sé si tú me quisiste, en su día, bien lo sabes, todo aquello me sonaba a recurso de un abogado, a plática de orador ante un auditorio, no a un novio enamorado hasta la médula. Ahora no sabría decirte, lo leo sin juzgarlo, lo leo desde lejos, desde la burbuja protectora que me dan el tiempo, la madurez, la serenidad y un amor que me arrastró todo lo lejos de ti que pudo porque nada tiene que ver contigo, el norte y el sur.
Ahora han pasado exactamente siete años y a mí me parecen siete siglos. Es como si leyera una carta que no me pertenece, que no fue nunca dirigida a mí y me siento como si estuviese espiando la correspondencia de otra persona: no es para mí y aunque comprendo algunas de las cosas que el remitente escribe lo cierto es que otras no me son familiares: cosas entre el novio y la novia, supongo.
Para ser sincera esas cartas ya no van dirigidas a mí, lo fueron tal vez un día pero ya no. Además no soy la persona que era cuando me las entregaste, poco o nada que tengo que ver con la chiquilla impulsiva que se devanaba los sesos intentando entender qué es lo que tanto ella misma como el chico que tiene delante sienten. La niña que no quería dejarse domesticar y se rebelaba contra todo y todos. Qué bonitos a la par que confusos y aterradores son los veinte años, cuando sientes que lo quieres todo, que nada te basta y que no sabes cómo comerte el mundo a bocados porque ni siquiera sabes cuál es tu lugar en él.
Y qué serena es la antesala de los treinta, cuando aprendes a aceptar en silencio lo que te dan sin atreverte a pedir nada más porque cuando lo haces te sientes egoísta e injusta. Cuando los gritos ya no alcanzan más decibelios que los que tu cabeza pueda albergar, gritos que nadie oye, que se ahogan en el estómago y no llegan no sólo a la boca sino tan sólo a la garganta. Gritos que se transforman en lágrimas unas veces, en sonrisas con un cáriz un poco amargo las más.

Ahora sé mucho de lo que nos pasó, cosas que entonces no entendía porque no las veía. Pero con eso y con todo tengo que dejar las clases de piscología y psiquiatría de lado, todo lo que he visto, todo lo que he leído, tengo que dejar sitio, por pequeño que sea, a la ingenuidad y decirte...

... y decirte... podría decirte tantas cosas y a la vez no sería capaz ni de empezar por la primera...

... y decirte... decirte...

... que no sé como dos personas que se querían tanto pudieron hacerse tanto daño.





jueves, 24 de noviembre de 2011

016.

Hoy es el Día Internacional Contra la Violencia de Genéro.
Yo de este tema sé un poco.

La gente se pregunta cómo has podido meterte en tamaño lío cuando lo cierto es que un maltratador no te pega una bofetada en el preciso instante en el que te pide tu número. No somos idiotas, si un tío nos viene así de primeras, no nos tiramos de cabeza al conflicto.
Al principio son encantadores. Detallistas. Divertidos. Inteligentes. Poco a poco, con detalles muy pequeños, va comenzando todo. Y antes si quiera de que te des cuenta te ha puesto en contra de tu familia, te ha separado de tus amigos y te ha lavado el cerebro hasta el punto de que no te reconoces a ti misma. Ya te has alienado, ya no eres tú, eres lo que él quiere que seas. Indefensa, sola, sumisa, te crees una basura y crees que él tiene razón, que la culpa es tuya, que eres tú la mala de la película y que es una suerte que él todavía te soporte. Porque claro, con lo loca que estás y la mierda que eres, quién va a poder quererte, ¿eh? Pues nadie, él porque es un santo varón, nadie más.
Por eso aguantas, porque ya no tienes a nadie y crees que nadie más que él va a poder quererte y aguantarte.
Pues mira, déjame que te diga una cosa...

Si te humilla, no te quiere.
Si te insulta, no te quiere.
Si te infravalora, no te quiere.
Si se burla de ti, no te quiere.
Si te grita, no te quiere.
Si te pega, no te quiere.
Si te da miedo, no te quiere.
Si te ha apartado de tu familia y de tus amigos, no te quiere.
Si te dice cómo vestirte para no parecer una puta, no te quiere.
Si te controla las llamadas, los sms, el mail, si te espía... no te quiere.
Si tienes moratones que tapar, no te quiere.
Eso no es amor. Es una enfermedad. Está enfermo y te está enfermando a ti también.
Insomnio.
Ansiedad.
Pérdida del apetito.
Pérdida de interés por las cosas que antes te gustaban.
Aislamiento social.
Sentimiento de culpa.
Miedo.
Llanto.
Eso es una enfermedad y te la ha provocado él. Se llama TERROR, DEPRESIÓN, PROCESO DE ALIENACIÓN, DEPENDENCIA PSICOLÓGICA Y EMOCIONAL.

Tú no tienes el problema, lo tiene él.
No se pega a quien te quiere y se supone que quieres.
No se aisla a quien quieres.
No se humilla a quien quieres.
No se insulta a quien quieres.
No se chilla a quien quieres.

Se cuida a quien quieres.
Se protege a quien quieres.
Se le dicen cosas bonitas.

Tú ahora no lo crees pero existe otro tipo de amor. Y claro que eres digna de él y que lo encontrarás. Pero no con él a tu lado. No si un día te da un mal golpe o te golpea tan fuerte que pierdes el equilibrio, te caes y te das en la cabeza con algo. No si estás muerta.

Existe un amor que cuida, que lleva cuidado, que protege para que no te roce el aire, un amor hecho de confianza, de cariño, de mimos. Donde las marcas no son de dolor, no son arañazos o morados, son marcas invisibles de besos, de caricias.

Él está enfermo.
Él tiene el problema.
A él es a quien nadie va a poder querer nunca, por mucho que te haga creer que tiene millones de amigas que lo adoran.
Él es el que provoca repulsa, aunque tenga un nutrido grupo de amigotes que no saben nada de cómo se comporta contigo porque muy bien se cuida él de decírselo, él les cuenta lo que tú haces, lo que él hace se lo calla. Por eso sus amigos te miran mal y creen que él es la víctima.
Él es quien va a quedarse más solo que la una.
Él es quien no merece la pena, a quien hay que señalar con el dedo y aislar.

ÉL, NO A TI.

Si te chilla, denúncialo.
Si te pega, denúncialo.
Si no te hace feliz, dilo.
Si tienes miedo, dilo.
Si quieres irte pero estás aterrada, dilo.
PIDE AYUDA, NO TE CALLES.

Somos muchas las que estaremos aquí para ayudarte y apoyarte. Sólo tienes que pedir auxilio y hacerlo mientras aún estás viva. Porque los hombres que matan a sus parejas o ex parejas no es sólo algo que salga en las noticias. No es algo que le pasa a los demás pero que nunca va a pasarme a mí. De hecho, la próxima puedes ser tú. Tú decides.

Llama al 016, no deja rastro en las facturas telefónicas, él no sabrá que has llamado, no tendrá forma de verlo.
Si llamas desde tu móvil basta con borrar esa llamada del registro o borrar el registro de llamadas completo.
Acércate a tu comisaría más cercana y cuéntalo. Denúncialo. Métete en foros en internet, en asociaciones, infórmate, busca ayuda, verás como la encuentras.
Pero no te quedes en casa, no esperes. Porque no va a cambiar. Nunca cambian. Nunca van a darse cuenta de cuantísimo les quieres y de la suerte que tienen contigo. NUNCA.
NUNCA CAMBIA NADA, SÓLO VA A PEOR.

Sólo tienes una vida y el derecho y la obligación de vivirla al máximo de tus posibilidades, de aprovecharla y ser feliz.

Tú decides. Vivir y ser feliz o ser la próxima que salga en las noticias.


TOLERANCIA 0, TODOS CONTRA LA VIOLENCIA DE GÉNERO. LAS QUE LA SUFREN, LAS PRIMERAS.

Pelo negro como mi pena, cabello rubio del color del trigo.

Los sueños son un misterio para mí.
En ellos veo a gente que jamás había visto en mi vida pero que existe. Veo a gente que he visto en fotos, gente cuyo rostro no creía recordar.. y en cambio ahí está, clavado en mis sueños.
Veo fotos que pensaba que eran una ilusión de mi mente y en cambio existen sobre un papel, en una pantalla.

Pesadillas. Chicas que no pensé poder recordar, que creía no haber visto nunca, ahí, delante de mí. En persona, en fotos. Sms.
Rabia, muchísima rabia. Veo cosas que no quiero ver. Besos, caricias. Siento el amor, de ti por ella. La furia, de mí por todo. Desesperación, dolor.
Me despierto como puedo y quiero pensar que no es real pero lo siento dentro, muy dentro y sé que ha existido y eso me hace aullar.
Me vuelvo a dormir y vuelven a estar ahí, una y otra vez, las cosas que nunca hubiera querido ver, los sentimientos que nunca jamás hubiera querido volver a sentir.

Así todo un día, un día en el que me estalla la cabeza y no encuentro descanso ni refugio porque cuando me duermo ahí están, ellas que han tenido todo lo que creo que yo nunca tendré. Tú, que me dices que eres mío y que siento que eres de cualquiera menos de mí.

Los nervios, el dolor de estómago, el mal humor, la rabia, el come-come por dentro que va devorándome por dentro a bocaditos muy pequeños pero de dientes agudos y punzantes como un bisturí, que destruye cada uno de mis órganos y los hace sangrar profusamente. Que me erosiona el corazón.

Y pienso en ella, Mi Mujer Rubia, que no me da nada y a quien no le pido nada. Sólo unas horas al día en los que clave por una milésima de segundo sus enormes ojos plomizos como el cielo y me lleve lejos de todo esto.
No me da nada y no le pido nada porque a veces esas son las cosas que más paz reportan: aquellas que no te dan nada y a las que no les pides absolutamente nada.

El amor te hace egoísta. Duele. Dicen que las Mujeres Rubias también. No lo sé, yo he nunca he tenido una Mujer Rubia. Nunca he tenido nada, ni a nadie.

martes, 22 de noviembre de 2011

We could have had it all / Rolling in the deep.

Tenía pensadas un millón de cosas para escribir. Cosas sobre ella, la que podría ser Mi Mujer Rubia (siempre quise ser La Mujer Rubia de alguien o al menos tener la mía propia), cosas sobre él, él que es Mi Hombre Rubio. Cosas sobre lo que estábamos rozando con las yemas de los dedos, sobre madrugadas que ya nunca pasábamos solos, nunca solos, siempre tú y yo.

Tú siempre tienes algo que decir, me decía él. Y como siempre, se equivocaba. Ahora mismo no tengo nada que decir. Ahora mismo no tengo nada sobre lo que escribir. Ahora sólo puedo estar callada.

Así que voy a quedarme aquí en silencio, esperando que ocurra un milagro, que alguien, algo me devuelva las palabras. Que alguien, algo, me salve la vida.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Love will tear us apart. Again.

Esta canción siempre me encantó pero por alguna razón, terminé por olvidarme de ella en algún momento.
Un día, releyendo uno de los libros de Lucía, allí estaba: love / love will tear us apart again.
Y desde ese día nunca más la volví a olvidar. No la escucho mucho porque todos sabemos que las canciones que en un momento amamos y no dejamos de poner terminan por quemarse y ya no significan nada.
Así que no la tengo en ninguna parte, ni en el Mp3, ni en el Pc, en ningún sitio. Si quiero oirla tengo que tirar de Youtube. Cuando lo hago soy capaz de escucharla sin parar durante horas.
Porque esta canción es la canción de amor y desamor perfecta. Es una de las canciones más bonitas del mundo y cuando la escuchas te sientes triste pero fuerte, te inundan una melancolía y un dolor extraños, así que sólo me siento, enciendo un cigarro y la escucho una vez y otra y otra hasta que me he sumergido del todo en el dolor: en el mío y en el de la canción. Y después cierro la pestaña de Youtube, me levanto y sigo adelante. A veces bañarte en el dolor, en la melancolía, en los recuerdos, rebozarte en su fango, ahogarte, llorar y que se te ponga el vello de punta al ritmo de unos acordes hacen que cuando la canción termine te puedas mover. Que te puedas levantar y seguir con tu vida.
Yo creo que para superar algo hay que hundirse en ello primero. Si no te das el tiempo de que te duela en lo más hondo del alma, si no lloras hasta que sientes que la cabeza te va a estallar, no puedes seguir adelante, arrastras todo eso contigo día tras día, esa rabia no te deja liberarte.
De modo que yo me sumerjo en ello sin taparme la nariz y sin cerrar los ojos, me ahogo, veo la vida desde lo más profundo del dolor y la tristeza y cuando creo que estoy a punto de asfixiarme, un impulso, el de la supervivencia supongo, me empuja como un resorte a la superficie.
Y ya está, vuelvo a ser yo. Con una herida más, una lección más, tal vez un poco menos yo en cuanto a la inocencia y la fe, la confianza y el amor, pero sí más yo porque al menos no me arrastro por la vida como un fantasma, invisible, transparente, con sus cadenas a cuestas y su reblancor y frío mortecinos.

Así que hoy voy a dejar salir toda mi rabia, estoy tan furiosa conmigo misma que me estrangularía si pudiera.
Voy a dejar salir la pena, que desfilen ante mis ojos los recuerdos, voy a dejar que el dolor se apodere de mí mientras fumo y escucho esta canción. Esta, porque no podría ser otra.









Cuando la rutina aprieta con fuerza,
y las ambiciones son escasas,
y el resentimiento triunfa,
sin que las emociones aumenten.
Y al cambiar nuestros rumbos,
tomando caminos diferentes,
Entonces el amor, el amor nos destrozará otra vez.

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.

¿Por qué la cama está tan fría?
Me has dado la espalda
¿Escogí un mal momento?
¿Se nos ha acabado el cariño?
Y aún así aún queda el encanto
de lo que defendimos toda una vida
Entonces el amor, el amor nos destrozará... otra vez.

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.

¿Lloras todos tus reproches cuando te estás durmiendo?
Tengo un sabor en la boca
Como si la desesperación tomará el control
¿Es sencillamente que algo tan bueno
Ya no podría volver funcionar nunca más?
Entonces el amor, el amor nos destrozará... otra vez

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.

El amor, El amor nos destrozará... otra vez.
El amor, El amor nos destrozará... otra vez.
El amor, El amor nos destrozará... otra vez.


viernes, 11 de noviembre de 2011

Sería más feliz y nadie podría hacerme daño.

A lo mejor si tuviera los ojos verdes o azules...
Si tuviera un cuerpo bonito.
Si tuviera más pecho...
No lo sé.

A lo mejor.

Sí era un adiós.

Me siento increíblemente mal porque he sido injusta, he sido traidora, he sido mala. No quería hacer nada malo, simplemente no sé hacer las cosas mejor. No sabía, más bien. Creo que esto me servirá para recordar y aprender. Para no olvidar. Para volver a ser la persona que era antes de que todo esto empezase.

Me voy. Me voy porque donde tú estás todo es árido, es frío, llueve y no es malo porque las lágrimas se entremezclan con la lluvia y nadie hace preguntas al respecto. Nieva y hace frío, un frío glacial. Hay mucha gente, tanta gente que sólo te encuentro a ratos, gente con quien competir, siempre en tensión. Siempre insegura.

Así que he hecho las maletas a lo largo de la semana. Qué semana. No sé cómo ni cuándo empezó, sólo sé que está aquí, que pasó, que ha sido una semana para recordar y para olvidar a partes iguales.
Para revivir cosas, tantas cosas que no he podido con ellas.

Y me voy. A un sitio cálido, soleado. A un sitio donde no puedo llorar porque no hay lluvia que moje mis lágrimas.
Allí estamos solos, escondidos. Hay tiempo para todo, hay paz, tranquilidad. Allí no hay miedos ni inseguridades, sólo amor.
Amor, tranquilidad, seguridad. Nunca he encontrado eso en otro sitio. Nunca me he sentido segura allí donde había vuelto, nunca ha habido amor, ni tranquilidad, sólo inseguridad y miedo.
No hay competencia, no hay palabras que no se dicen, nada es gris ni frío. Es cálido, confortable, tranquilizador.
Así que me voy y sé que no volveré porque no tengo razones para volver, nadie me las ha dado.
Me voy, me voy, me voy... al sitio del que nunca debí salir.

Me voy, vuelvo a casa.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Heroína.

Verás, yo soy un exceso en mí misma. Me cuesta mucho tener puntos intermedios.
Con el tiempo y la madurez he aprendido a encontrarlos y aceptarlos pero no significa que me gusten. Yo cuando quiero algo, lo quiero todo.
No me valen las medias tintas, no me vale un pedazo, no quiero lo que los demás no quieren y no quiero tener que compartirlo. Lo quiero todo, sólo para mí.
Sé que puede sonar egoísta pero por ejemplo en el amor no hay punto intermedio, o quieres a alguien o no lo quieres, fin de la historia. Si estás enfermo o lo estás o no lo estás, no tienes un poco de cáncer o un poco de síndrome de tal o de aquello.
Pues esto es igual. Es un sí o es un no, no es un un poco, no es un no sé, ni un sí pero no, ni un te quiero a ti y... a otras tres más, ni un te quiero pero no sé cómo. Es te quiero y punto. Sin añadidos, sin explicaciones, sin matices, es todo o no es nada.

Obviamente no voy por la vida exigiéndole a la gente cosas que ni yo misma puedo dar pero lo cierto es que yo sé distinguir entre querer y tener cariño, sé de qué modo quiero a una persona, sé lo que es para mí, lo que quiero que sea, lo que fue y lo que será. Las nubes de humo tras las que puede estar un no puedo vivir sin ti o un lo siento pero me equivoqué, no estoy enamorado de ti a mí me tocan la moral y no las acepto. Fe de ello pueden dar muchos procesos de hombre que han pasado por mi vida, sólo uno ostenta el dudoso honor de clavarme pedacitos y pedazones de duda en el alma. Una y no más, nunca jamás en mi vida he querido, quiero ni voy a consentir otra vez semejante cosa. Porque duele en sitios que no pensabas ni que existían. Porque destroza, despedaza, desangra, desgarra, aplasta, oprime, sofoca, asfixia, desespera y nunca, nunca, nunca más voy a dejar a nadie hacerme tanto daño.

Y cuando alguien me quiere, quiero que me quiera como soy, a saber, con exceso. Quiero que me quiera toda, entera, todo lo que soy, todo lo que fui, todo lo que seré, quiero que me quiera sólo para sí, que no soporte la idea de que otra persona pueda tocarme, de que otro pueda deslizar la punta de su nariz por mi espalda.
Suena machista, obsesivo, enfermizo... pero es lo que hay. No tengo setenta años, soy joven aún y no quiero estancarme en sentimientos tibios, quiero quemarme, perderme, marearme, llorar, reír, quiero sentir que soy única y que mi historia de amor no es como otra cualquiera, que es única, igual que yo.

No me malinterpretes, yo no soy especial. Única sí, especial no. No tengo superpoderes, no tengo nada que me haga que me haga irresistible.
No tengo un millón de amigos, no tengo un físico espectacular, no soy la chica más sociable ni más simpática, no soy la más divertida ni la más alegre, en esencia no tengo nada más que corazón y cabeza que al final, son lo mismo.
Pero tengo un código genético, unos lunares, unas pecas, una cana muy blanca y brillante en medio de la parte derecha de mi pelo, tengo dos angiomas planos, una forma de tocarme los labios cuando estoy pensando, una manera de caminar cuando estoy distraída, una forma de acurrucarme y quedarme dormida que me hacen única porque soy la única persona en el mundo que tiene todas esas cosas juntas.
Y quiero a alguien que lo sepa y lo adore. Que no pueda vivir sin todas esas cosas que no me hacen más especial, ni mejor ni peor que ninguna otra mujer que haya existido antes o exista en el futuro pero que son mías y que, todas juntas, no volverán a repetirse nunca en nadie. A alguien que si algún día me voy repase cada noche esas cosas y se arañe los antebrazos porque sabe que nunca encontrará a nadie que pueda tenerlas como yo las tengo.
Como dice el refrán para el mundo yo sólo soy una persona, pero para alguna persona quiero ser el mundo entero, ayer, hoy y siempre.

Yo no soy nada. Y precisamente porque lo sé necesito que alguien se esfuerce con toda su alma en hacerme creer que sí lo soy.
Por eso le quiero a él. Porque él ve cosas que nadie más ha sabido ver, él me acepta como soy y el conjunto de mis manías, mis miedos y mis creencias es un conjunto que valora.
No me importa lo que haga cuando yo no le veo, me basta que cuando esté conmigo me haga sentir especial. No le pido más.
Me basta que me diga te quiero todos los días, un te quiero rotundo, sin peros, sin matices, sin condiciones, sin explicaciones. Te quiero y punto. Te quiero como eres, como fuiste y como creo que serás, te quiero como mujer, como novia, como un todo, como una amante, sin más matiz que el mucho. Te quiero a ti y sólo a ti.

No te quiero como amiga.
Te quiero como compañera.
Te quiero como complíce.
Te quiero para pasar el rato.
No Te quiero para sentirme alguien.
Te quiero para que me quieras y me hagas sentir especial.
Te quiero porque nadie más me quiere.
Ni Te quiero para que me des lo que otr@s no quieren darme.
Te quiero porque te necesito para tener a alguien a mi lado.
Te quiero porque no ha llegado nadie mejor.
Te quiero de momento hasta que otr@ llegue.
Te quiero hoy pero no sé si te quise ayer ni si te querré mañana.
No Te quiero porque me haces reír.
Te quiero porque me comprendes.
Te quiero porque estás ahí.

A la mierda con eso. Soy más que un pasatiempo, soy más que una solución provisional, más que un segundo plato, más que una amiga, más que una payasa que hace reír, más que una follamiga que quita telarañas, más que alguien especial que te da un abrazo cuando lo necesitas. Soy todas esas cosas, sí. Y soy también mucho más.

Y si no me quieres a mí y sólo a mí, si no quieres tenerme sólo para ti, si no te duele en lo más profundo del alma cuando me voy, si no sientes que no podrías vivir sin mí porque yo hago tu vida mejor, si no quieres encerrarme en una burbuja y que no sea de nadie más, si no quieres que nadie más me toque y me acaricie, entonces no quiero que me quieras.

Dar solamente aquello que te sobra nunca fue amar sino dar limosna, que decía la canción.
Y mira, a mí gente que me dé su vida entera, me sobra, un pedacito se me acaba pronto, un pedacito no me quita el hambre, un pedacito no me sacia.

Yo me merezco mucho más que eso. Y como me pasó aquél día, aunque no sea lo que me merezco al menos es lo que yo quiero. Así que si no vas a saber quererme con locura y sin medida ninguna, sin condición ni matiz alguno, es que yo no soy para ti y nunca lo he sido.

Luego no vengas a preguntarme porque ay, ¡que tú no! y por qué él sí. Es muy simple. Porque yo soy una droga dura y él sabe controlarme y dosificarme. Y si nadie más sabe, es que necesita algo más light, más fácil de sintetizar, a más bajas dósis. Más vulgar.

Y ell@s con total seguridad sí pero yo de vulgar, perdóname, pero no tengo nada. No se hizo la miel para la boca del asno.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

'¿A dónde van los besos que no se dan?'

A decir verdad en ocasiones El Contenido Del Silencio duele más por lo que no contiene que por lo que sí tiene.

Los 'te quiero' que nunca llegan.

Las promesas que nunca se hacen porque se sabe que no se van a cumplir.

Las palabras especiales que no se buscan porque no nacen de dentro.

Las cosas que no te callas porque simplemente no las piensas.

Los silencios que no están cargados de nada sino vacíos de todo.


Duelen más las cosas que no hacen que las cosas que te arrepientes de haber hecho.

El último beso que nunca diste.

El abrazo que no saliste corriendo hacia atrás para dar.

La visita que nunca planeaste.

La despedida que no tuvo lugar.

Las cosas que ya no vale la pena decir porque el momento pasó y cuando estabas a tiempo de decirlas nadie quería escucharlas ni tú querías pronunciarlas.


Me pregunto si vosotros os arrepentís de no haber hecho algo. De no haberos despedido. De no habernos besado. De no habernos dicho que nos queríais. De no haber luchado más.
Me lo pregunto de verdad porque yo sí me arrepiento de las cosas que no hice y que no dije. Se me clavan por dentro del corazón, del estómago, del cerebro, como clavos oxidados y me pudren, me duelen, me matan.
Toda la gente que se fue y no volverá y a la que tantas cosas me quedaron por decirle, que tantos besos y abrazos me quedó por darles, las palabras hinchadas en mi cabeza que ya no van a ninguna parte.


Me pregunto si tú me buscarías. Si eso fuera a pasar si yo sería la persona a la que correrías a buscar. Si en esa situación yo sería lo único que podría darte alivio, si perderte conmigo sería el único consuelo que te quedase.

A mí sí. No darás un paso en busca de tu enemigo, decían. Por eso yo siempre estoy quieta, puedo morirme quieta sin buscar a nadie. Porque ya no tengo claro quien es mi amigo ni mi enemigo. O tal vez lo sepa pero ahora mismo prefiera ignorarlo.

Sea como sea, voy a quedarme muy quieta. Para que si algún día eso pasa sepas donde encontrarme. Para que sepas que siempre he estado aquí, justo aquí, esperándote.

lunes, 31 de octubre de 2011

Entrevista a Lucía Etxebarria.

Con ocasión del lanzamiento de su nuevo libro, El contenido del silencio, del que ya hice un intento de review unos cuantos posts más atrás, Lucía ha dado la oportunidad a quien tenga un blog temático de hacerle unas preguntas y obviamente participé, ¿quién dejaría escapar la ocasión de entrevistar a un escritor que admira y cuya obra ha leido en su totalidad?
Aquí os dejo con la mini entrevista, espero que la disfrutéis tanto como yo :)

1. Amada u odiada, nunca dejas a nadie indiferente, ¿qué opinión te merecen esas personas que nunca han leido nada tuyo y se niegan a hacerlo pero aún así te critican? ¿Intentarías convencerles de que abriesen uno de tus libros para ora criticarte con conocimiento de causa, ora cambiar su opinión sobre tus obras?

No, no perdería el tiempo. La gente que se abalanza a criticar a gente que no conoce suele tener problemas de proyección muy serios, no es fácil convencerles de nada. Creo que ese tipo de gente lo que necesita de verdad es un terapeuta que les enseñe a mirar en su interior. Critican lo desconocido por miedo, y por complejo de inferioridad (muy relacionado con ese miedo)


2. En tus libros sueles describir a personajes fuertes pero vulnerables en su interior, ¿con qué personaje de tu última novela, El contenido del silencio te identificas más?

Me gustaría decir que con Helena, porque es el personaje más admirable de todos, y la persona que yo querría ser de mayor :-) Pero me temo que más bien con Gabriel


3. También sueles abordar el tema de amores difíciles de aceptar, especialmente en tu último libro, ¿has experimentado algún amor politicamente incorrecto que nadie, ni siquiera tus amigos más íntimos hayan sido capaces de comprender?

¿Y quién no? Creo que mis amigos tenían toda la razón en no comprenderlo y además ahora, desde mi perspectiva actual, no lo llamaría siquiera "amor". Más bien una relación catastrófica. Todos mis amigos me decían que lo dejara, y tenían toda la razón. Era más bien una adicción que un amor.


4. Esta obra te ha llevado un gran trabajo de investigación e inspección de los escenarios, ¿qué se siente al ponerle el punto y final a un trabajo que te ha costado tanto esfuerzo y ha quedado tan bien, queda cierta sensación de vacío, tal vez?

No, qué va... Alivio, sobre todo. Y por una vez, satisfacción. Antes era una persona crónicamente insegura y nunca estaba contenta con lo que hacía. No digo que ahora sea yo el epítome de la salud mental, pero he madurado un poco y he aprendido a valorarme a mí misma . Lo triste es que socialmente lo que está bien visto es la modestia, sobre todo entre las mujeres. Es decir que te enseñan a no reconocer tus propios logros. Pero esa actitud es muy autodestructiva. Así que ahora lo digo bien alto : ¡ mi novela es buenísima y me sentí feliz cuando la acabé! ;-)


5. La Extebarria y los animales ¿qué lugar tienen estos en tu vida y qué opinas de las leyes de protección animal?

Las Leyes de Protección Animal en España no protegen a nadie. Se tolera el abandono y el maltrato (en teoría se multan estos comportamientos, pero con multas de un montante ridículo que en la práctica no se aplican) , se permite el maltrato en festejos populares, las corridas de toros se subvencionan con dinero pagado de nuestros impuestos... Y para colmo ahora te multan si das de comer a un animal callejero. Es una vergüenza, tenemos la ley de ¿protección? animal más retrógrada de toda la UE


6. La crísis alcanza al mundo literario, ¿qué propones o qué haces tú para levantar este sector?

Que lo proponga un directivo o un político, yo bastante tengo con lo mío, que diría Chus Lampreave. :-) En serio, no tengo ni idea. Creo que la salvación estaría en el libro digital vendido a precios razonables, no como ahora, y en hacer campañas de concienciación muy serias para que la gente deje de piratear. Si piratean libros los escritores ya no podremos vivir de la literatura, y como tendremos que trabajar en otra cosa para vivir, ya no tendremos tiempo para escribir.


7. ¿Qué cosas suscitan a día de hoy la curiosidad de Lucía Extebarria?

Las redes sociales y la vida privada de Clive Owen



8. Con la proliferación de los blogs y la salida de tu nuevo libro estás apareciendo en multitud de ellos, más allá de lo que en ellos se escribe sobre ti, ¿lees lo que el dueño escribe en el resto de entradas? ¿Eres seguidora de algún blog, recomendarías que le echásemos un vistazo a alguno?

Leo sobre todo blogs animalitas y soy una gran fan de El Mundo Today, lo leo a diario.


9. Siguiendo con el tema blog, ¿te importa que haya adaptado el título de una de tus novelas para el mío o que otra gente utilice otros títulos tuyos en sus blogs?

Me lo tomo como homenaje y gran honor (nota de la del blog: ¡uf, menos mal! Qué alivio...)



10. No sueles tener pelos en la lengua, no obstante ¿vales también más por lo que callas que por lo que dices o siempre, sin excepción, te expresas libremente sin importarte el qué dirán?

Tú y yo, cualquiera, valemos más por lo que callamos por lo que decimos. Normalmente lo más valioso es lo que se guarda en secreto, ése es precisamente el tema de El contenido del silencio.





En la siguiente entrada comentaré esta entrevista ya que no podría estar más de acuerdo con algunas de las cosas que explica Lucía y creo que merece la pena analizarlas :)

De momento ¡no dejéis de disfrutar de El contenido del silencio o de salir a comprarlo si aún no lo tenéis!




PD nada relacionada con el post: He visto que una de las fuentes de tráfico más comunes para llegar a mi blog son los términos de búsqueda Orfidal Gatos en Google.
Queridos amigos, no seas bestias. No se le da Orfidal a un animal salvo que el veterinario así os lo indique, lo más probable es que haya una versión del Orfidal adaptada al mundo animal y desde luego que la dósis va en función del animal, su peso, edad y estado de salud general (como en cualquier humano pero con más precaución aún si cabe). Si le dais Orfidal a un gato os lo podéis cargar así que no hagais experimentos raros y si vuestra mascota está alterada o raruna llevadla al veterinario. No seáis so brutos, por favor. Llevad mucho cuidado con vuestros animalitos y no hagais burradas con ellos.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Las tontunas humanas.

Veréis (sí, ya sé que tengo tendencia a empezar cada entrada con un veréis) yo hablo cuatro idiomas. Bueno, para no mentir hablaba cuatro idiomas, ahora hablo tres y chapurreo un poco de otros dos o tres.
Y hay una cosa que me encanta de cuando alguien te pregunta qué idiomas hablas y le dices pues mira, Español, Francés, Inglés e Italiano.

- ¿Y Alemán?

- No, en Alemán sé decir cuatro cosas.

- ¿Y Chino?

- No, no hablo Chino, ya te he dicho los idiomas que hablo y no he mencionado el Chino por ninguna parte.

- ¿Y Árabe?

Que no, coño. Vamos a ver, Español, Francés, Inglés e Italiano son Español, Francés, Inglés e Italiano, no son Chino ni Alemán ni Árabe ni Kazajo. Son los que son. Es como preguntarle a una persona cómo se llama

- María del Carmen.

- Y ¿te llamas también Cristina?

- No, Cristina no.

- ¿Y Marta?

- No, Marta tampoco, solo María del Carmen.

- ¿Y Alfonsa?

No hacemos eso, ¿verdad? Entonces por qué cuando digo que hablo tal, cual y pascual me preguntáis si hablo también Suomi, Chino Mandarín, Japonés y Alcobendés?
Al próximo que me lo pregunte le voy a contestar y tú ¿qué eres? Abogado, ¿no? Pero ¿no eres también Médico? ¿Y Periodista? ¿Y Mamporrero? ¿Y un poco tonto? Porque manda narices...

martes, 18 de octubre de 2011

Yo hoy me visto de rosa y el Viernes voy al ginecólogo, ¿y tú?

Hoy es el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer de Mama, si bien todavía nos queda mucho por avanzar en este sentido (por ejemplo como ya hacemos con el cáncer de vejiga que ya podemos poner la quimio localizada) esto llegará pero nada, nada, nada os salvará del cáncer más que la PREVENCIÓN y sobre todo un DIAGNÓSTICO PRECOZ. Esto es, como en cualquier tipo de cáncer, esencial.

Hace unos meses mi madre tenía molestias en el pecho. Un mes, dos más tarde habría sido cáncer.
Comienza el proceso: pruebas, cirugía, tal vez quimio, pruebas, más pruebas. Pero es una batalla ganable, sólo tenemos que asegurarnos de hacernos al menos una revisión anual y de ir corriendo al médico al menor síntoma. Tenemos que pedirle a nuestro médico que nos enseñe cómo auto-explorarnos el pecho y hacerlo nosotras mismas con regularidad.
Vale a que esta revisión le acompaña un espatarramiento en el potro que a nadie le agrada y un sobo intensivo de tetilla que siempre es mejor que provenga de tu pareja pero hay que hacerlo, sin pereza, porque nos va la vida en ello. Una citología, una cita con el ginecólogo nunca son agradables (no nos engañemos, eso de los ginecólogos buenorros sólo pasa en Sexo en Nueva York) pero menos agradable es una mastectomía, una reconstrucción, una quimio. Eso sí que es desagradable por no decir un marrón.
Así que chicas, concienciaos porque os va la vida en ello. Y arrastrad de los pelos a esas amigas y familiares perezosas, ¡que no se libren!, una visita de control puede marcar la diferencia entre un susto y un cáncer.

Y para todas aquellas chicas y señoras que ahora mismo estáis luchando contra este monstruo: ¡¡¡ánimo!!! Son sólo unos malos meses pero el pecho se reconstruye y queda impecable, nadie tiene por qué saber que os han operado, las cicatrices se irán y a la vista y al tacto os quedará un pecho precioso, por eso no os preocupéis.
Ante todo no perdáis las ganas de vivir y de luchar y tened claro que este cáncer es curable, que algún día sólo será un mal recuerdo: es posible sobrevivir a un cáncer.
Habrá días mejores y peores, la quimio puede no afectarte o sentarte fatal pero es algo transitorio, tiene fecha de término, no es para siempre.
Sobreviviréis, no quedarán secuelas físicas, no os dejéis llevar por el desánimo o la desesperación y seguid adelante. Que un momento bajo, una lágrima, una contrariedad, una mala reacción al tratamiento no os desalienten, ¡seguid luchando, habrá recompensa!

En este día un recuerdo especial para todas las mujeres que desgraciadamente han fallido por culpa de este cáncer y por las que están luchando con uñas y dientes contra él y algún día no muy lejano lo superarán.
Y como no, para todas aquellas de nosotras que gracias al cielo no lo tenemos pero podemos desarrollarlo en cualquier momento, por lo que tenemos que ser responsables y hacernos controles periodicamente.

¡Ánimo mujeres del mundo, a comernos el cáncer con patatas!

domingo, 16 de octubre de 2011

Se nos marcha otra..

... Una de las grandes.

No llevo mucho tiempo en esto pero entre la práctica hospitalaria y la experiencia personal, he visto ya a bastante gente morir de cáncer.
Para muchos ha sido una batalla larga y dura, y no la gana tanto el cáncer como el agotamiento.
Esta vez ha sido rápido, fulminante. Cuatro meses. Sesenta y cuatro años, cumpliría sesenta y cinco el mes que viene.
Todo es cáncer hoy en día, hablas con unos y con otras y tarde o temprano por algún lado sale. Desde Enero nos juntamos con cuatro personas cercanas luchando contra él.

Dos fueron diagnosticados en estadio IV, cuando ya hay metástasis y poco o nada que hacer.
Uno de ellos parece tener esperanza, ha respondido a la quimio y ahora se puede operar.
El otro no. La señora no ha soportado la quimio y no ha habido nada que hacer. Se ha despedido hoy de mi madre, ahora mismo.

Mirad, yo sé y lo sé por partida doble, que uno no puede ir al médico por cualquier dolor o molestia. Pero si uno se pasa seis meses con dolores, malestar, fiebre, cansancio y comienza a perder peso, hay que ir corriendo al médico, no puede uno dormirse en los laureles porque esta enfermedad no corre, vuela. Y si dejamos pasar un mes de más, ya no se puede hacer nada.
No seáis perezosos ni borregos, si algo no va bien, id al médico, explicádselo todo, los sintomas, cuando empezaron, cuanto llevan durando, qué antecedentes familiares tenéis.
Uno puede pensar no es nada, se pasará durante un par de días. Yo le doy una semana. Al cabo de una semana cojo hora y voy al médico y si no me mandan lo que considero que me deberían de mandar, pago a un médico privado y le pido que me saque los Marcadores Tumorales en unos análisis.
No se juega con esto, todos tenemos antecedentes en nuestra familia (en la mía en concreto los tengo por todos lados y no pocos) y no sabemos cómo ni cuándo puede caernos el zambombazo en la cabeza.
Así que por favor, chicas, señoras, revisiones ginecológicas cada año, señoras y señores, señoritas y caballeros, un chequeo al año, no hacer pereza a la hora de ir a hacerse unos análisis, siempre duele menos que te pinchen para sacarte sangre que que te pinchen para ponerte la quimio.
Concienciaos de que el cáncer es el monstruo (o más bien uno de tantos) de nuestro tiempo, de que si se coge en sus inicios es tratable y superable, de que siempre pensamos que no nos pasará a nosotros pero nosotros no somos inmortales ni inmunes, que le puede pasar a cualquiera, no sabéis cuantísima gente jóven lucha contra el cáncer en este momento en el que escribo. Más de la que podéis imaginar.

Y si ocurre lo peor no os desmoronéis: el cáncer hoy en día es tratable y curable pero requiere por parte del paciente mucha entrega, un estado anímico óptimo y sobre todo muchas, muchísimas ganas de vivir y salir adelante. Hay que engancharse a la vida con uñas y dientes y no dejarse llevar.
Habrá días mejores y días peores, días en los que os cansaréis de luchar pero que sólo sea un día, un momento, que unas lágrimas lo alivien y se lo lleven y sigáis adelante. Además no estáis solos, tenéis muchas razones para vivir y luchar: vuestra familia, vuestros amigos, vuestra pareja, vosotros mismos... y por último también por vuestro médico y por el personal que os trata, que no sabéis con cuánto cariño lo hacemos y cómo deseamos que seáis fuertes y salgáis del hospital por vuestro propio pie, que un día al cabo de los meses volváis a vernos y nos digáis que estáis en proceso de remisión. Nosotros os ayudaremos en todo lo que podamos y estaremos a vuestro lado. Personal sanitario, familia y amigos haremos una piña con vosotros para que todo vaya bien. Así que no os dejéis llevar porque entre todos os vamos a sujetar muy fuerte.

Conchi cariño, qué burra has sido siempre. Hace poco hablamos, ¿cómo está la máh guapa de tor pueblo? M'ha disho la Mamá que tiés novio y qu' es mu guapo, eso tá muy bien porque eh lo que te mereces pero tú no te comah la cabeza por nadie reina, tú a salí, a entrá, a follá y a dihfrutá to lo que puedah que ereh jóven y tiés el mundo a tuh pieh y la vida por delante.

Yo siempre te preguntaba cuánto pesabas, cuándo vendrías a vernos. Nos decías que con la pierna no lo tenías fácil y yo te decía que nos apañaríamos, que eso no era problema.
Y qué guapa. Con su piel lisa, blanca, tan tersa, el pelo tan negro, los ojos tan vivos. Tan buena, Conchi.

Joder mira Conchita, me cabrea que te vayas. Porque no has tenido una vida fácil pero siempre has sido buena, alegre, cariñosa. Te merecías algo mejor, pasar con Luis vuestros últimos años tranquilos, los dos solitos sin nadie que os incordiase.
Y viéndonos en verano. Esto sé que es culpa mía, que siempre pensaba que tenía tiempo, que la próxima vez iría a la cena y nos veríamos. Iré con mi novio el año que viene para que lo conozcas. Pero nunca fui porque nunca pensé que te marcharías tan pronto. Supongo que ese es el defecto de la gente jóven, pensar que siempre nos queda tiempo.

Espero que te vayas tranquilita, que no te duela y no sufras, que allá donde vayas estés como una reina, que estés bien. La pierna ya no te dolerá ni será un handicap, no tendrás que preocuparte por lo que comes y te lo vas a pasar pipa allí arriba, sentadita encima de una nube comiendo turrón, chocolate y de todo lo que quieras, viendo las burradas que hacemos los de abajo, te vas a reír como una loca, lo veo venir.

Hace años que no te veo Conchi pero no sabes cuánto me fastidia y cuánta pena me da que te vayas. Te daría una torta bien dada ahora mismo si pudiera, por no haberte cuidado más, por no haber ido al médico antes, jodía, que mira que te costaba arrancar a cualquier sitio.
Hace años que no te veo pero te tengo un cariño enorme.

No me olvidaré de ti, Conchita. Buen viaje, cariño. Te vamos a echar mucho, mucho de menos.

sábado, 15 de octubre de 2011

Princesas.

Hay un día, ya verás, un día que es la hostia. Ese día todo es bueno. Ves a la gente que quieres ver, comes la comida que más te gusta y todo lo que te pasa ese día es todo lo que tú quieres que te pase.
Si pones la radio, la música que sale es tu canción favorita. Si vas a la tele ese día, por ejemplo a un concurso, lo ganas todo: el dinero, los viajes, todo.
Pasa sólo una vez en la vida, por eso hay que estar muy atenta, no vaya a ser que se te pase.
Es como un desvío. Como cuando vas por la carretera y hay un desvío hacia otro sitio pero a lo mejor vas hablando por el móvil o estás discutiendo o pensando en lo que sea y no te das cuenta y se te pasa, y te jodiste porque no puedes volver atrás.
Pues ese día es lo mismo: un desvío. Y es muy importante porque puedes elegir por dónde va a ir todo, por ese camino que es nuevo o no.
Por eso tenemos que estar muy atentas Zule, muy atentas. Porque hay muy pocas cosas buenas y si encima se te pasan porque estás hablando por el móvil o pensando en otra cosa, sería una mierda. Una mierda completa.

Yo no sé si es que ese día que es la hostia a mí no me ha llegado aún o estaba peleándome por el móvil con alguien mientras pasó. El caso es que nunca gano nada, nunca ponen mi canción favorita en la radio y nunca me pasa todo lo que yo quiero que me pase.
Y estoy atenta, ¿eh?, vaya que si estoy atenta. Pero no llega. Y yo me canso de esperar porque empiezo a pensar que ese día no existe, que Caye se lo inventó para Zule pero que no es real y ella lo sabía: es sólo una esperanza. Y de esperanza también se vive pero algo más ha de haber, digo yo.

Yo señales he tenido muchas pero creo que con ellas no me llega y necesito más. Necesito ese día, ese momento, ese microsegundo en el que todo es perfecto y es como quieres que sea.

A veces ese microsegundo se da, ayer por la noche tuve varios de ellos. Pero siempre hay algo que podría ser mejorable. La pregunta es ¿mejor conformarse con lo que tienes, no pensar en que podría ser mejor? ¿O creer que aún hay cosas que pueden ser mejores e ir a por ellas, cueste lo que cueste? ¿Justifica el fin los medios?

Yo no lo sé. Yo sólo sé que espero ese día, lo espero, lo espero, lo espero y nunca llega. Y no sé si cogerme un avión a Colombia y volver allí con mi hijo y su camión rojo y blanco y con mi familia. Si irme con mi hijo y con mi familia, a morir.

viernes, 14 de octubre de 2011

El contenido del silencio - review-.

A parte de porque se lo propuse a la autora, Lucía Etxebarria, no me preguntéis por qué pero sabía que de este libro iba a tener ganas de hablar incluso antes de leerlo.
Esto no es una novedad, yo he leído todos los libros de Lucía, algunos incluso varias veces, de muchos tengo cosas subrayadas, me sé pasajes de memoria. El título de este blog no es casual, y el nombre bajo el que escribo, tampoco, ya lo sabéis.
Yo solía tener una amiga que vivía en otra ciudad y por las noches nos llamábamos y nos leíamos o releíamos los libros de Lucía, que tenían el mismo poder de engancharnos a las dos y a muy pocas, por no decir a ninguna, del resto de mis amigas. Eso de las drogas, la homosexualidad, el lado oscuro de la gente no era algo que a ellas les atrajese en lo más mínimo, encontraban a los chicos vestidos de marca y bañados en gomina y perfume a partes iguales, a discotecas tipo Pachá o But y a Raúl y Carlos Baute muchísimo más interesantes.

Mi madre y la madre de Lucía tenían amigas en común, de modo que no sé cómo libros de Lucía empezaron a adornar las manos de mi madre igual que el resto de sus sortijas, supongo que fue fruto de una casualidad.
De ahí pasaban a estanterías. Y de las estanterías, a mis manos, aunque yo era muy joven tal vez para leerlos.
El caso es que mis padres siempre han intentado que yo pasase más tiempo entre libros que plantada delante de la tele y nunca les ha importado lo que leyese mientras hiciese eso: leer. Nadie me dijo nunca no leas eso que no es para gente de tu edad, que no lo vas a entender. Y yo me enganchaba el libro y me lo comía a bocados.

En realidad mentí cuando dije que Lucía y yo no nos conocíamos. Yo a Lucía sí la conozco. Me atrajeron siempre de ella cosas que me eran propias, por eso me reconocía en sus libros y cuando la conocí, en ella.
Para conocer y leer a Lucía hay que hacerlo con la mente muy abierta y saber que con ella las casualidades no existen, sólo las causalidades.
A Lucía o a su obra hay que asomarse con cuidado, sabiendo que te van a enganchar, a estrujar, a volver de un lado y del otro, no hay que esperar nada de ellas, como dice la canción, je dois juste essayer de lui appartenir.

Ahora que ya sabéis como y por qué empezó mi historia de amor con ella, pasemos a su nuevo libro.
El contenido del silencio (no encuentro la herramienta de subrayado aquí) es un libro que te atrapa y aunque ya os he dicho que a Lucía hay que leerla con la mente abierta, en este caso eso es particularmente necesario.
Si no sabes nada de ella ni de su obra, ve a tu librería, cómpralo y léelo. Luego me lo cuentas.
Si la conoces o si no eres muy torpe o tienes las ideas muy cuadradas, podrás ver por dónde van los tiros.
Se dice que no es el típico libro de Lucía Etxebarria pero es mentira. Es Lucía en toda su esencia, creo que al menos en la esencia de la mujer que es ahora, lejos de los suburbios y la noche de Madrid, de las drogas, Beatriz, el Prozac, las historias de amor como otras cualesquiera etc. Pero es ella. Está ahí.
Ahí en el amor autodestructivo, ahí en las dudas, en los paisajes, en Joy Division, en el deseo, en las decisiones que tomar, en las catársis de los personajes. Ahí está ella como siempre ha estado: contándote cosas que tú puedes haber vivo, describiéndote sentimientos y sensaciones que no necesariamente has conocido. Pero si los has sufrido, si ya has leido a Lucía, ahí siguen estando, entre tus manos.

No quiero destriparle el libro a nadie y creo que si intentase contaros de qué va lo haría.
La desaparición de una chica, varios amores, historias que forman un puzzle, miedo, dolor, desgarro. Un proceso de búsqueda: la búsqueda de una persona, de uno mismo, de un destino que no duela ni asfixie, un viaje hacia el exterior y el interior. Encuentros y desencuentros. Sorpresas.
No es un libro difícil de leer ni de enganchar. Quieres saber más, no puedes irte a dormir sin saber a dónde te llevan las investigaciones, los secretos a medio desvelar, los viajes. No esperes sentarte a leer un ratito mientras haces tiempo porque llegarás tarde, la intriga y el suspense no te dejarán moverte.
Es ágil, dinámico, suave, curioso. Y hasta que no encuentras lo que tú también estás buscando a la par que los personajes, no descansas. Te conviertes en Gabriel y en Helena y quieres encontrar lo mismo que ellos buscan.
Y te aseguro que te identificarás en Gabriel, en sus dudas, su rutina, su ahogo, su necesidad de explotar.
Y como seas un poco raro, como es mi caso, también te reconocerás en Cordelia, en su necesidad de amor, de respuestas, en el ansia de ser diferente, en la capacidad para creer en lo inverosímil y para amar de formas que escapan a la razón humana.
Y por último pero no menos importante, puedes encontrarte en Virgilio, tal vez y como me ocurrió a mí de forma muy diferente, pero si has sido presa de algo o alguien alguna vez lo que este personaje te contará lo reconocerás a la perfección: el amor que exige, que aliena, que no cede, que no otorga, que encierra, que enloquece, droga, enferma, deshumaniza y secuestra.
Seas como seas encontrarás un personaje con el que identificarte y se dice que una de las claves para enganchar al lector y llevarlo hasta el final sin perderlo por el camino es el reconocimiento: que el lector se vea reflejado en alguna parte del libro. Por ese motivo y por lo apasionante del libro sé que lo acabarás y que al acabarlo, te habrá gustado leerlo.

Amor, suspense, pistas, aventuras, secretos, paisajes y ese torrente de sentimientos y anhelos que a Lucía se le da tan bien transmitir: ¿qué más puedes pedirle a un libro? Bueno sí, que te lo dedique Lucía, pero de eso ya hablaremos más adelante.
De momento Sumérgete en El contenido del silencio si buscas algo interesante que leer, un libro que no te deje indiferente, que te atrape y te apasione. Y luego, por supuesto, vuelve aquí y cuéntame qué te ha parecido. O no, no lo hagas, lo que tú prefieras. Pero no dejes de intentar saber cuál es El contenido del silencio.



PD: Si esperabais otra cosa de la review de un libro, I'm sorry, so sorry, pero no sé muy bien cómo se hace tal cosa y menos con libro del que por poco que cuentes ya has desvelado la mitad. En realidad os aconsejo no buscar reviews de este libro porque pueden contener spoilers, simplemente sin más dilación, hay que leerlo.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Amalgama de pasado y futuro: Marlboro.

Yo que siempre estoy dándole vueltas a la cabeza, de vez en cuando hago las preguntas aparentemente más estúpidas del mundo. El caso es que si mi interlocutor se parase a reflexionar, vería que no son tan descabelladas sino más bien de vital importancia.

Mi novio y yo somos la noche y el día. Él vigila lo que come, yo si tengo que hacer guardia dejo de vigilar para comer.
Él va al gimnasio a hacer deporte. Yo no paso ni por delante de un gimnasio porque hasta los abdominales de musculosos hombres bañados en sudor, si es en ese edificio, me dan pereza.
Le encanta viajar. Yo por no viajar le desencanto.
No sabe vivir sin ropa de marca. Yo sin trapos a 3€ de Primark, me muero.
No le gusta que me maquille, dice que estoy más guapa sim pintar. Yo no me gusto sin maquillar, le digo que yo si tengo que ingresar por Urgencias en un hospital, ingreso pero después de un poquito de chapa y pintura.
Me prefería con el pelo corto. Yo sin el pelo largo no me reconozco.
Lee muy despacio. A mí no me des a leer algo esperando a que me dure porque como me interese o me guste me dura menos que un trozo de tarta.
Habla Alemán. Yo lo más parecido que tengo a algo Alemán es a él. Pero hablo tres idiomas que él no habla. Él habla Alemán sí, y otro idioma que me esfuerzo en aprender pero en el que al estar lejos de su tierra es difícil mejorar.
No sabe quedarse en casa. Yo no sé levantar el ancla del sofá, he echado raíces aquí y eso ya ha causado que se levante el suelo, imagínate que me da por levantarme y sacar las raíces de ahí, la que se puede liar.
Él no fuma ni muerto. Yo si no fumo me muero.
Odia la comida basura. Yo le odio a él porque nunca me deja comerla y la adoro.

También tenemos cosas en común, claro. La Coca-Cola, los gatos, la música... esto... eh... bueno eso, que tenemos muchas cosas en común, ahora mismo no me viene ninguna a la mente porque estoy cansada pero vamos, que haberlas, igual que las meigas, haylas.

En cambio él, por lo poco que sabe de mi ex, cree que me parezco a él. Porque fumo.
Y claro, me lo dice una vez y me da igual, me lo dice cien y ya me crispa un poco, me dan ganas de llamar a mi ex, sentarnos los tres y buscar, en lugar de las diferencias, los parecidos, a ver en qué me parezco yo a... eso.

- Es que no quiero que tengas los vicios en los que él te metió.

Aquí discrepamos porque yo le digo que me metí sola en dichos vicios pero él insiste en que fue por mi ex, tú me contaste cómo empezaste a fumar y tal y cual.
Chico, ya te preocupa a ti mi ex más que a mí porque yo de semejantes cosas no me acuerdo.

Y ahí ya me quedo alucinada: ¡no me acuerdo! Oye, yo que creía que iba a tener toda aquella sarta de recuerdos innecesarios en mi memoria por los siglos de los siglos y resulta que mi novio me cuenta cosas que yo le conté en su día y de las que ya no me acuerdo.

- ¿No te acuerdas de que me dijiste tal y cual cosa?

- No.

- ¡Me lo contaste!

- A ver, eso pasó y fue así, sí. Y si lo sabes obviamente ha de ser porque te lo he contado yo porque no creo que te hayas ido de copas con mi ex y te lo haya contado él en plan buen rollo entre Vodka y Vodka, puro y puro, señorita y señorita. Pero vamos, que yo no lo recuerdo con tanto detalle como tú me dices y desde luego ni me acuerdo de habértelo contado.

- ¿Y entonces cómo lo recuerdas?

- Pues yo qué sé, sé que fuimos a tal sitio y discutimos, fin. Ni me acuerdo del por qué, ni del cómo, ni de lo que me dijo, ni de lo que no-cenamos, ni de lo que llevábamos puesto ni de nada. Fuimos, me montó un Cristo y punto, hasta ahí todo mi recuerdo.

Yo no sé si mi novio me cree, me mira un poco como si quisiese creerme, que es distinto a hacerlo, o como si le diese igual y no fuese a detenerse en el hecho de que él cree que le miento. Y cambia de tema.

- El caso es que no quiero que tengas los vicios que cogiste de él.

Y yo lo entiendo, claro. Bastante gusto me daba a mí que mi ex se jugase el dinero de la familia en el casino a la mínima de cambio como cuando su ex le había dejado, que se fundió hasta los calcetines. Vamos, me daba un gusto tremendo. O que me llevase a los mismos sitios que a ella y me sentase en la misma mesa y me rememorase todo lo que en aquél mismo y preciso lugar ella le había hecho, que le faltaba pedirme que me vistiese igual que ella había ido vestida aquél día.

Y como lo entiendo pues yo hay ciertas cosas que intento cambiar, que con mi ex tomaba Valium y ahora tomo Valeriana o que a mi ex lo daba por perdido y con él no me rindo ni aunque me esté muriendo. Que en mi ex no confiaba ni un poco y por mi novio pongo la mano, los pies, todos mis miembros, extremidades y órganos en el fuego.

Porque yo amo a mi novio con la serena y meridiana claridad que otorga a toro pasado el más profundo de los sufrimientos, porque mi novio me pide que salte y yo voy dando volteretas aunque sepa que siendo torpe como soy, me puedo descangajar en cualquier momento. Que si mi novio me necesita despliego mis alas y voy volando, que si le hacen algo me llevo a quien sea por delante, que si lo destinan a Siberia allá que voy con el colchón por abrigo, que si él me besa yo me tiro sobre él como si no hubiera mañana y lo abrazo tan fuerte que lo ahogo o le rompo las gafas.
Que si mi novio guarda algo de su ex, dependiendo de lo que sea, me da un ataque de histeria que tiemblan los cimientos de la casa.

Así que si mi novio me pide que no guarde nada de mi ex, pues tendré que dejar de fumar.
Porque entre otras cosas estoy intentando empezar a limpiar mi cuerpo para el día en que nos pongamos a tener un bebé y con mi ex eso jamás de los jamases habría sucedido. Y de ser así, habría dejado a mi hijo huérfano porque me habría muerto de tener que soportar a su padre. Y como de mi ex no quiero ni lo más mínimo, no pienso dejar huérfanos a mis hijos por un cáncer de pulmón, aunque el padre de mis hijos y mis hijos no sean los mismos, a Dios gracias.
De modo que le doy otra vuelta de tuerca a la historia y decido que si es por mi novio, si es por no mantener nada de mi ex, más tarde o más temprano, me cueste más o me cueste menos, tengo que dejar de fumar.

Y no se hable más. Que si el amor ha sido capaz de mover montañas, digo yo que un triste cartón de tabaco a la basura también será capaz de moverlo. Espero.

... Pero por si acaso voy a buscar el susodicho cartón y a cambiar la bolsa de la basura, no sea que me toque llevarlo a mí. Y eso ya lo veo un poco más difícil.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Soufflé de raspa de pez cáctus al aroma del concentrado de glamelia y notas aromáticas de Rosa del desierto de Jericó en primavera.

Comentábamos ya hace semanas con una amiga, que no por estar en una relación vas a dejar de poder mirar la carta de otros restaurantes.
En fin, yo tengo mi idea a este respecto que podréis consultar en el post llamado 'Sé infiel y no mires con quien'.

En cualquier caso yo pienso, que hablando de cartas de restaurantes etc., los hombres son como la nouvelle cuisine: nunca sabes que se esconde en realidad tras el nombre de un plato.
Me agobia un poco comer en restaurantes de este tipo cuando no los conozco, la primera vez que pido un plato lo espero con miedo, con reticencia, sabiendo que puede ser un gran triunfo o un gran fracaso, que puede encantarme u horrorizarme.
Y es que a saber qué se esconde en el plato del título de mi post. ¿Soufflé de raspa de pez? ¿Cómo se saca un soufflé de la raspa de un pez? Y ¿qué carajo es un pez cáctus que eso seguro que no sale ni en los documentales de La 2? (Que ya es decir, porque mira que sacan cosas raras en esos documentales...)
Y el aroma de concentrado... ¿mande? O sea, ¿que huele que te perfuma el restaurante entero cual perfume denso, espeso y condensado de señora mayor adinerada? La glamelia ¿qué carajo e lo que e eso? Por no hablar de las notas de Rosa de Jericó, que no sé si te dibujarán una fusa, una semifusa y una corchea con la flor o qué. Tampoco sé por qué la flor tiene que ser recogida en primavera, si se supone que viene del desierto y allí me parece que nevar lo que se dice nevar, no nieva. Ya lo dice la canción 'Snow on the Sahara'.
Luego te llega el plato y es una rodajita de algo diminuto y amarillo con una salsilla azúl, un sombrerito amarillo que supones que con suerte será hojaldre, unas ramas de lo que parecen ser las raíces de la flor y una cosa que bien pudiera ser una flor, una fruta o el comodín de la llamada.
Y lo pruebas y sabe a gominola de tiburón con mantequilla. Y puede estar buenísimo o no. Pero vamos, que ni sabes lo que estás comiendo, ni lo que has pedido ni lo que te traerán después.
Pues así son los hombres. Pueden sonar bien, mal o simplemente confusos, esperas el plato como con revinimiento interior y cuando te lo sirven te quedas con cara de ¿ein? Y al probarlo puede estar buenísimo o ser incomible.
Y la cosa es que en un restaurante no sólo pides un plato, hay entrantes, plato principal, postre, cafés (aquí gracias al cielo no hay mucho lugar para la creatividad y por tanto los desastres), etc.
Así que te pasas la comida entera acongojada, tensa, con una mueca como de terror, como en tensión a la espera de que en cualquier momento te caiga el zambombazo (y no sólo el de la cuenta) en la cabeza.
Y así son los hombres y las relaciones con ellos: una comida en un restaurante de nouvelle cuisine.
Y oye, si la comida te sale buena vale la pena el clavazo final del desfile de billetitos verdes, amarillos y lilas. Pero es que si encima te pasa como a mí la última vez que fui a un restaurante de éstos que me pasé la noche rezando de rodillas delante de la taza del wáter pues ya, apaga y vamonos.

Se me revuelven las tripas.

Resulta que como ya sabéis yo amo a los animales bastante más que a las personas.
Yo soy de las que suscribe a mil grupos en favor de la ayuda a animales pero cuando sale alguno herido, por ejemplo, no puedo mirar porque me entran unas llanteras de escándalo.
Hace cinco minutos una amiga ha compartido en Facebook una imagen de dos niñatos riendo a carcajadas y enseñando el dedo central con un perrito entre ellos. No me he dado cuenta de lo que era hasta que he reparado en lo que tenía el perrito alrededor del cuello: una soga. Creía que era un collar pero si te fijabas en la postura del perrito y en que no estaba subido en una silla o similar entre ambos malnacidos, te dabas cuenta de que los hijos de puta de los críos habían ahorcado al perrito y lo tenían en volandas en el aire, sujeto aún por la soga, con la mejor de sus sonrisas y un dedo al aire en señal de 'que os jodan'.
A mí estas cosas me revuelven hasta el punto de quitarme el sueño. Me invade una rabia tremenda y se me ocurren cosas fantásticas que hacerle a los cabrones que queman animales vivos, los usan como cebo para cazar, les pegan, los maltratan etc.
Y yo digo: en un país que se las da taaan de progre como el nuestro, que tenemos que ser un ejemplo de tolerancia, aceptación, etc, que convivimos con inmigrantes que tienen más derechos que nosotros, que en el plano internacional no hablamos por no ofender y chupamos culos como los que más, que de tan progres que nos quieren hacer lo que acabamos siendo es gilipollas... ¿PARA CUANDO UNA LEY DE PROTECCIÓN DE ANIMALES?
Habrá quien diga que bastantes problemas tenemos ya y hay que centrarse en ellos pero oiga, ¿que haya gente que haga estas cosas a animales indefensos, a cachorros recién nacidos, no es un problema?
Y como este y es mi blog y me lo trajino como quiero te diré, querido lector, que me preocupan más los animales que los cabrones que matan a sus mujeres, que los que han matado a masas de gente, que la ley es, en general, una bazofia y no sirve para nada porque de progres que somos, lo somos también con la escoria.
Así que ya que no podemos evitar que un maromo cosa a chuchillazos a su mujer o que otro plante una bomba en un parque de críos porque las leyes que deberían de garantizar y penalizar esto son de coña, ¿por qué no intentamos proteger a alguien más que a los humanos, que al fin y al cabo pueden defenderse solos?

Y por si algún cabrón hijo de la gran puta que disfrute maltratando ancianos, niños o animales me está leyendo, le voy a dedicar unas palabras de amor:
Sé que tuviste una infancia dura. Que no fuiste un niño deseado ni querido, que tu madre te tuvo porque no tenía dinero para abortarte y el truco de la percha no le funcionó.
Sé que no te han dado nunca amor, cariño, ejemplos válidos, educación etc.
Sé que no eres humano, que eres una mierda viviente que no vale ni la primera Aspirina genérica que se tomó en su vida.
Sé que te sientes insignificante. Porque lo eres. Torturar a los más débiles te hace sentir mejor, poderoso, alguien. Pero no eres nada. No vales nada.
Si fueras alguien protegerías y amarías a los más débiles, eso es lo que hace la gente que vale la pena, la gente buena, la gente de verdad.
Algún día, y hazme caso porque cuando menos te lo esperes te estarás acordando de mis palabras, tú serás el indefenso y alguien vendrá a torturarte a ti. A hacerte lo mismo que tú has hecho.
Hay una película muy macabra pero muy buena en la que un psicópata mata y resucita a sus víctimas una y otra vez para que al final sean ellas mismas quienes supliquen morir. Eso te haría yo a ti. Me encargaría de saber a cuánta gente le has hecho qué cosas y te las haría todas a ti. Y te resucitaría y volvería a empezar y así mil y una veces. Te haría soportar todo el dolor que has causado y algún día alguien que se cruce en tu camino y sea como tú te crees con los débiles, más grande y más fuerte que tú, te devolverá todo lo que has hecho.
Y ese día, ojalá quien te lo haga también se haga fotos con una gran sonrisa a tu lado mientras te tortura y las difunda por internet. Apuesto a que las vería mucha más gente de la que ve el horror que tú haces. Y reiríamos a grandes carcajadas y yo personalmente iría a poner mi dedo central en tu puta cara y a decirte: y ahora, ¿qué? Ahora ya no mola tanto todo esto, ¿verdad? Y acto seguido me iría sin hacer nada por evitar que te soltasen.
Puto loco cabrón de mierda hijo de puta. Enfermo de los cojones. Escoria.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Las moscas coj*neras.

Hay cierta gente que tiene el don de sacarme de mis casillas.
Mi novio siempre me dice que de momento tengo que aguantar, que es lo que me conviene y que procure tener paciencia y que las cosas me entren por un oído y me salgan por el otro.
Lo que pasa es que yo ya llevo mucho aguantado a mis espaldas y por otro lado, nunca he sido mucho de callarme.
Yo estudié en un colegio privado en la época en la que los alumnos todavía respetaban a los profesores y no les agredían ni los amenazaban ni ese tipo de cosas que tan de moda están ahora. Y ni siquiera entonces era capaz de callarme. Respetaba a mis formadores pero no hay nada de irrespetuoso en discrepar, opinar, rebatir etc.
Nunca me costó caro no ser capaz de tener la boca cerrada ya que en ese colegio te enseñaban, ante todo, a pensar por ti mismo, razonar y argumentar. No era nada malo que no pensases igual que el profesor: era signo de que tenías tus propias ideas, escuchabas las del profesor (más de lo que hacían muchos alumnos) y las analizabas para ver qué grado de credibilidad te ofrecían.
Más tardo llegó la universidad y aprendí a golpe de suspenso que allí las cosas eran diferentes con algunos profesores: sus ideas eran ley y tú no tenías derecho a rebatirlas porque ellos eran catedráticos y tú no.
Aún así muchas veces me enzarcé en debates con muchos de ellos e incluso tuve un enganchón con uno, que pese a todo me dijo que valoraba que hubiese tenido las agallas de plantarme en su despacho y exponerle mis ideas y mi descontento. Ese hombre ocupa hoy un sillón en la R.A.E.
Después me metí, sin saberlo, en el ejército. Señor, sí señor a todo, rectita y desfilando a paso ligero.
Pero yo no había decidido meterme en un pelotón sino en una carrera -otra más, sí-, así que por mí el rollito militarista podían metérselo por donde les cupiese o cupiera.
Y una vez más, no pude mantener los labios sellados.

En realidad puedo callarme según de quien venga la idea y los pilares por los que sostenga, aunque yo no la comparta. Puedo callarme si es una eminencia en el tema la que me habla. Cuando es un piltrafilla, no puedo por mucho que lo intente, por mucho que cuente hasta diez e intente alcanzar un momento Zen, por muchos Valiums que me tome y muchos esfuerzos sobrehumanos que haga, callarme.
Sobre todo no con cierto tipo de gente: el típico estirado que se cree que está por encima del bien y del mal, que es más farruco que nadie, que está en posesión de la verdad absoluta y que piensa que tú, por el simple hecho de no ser él, no tienes derecho a réplica ni a pensar por ti mismo ni casi, a existir.
Esa gente que te habla desde la arrogancia, la prepotencia, el orgullo, la intolerancia, la falta absoluta de empatía, borrachos de lo que ellos creen que es, un poder absoluto.
Frente a esta gente lo primero que hago es reírme: ¡animalico, que se cree Dios y es un mindundi más en este universo...! Pues queridos lectores, no es más quien más alto cargo tiene sino quien mejor profesional y sobre todo persona es.
Fuera de una empresa el jefe es un ciudadano más, una persona más, igual que tú, con debilidades, sueños, enfermedades, aspiraciones y preocupaciones. Yo misma, desde fuera de la jerarquía de una empresa, al pasar por la calle, no distingo quien es jefe y quien peón. Todos son iguales, el más pintado y más pastado y el más humilde.
Pero esto hay gente que no lo entiende, no ve que hay vida más allá de su empresa y que en la misma pueden ser el Todopoderoso pero fuera de ella no son nada, sólo uno más.
Y yo con esta gente, de verdad que por mucho que lo intente, no puedo. No puedo y trago una o dos pero a la tercera la lengua me funciona más rápido que el impulso de la inhibición y mi Paleocórtex se queda a gusto.
He hecho cosas muy burras, me he enfrentado con gente con quien tenía todas las de perder y de hecho he perdido, pero mi orgullo, mi amor propio, mi dignidad y mi concepción del mundo y del lugar que cada uno tenemos en él me impiden callarme.
Las he liado muy pardas y con el paso del tiempo, a un minuto de desvincularme del todo de ese mundillo, miro atrás y no me arrepiento de nada.
Puedo haber perdido una batalla pero no la guerra. Y como se suele decir prefiero morir de pie y salir en cajita de pino por la puerta grande a vivir no ya de rodillas sino tumbada en el suelo en decúbito prono, con la cara en el fango, comiendo mierda.
Los sueños, las ilusiones, la vocación, etc tienen un precio. Pero no cualquiera. Yo no soy del tipo de persona que hace algo cueste lo que cueste. Si me cuesta la dignidad no voy a hacerlo. Me largo pegando un sonoro portazo (so riesgo de tirar abajo una puerta de cristal de un despacho, eso también os lo digo) y busco formas alternativas de llegar a donde quiero llegar. Más que nada porque quiero llegar enterita y con la frente bien alta y no con una depresión de caballo. Mi salud, mis ideales, mi forma de ver el mundo, yo como persona, no tengo precio. No me entrego a cambio de nada.
Por eso me alegro de lo que hice, me alegro de no haberme callado, me alegro de haber sido un jarro de agua fría para quien se creía por encima de Dios y de los Hombres, me alegro de haber causado un sofoco, un cabreo, me alegro de haberle hecho lo suficientemente la puñeta a alguien sin intentarlo como para que esa persona ponga todo su tiempo y energía en hacerme la vida imposible. Me alaga.
Me alaga porque yo en alguien que no vale la pena y que me importa un pito no invierto ni cinco minutos de mi tiempo, puedo reírme, puedo cotillear por aburrimiento y para una vez más, desencajarme la mandíbula a risotadas, puedo pasar mi vista por encima pero no determe, no ponerme a pensar en cómo fastidiar a alguien, ¡si no me importa! Pero cuando alguien se para y elabora una astuta -o no tanto- forma de fastidiarme, es que he significado algo para esa persona y que se ha tomado el tiempo y la molestia de sentarse a pensar cómo darme por el saco. Y ha tirado de contactos, ha hecho reuniones, ha invertido tiempo en su venganza. Qué detalle. Me siento incluso mal porque después de que una persona haya invertido tanto tiempo y esfuerzo en mí yo sólo me he largado y me he ido de tiendas olvidándome del todo de esa persona. J*der, qué desconsiderada soy.
De modo que no me arrepiento de nada. Hice lo que tenía que hacer.

Y ahora mírame tomar algo mientras me fumo un cigarro y tomo fuerzas para el siguiente asalto.
Mírame ignorándote y olvidándome de que estás en el mundo.
Pero sobre todo, sobre todo, espérame. Espérame porque me estoy rearmando para volver con más fuerza y más violencia y cuando vuelva, si tú eres jefe yo lo seré también. Veremos entonces qué pasa.
Porque no te olvides nunca, nunca, nunca de que la venganza es un plato que se sirve frío. Y yo tengo todo el tiempo y la paciencia del mundo para irme a Siberia, congelar mi venganza, traértela en pleno Enero más fría que una bolsa de cubitos de hielos y plantártela en todos los huevos.
Que ya te lo he dicho muchas veces, conmigo quien quiera; contra mí quien pueda.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Antics.

Se dice que el hombre es un animal de rutinas. En general a la gente la rutina le da seguridad. Los niños necesitan de una rutina para su correcto desarrollo.
Yo, una vez más, tenía que ser diferente.
Cada vez que me asiento en una rutina, me entra el pánico. Me agobio, me ahogo, me pierdo. Empiezo a no poder dormir, a no verle sentido a nada, a sentirme una autómata.
Y salgo corriendo. Lo dejo todo empantanado donde está y salgo por patas sin previo aviso.
Me da la vena y me embarco en una nueva aventura que al principio me parece prometedora pero que sé, porque ya me voy conociendo a mí misma, que tarde o temprano abandonaré de la peor manera porque terminará por estrangularme también.
Y así me pasa con todo.
No es que necesite cambiar los sitios a los que voy, la gente que conozco, no es que me tenga que apuntar a clases de skate o yoga, no es que me corte el pelo y me cambie el color (aunque a veces sí, lo reconozco) No es que tenga que tirarme en parapente o tenga que hacer puenting.
Yo necesitaría ser cada día una cosa, tener cada día una vida distinta. Hoy ser abogada, mañana escaparatista, pasado maquilladora, al siguiente médico y así eternamente, sin hacer nunca lo mismo más de una semana seguida.
El problema, porque alguno más tenía que haber, es que eso es imposible. No se puede cambiar de vida cada semana. No puedo cambiarme a mí misma cada semana.
De modo que sé que tarde o temprano acabaré por agobiarme, ahogarme y estrangularme a mí misma. Y tal vez sea la solución.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Primer post gatuno.

Veréis, como ya os dije yo tengo cuatro gatos. Habrá a quien le parezca una locura y quien crea que no es para tanto.
Yo asumo lo que es vivir rodeada de gatos: los pelos, que uno se quede encerrado y llore desesperadamente, acostarme y cuando estoy a punto de dormirme darme cuenta de que uno se quedó agazapado en algún ricón de la habitación y me pegue un susto de muerte saltándome encima, coloretes de Illamasqua (que baratos lo que se dice baratos no son) en el suelo en mil pedazos, abrir un yogur y tener que darle la mitad a Lucas, que Kira me exfolie la cara a base de besos de gato, que cuando se asusta Cocco me salte encima desesperado y se agarre a mí con tanto ahinco que me clava las uñas hasta el tuétano, estar siempre llena de arañazos, etc.
Pero mi madre no. Mi madre lleva una lucha encarnizada con los gatos. Los adora y que no se los toquen, pero un par de veces al día no puede evitar recordarme que he convertido su vida en un auténtico infierno con tanto gato, que se pasa el día limpiando, que no paran quietos y le van a destrozar la casa y demás.
Yo no tendría ese problema, soy amante del estilo minimalista y el colonial, en mi casa figuritas de Lladró y Swarovski poco.
Pero lo que tengo claro es que por poco que haya en mi casa, si hay algo que tirar o romper, mi gata Lilly acabará con ello.
Los gatos suelen ser sigilosos, muy ágiles, se escabullen entre las figuritas de mi madre sin daño colateral alguno. Pero Lilly de gato tiene poco, Lilly es un tornado. Lilly no salta sobre una mesa, se abalanza sobre ella y aterriza encima llevándose por delante lo que le pille, ni Lladró, ni Durán, ni plata, ni porcelana ni cristal ni nada se salvan en la debacle. Todo lo por los aires y una madre haciendo malabarismos para cazarlo todo al vuelo.
Yo sé cuando Lilly ha entrado en mi habitación porque mi cómoda no es un prodigio de orden. Cuando ella la ha pateado, brochas, esmaltes de uñas, sombras de ojos, gafas de ver, gafas de sol, móvil, bolígrafos.. todo lo encuentro estrellado en el suelo.
La otra tarde le dió por ponerse entre mis cajoneras con maquillaje y unas cajas de zapatos (yo zapatos tengo muchos, miles. Y bolsos también, pero ese es otro tema. Y por algún motivo que desconozco a mis gatos les apasionan también los zapatos, será que todo se pega).
Yo sobrepuse unas cajoneras sobre otras y sobre las últimas unos botes con brochas y pinceles de maquillaje.
Ahí estaba ella buscando el hueco, la cajonera superior tambaleándose, las brochas al borde del abismo, mi elaborado tétris de cajas de zapatos a punto de desplomarse.
Y como yo sé lo que le sigue, la saqué y nos vinimos a la terraza porque al final veía las cajoneras, los botes, las cajas, los zapatos y a la gata despeñandose al suelo y yo intentando agarrar lo que pudiese, a saber a la gata y el resto a tomar muchas y buenas.
Cuando me siento aquí a escribir se acuesta a mi lado, me mira con sus enormes ojos amarillos y me maulla, se restriega sola contra mi mano: reclama mimos. Debe ser que sabe que ahora estoy escribiendo sobre ella porque está aquí pegada a mí, acostada, mirándome con cara de muy poco convencimiento pero sin exigir mimos.
De cada uno de mis gatos tengo algo, de Cocco la independencia, que no me gusta que me incordien, me gusta tener mi espacio. De Kira lo indefensa pero camorrera que soy, que sé defenderme aunque esté en inferioridad de condiciones. De Lucas lo que me gusta comer y dormir y esa romántica melancolia que lleva escrita en los ojos azúl claro, tan claro que parecen blancos. Pero a la que más me parezco es a Lilly: se puede saber perfectamente que he estado en un sitio o en una persona por el desastre que causo. Yo también soy un tornado: cuando paso por alguna parte no dejo nada ni a nadie en pie.